Las ONGs.
Ayer oía en Onda Cero a una representante de SOS Racismo. Entre sus reivindicaciones había una que me llamó la atención especialmente: el derecho al voto de los inmigrantes. Yo pensaba que esta señora mejor haría, para combatir el racismo, en embarcarse en una patera o en un cayuco y desembarcar en una playa de Mauritania. Una vez allí -si la cogen, la cura, le dan de comer, papeles, etc.- explicar a las personas que están esperando a dar el “salto”, lo que se ve van a encontrar durante la travesía y al llegar aquí. También debería explicarles como se combate lo que llama racismo -racismo que no es, ni más ni menos, que la negación, exclusión e incluso persecución de las personas por su pertenencia a un grupo étnico-. Y es que el racismo se combate mediante la asunción y el respeto de las normas que rigen en el lugar al que intentan llegar, entre ellas no forzando las fronteras.
También ayer oí, no sé de donde ha salido la noticia, que el gobierno piensa poner en manos de las ONGs la nueva asignatura “Educación para la Ciudadanía”. Es decir las ONGs se convierten en las nuevas monjitas que educarán a nuestros niños. Desde luego las ONGs florecen como setas, igual que lo hacían en el siglo XIX las congregaciones religiosas. Las fundadoras querían ser santas y las ONGs quieren vivir de la candidez del personal; solo así se entiende como una única doctrina, el cristianismo, origina tantas congregaciones y una sola finalidad, la ayuda a los desfavorecidos, tantas organizaciones. Cada cual quiere su parcela, unas en el cielo y las otras en el presupuesto.
Me ha animado a escribir lo anterior, la lectura de la entrevista al fundador de Médicos sin Fronteras, publicada en el Periódico de Cataluña www.elperiodico.com/default.asp?idpublicacio_PK=5&idioma=CAS&idnoticia_PK=289768&idseccio_PK=5&h=060322.
Os recomiendo su lectura.