EEUU: el "reloj del deficit" en marcha
Un hombre de negocios dotado de espíritu público puso su reloj en marcha en 1989 (gobernaba Bush padre) con la esperanza de avergonzar a los políticos de manera que pasaran a actuar con responsabilidad. La deuda nacional alcanzaba cifras gigantescas, pues el Gobierno federal gastaba bastante más de lo que recaudaba, con lo que se veía obligado a tomar prestada la diferencia. A finales de los noventa (con Clinton) ocurrió algo curioso: los ingresos del Gobierno subieron a la par que la Bolsa, y los enormes déficit se transformaron en superávit que batían marcas. En septiembre de 2000, el propietario del reloj lo detuvo. En julio de 2002 (con el actual Bush en la Casa Blanca), cuando el país se enfrentaba una vez más a un déficit monumental, volvió a ponerlo en marcha...
Así comienza el último libro de Paul Krugman (El gran engaño, Editorial Crítica), de próxima aparición. Krugman es el economista liberal que más irrita ahora a los neocons económicos. ¿Qué ha ocurrido?: la caída de las bolsas, los escándalos empresariales, la crisis energética, el retroceso en el medio ambiente, el déficit presupuestario, la recesión, el terrorismo, las alianzas problemáticas y ahora, por último, la guerra... Existe un hecho político que influye... "Y que consiste en la ascensión e incremento del predominio de un movimiento político extremista, justo aquí, en EE UU. Hablo, por supuesto, de la extrema derecha norteamericana, la cual controla hoy de hecho la Casa Blanca, el Congreso, gran parte del poder judicial y una buena parcela de los medios de comunicación".
En este ambiente se disputa otra vez la Casa Blanca. Bush parece dispuesto a cebar la bomba de la economía hasta donde sea necesario, sin preocuparse de lo que pasará a partir de enero de 2005 en la economía mundial. Se acaba de conocer la cifra preliminar del crecimiento en el cuarto trimestre de 2003 (un 4%, menos de la mitad del 8,2% del trimestre anterior), lo que da una tasa global del año del 3,1%, la mayor desde el año 2000. Para llegar a estos porcentajes, Bush y los neocons económicos han utilizado todas las herramientas, olvidando cualquier prudencia: un déficit fiscal superior al 4% (en la última semana ha elevado las previsiones desde los 477.000 millones a los 520.000) y un déficit por cuenta corriente superior al 5%, los tipos de interés más bajos en los últimos 45 años (1%), reducción de impuestos para los más ricos y espectacular crecimiento del gasto en seguridad y defensa (lo que se traduce en un keynesianismo de derechas profundamente desigual y regresivo), un dólar débil para estimular las exportaciones y medidas proteccionistas para evitar las importaciones, etcétera.
A todas esas medidas se superpone una escasa creación de empleo. Desde que Bush llegó a Washington hay más de 2,4 millones de nuevos parados. La productividad creció en base anual un 5% en 2003, el mayor incremento en 53 años. Si se desagrega este porcentaje, se desvela lo siguiente: los empresarios prefieren exigir un mayor esfuerzo a sus empleados (en horas trabajadas) antes que contratar nuevos trabajadores. Además, los costes por trabajador cayeron durante el mismo periodo un 5,8%, un nivel no observable en las últimas dos décadas. Conclusión: las empresas mejoran sus ingresos mientras los asalariados se ven obligados a mejorar su eficiencia si no quieren ser despedidos. La deuda de las familias -que siguen consumiendo de modo espectacular- supone el 90% del PIB (frente a, por ejemplo, el 67% español, otra economía muy endeudada).
El pasado mes de agosto, el ex vicepresidente Al Gore afirmó en una conferencia -apoyándose en unas palabras del premio Nobel de Economía George Akerlof-, que "éste es el peor Gobierno que EE UU ha soportado en más de 200 años de historia; su política económica no es una política normal, sino una forma de saqueo". Krugman cita unas palabras de Helen Thomas, veterana corresponsal en la Casa Blanca (Bush es "el peor presidente de toda la historia