Jorobados y gestores exóticos
Jesús Leonardo se pasa 10 horas al día rebuscando entre la basura de una casa de apuestas de Manhattan. Su “trabajo” le reporta legalmente una media de 45.000$ al año. Su “estrategia” es muy sencilla, recoge los cientos de boletos que los demás tiran a la basura y sistemáticamente comprueba si tienen premio o no. Jesús gana cada vez que encuentra un billete ganador abandonado. Mientras la inmensa mayoría carecen de valor (o le restan el coste de oportunidad del tiempo que emplea buscando, y que podría pasar empleado en un trabajo “normal”), de vez en cuando encuentra un ticket con premio por valor de 100$ ó 50$. El proceso al que apuesta Jesús es un proceso con Esperanza Matemática positiva si es capaz de acumular suficientes “sucesos” (boletos) en su búsqueda. Un día normal de trabajo se podría resumir así: $ = (100 + 50) – (0 + 0 + 0 + 0 + 0 + 0 + 0 + 0 + 0 + 0 + 0 + ···) En el mundo de las carreras de caballos se llama “jorobado” al que dedica su tiempo y energía a chequear los cientos o miles de billetes al día desechados por otros. Representan una versión extrema de aplicación de la Esperanza Matemática. Como la de algunos gestores de fondos “extremos” y marginales que se alejan de la corriente principal. Por ejemplo, la cartera de Nassim Taleb (filósofo de profesión, especulador en sus ratos libres) está constituida en un 90% por activos sin riesgo (bonos gubernamentales de países muy solventes), más un 10% de opciones compradas muy fuera del dinero (DOTM). La parte de su cartera invertida en bonos le proporciona la tasa de rentabilidad libre de riesgo del momento, mientras que la mayoría de las opciones que compra llegan, vencimiento tras vencimiento, a expirar sin ningún valor. Los inversores del Fondo de Nassim, resignados, pierde sistemáticamente casi un 10% de rentabilidad año tras año. Hasta que, de vez en cuando, algo extraordinario ocurre (más frecuentemente de lo que pensamos/modelamos) y hacen que su cartera de opciones DOTM multiplique su valor extraordinariamente, compensando ampliamente los años perdedores y convergiendo, en el muy largo plazo, a un proceso de Esperanza Matemática positiva: $ = (+350%) – 7% – 8% – 6% – 5% – 7% – 6% – 5% – ··· Evidentemente, en estos dos casos hace falta muchísima paciencia. Algo raro en nuestra sociedad y que no suele caracterizar a los inversores en productos financieros, quienes suelen preferir estructuras “a la inversa” de rentabilidades. Esto es, prefieren procesos de inversión en los que hay una ganancia pequeña, pero bastante regular, de por ejemplo alrededor de un +10% al año. Aun sabiendo que si ocurre “lo improbable” perderán todo lo ganado y parte de lo invertido. Un proceso/estrategia típico “a la inversa” del explotado por Nassim es el modelo de negocio de los bancos en general, quienes ganan dinero de forma sostenida durante muchos años, hasta que un suceso violento los arruina, como estamos viendo en la actual crisis, ejemplificado aquí con IndyMac:
Banco quebrado Lo más extraño de estos ejemplos quizá no sean los propios personajes ejecutando sorprendentes estrategias ganadoras llevadas al extremo, sino tal vez el comportamiento, no por común menos paradójico, de los inversores en general. Inversores que siguen prefiriendo invertir en productos que sólo tienen un 1% de probabilidad de arruinarles, a otros más robustos estadísticamente pero tal vez más exigentes en su aproximación. Curiosamente, si alguien nos preguntara si queremos jugar a la ruleta rusa con un revolver con hueco para 100 balas, pero sólo cargado con una, probablemente declinaríamos la invitación: —¡Pero si es “seguro al 99%”! —Cierto, pero jugar sigue siendo una estupidez.