“…Son tantas las veces que me falta una explicación…”
Adriana S. Castro es una especuladora compulsiva. Hija de un adinerado empresario de alimentación, ha dilapidado casi toda la herencia en el trasiego, en la locura del juego intradía. Me envió ayer un correo descorazonador: “Son tan pocas las veces que encuentro tranquilidad en mi respiración, y son tantas las veces que me falta una explicación, que ni siquiera sé de donde saco la fuerza para seguir. Avanzo y de repente todo se nubla, una delgada capa de frío me obliga a detenerme y pienso; pienso qué hago aquí, esperando que todo sea perfecto, alguien viene y mientras coge mi mano me dice en voz baja que todo va a ir bien, que no me tengo que preocupar porque siempre estará conmigo. Pero todas las noches me despierto, cierro los ojos empapados en lágrimas con la intención de seguir escuchándole. Mi espalda se apoya en la cama. Solo quedamos yo y el frío que me deja el contacto del aire con la cara...”
No sabía qué contestarle y buscando en mis papeles he encontrado estas historias:
“…SON TANTAS LAS VECES QUE ME FALTA UNA EXPLICACIÓN…”