Dividendos y pay-out



En el mercado existen muchas empresas que pagan un buen dividendo. Normalmente son compañías que diríamos de crecimiento lento, grandes empresas en sectores maduros donde no hay mucho espacio para crecer, pero que sin embargo sus ventajas competitivas les permiten generar unos enormes flujos de caja. Quien haya tenido la asignatura de dirección estratégica las reconocerá mejor por el nombre de “vacas lecheras”. Este tipo de compañías son muy dadas a malgastar el exceso de dinero invirtiendo en sectores que no tienen nada que ver con su actividad principal, lo que les llevan a generar pérdidas y a terminar malvendiendo esas nuevas divisiones. Algo que Peter Lynch califica en sus libros como “diworsification”, juego de palabras que proviene de la palabra “diversification” y “worse”, o lo que es lo mismo, una compañía que, como tiene exceso de caja y no sabe cómo invertirlo en lo que sabe hacer bien, trata de diversificar en otros negocios o sectores, pero lo único que consigue es despilfarrar el dinero, generar pérdidas y empeorar la compañía. Por ello, no siempre la mejor decisión que puede tomar una compañía es diversificar, sobre todo cuando no tiene nada que ver con la actividad principal de la empresa o lo que realmente sabe hacer bien la compañía. En ese sentido, está el ejemplo de la compañía india Hawkins Cookers Limited, de la que escribí hace unas semanas, cuya opinion sobre la diversificación es la siguiente: “the answer to diversification is, we do look at diversification opportunities, we look at new product opportunities, but we believe that unless we can give the consumer something that he will be truly delighted to have, we will not make it”. Otra opinión importante es la de Warren Buffet: “la diversificación es protección contra la ignorancia, es decir, si quieres asegurarte de que nada malo te pase relativo al mercado, entonces sé dueño de todo. No hay nada malo con eso, de hecho es una enfoque perfectamente adecuado para aquél que no sabe cómo analizar o valuar negocios”. Diversificar puede estar bien para limitar los riesgos de poner todos los huevos en la misma cesta, pero siempre que se haga con cabeza y en apuestas todas ellas ganadoras.

En este tipo de compañías es importante que sus gestores sepan generar valor para el accionista, y en muchas ocasiones la mejor forma de hacerlo es repartir ese exceso de caja recomprando acciones o bien en forma de dividendos. Existe un estilo de inversión en dividendos, por el que se construye una cartera de acciones que abonen de forma recurrente un elevado porcentaje sobre el capital invertido. Lo ideal es que estas empresas cuenten con un amplio historial de pago de dividendos y que éste haya sido creciente en el tiempo. En caso de seguir este tipo de estrategia, es importante ver si la compañía va a poder mantener ese dividendo en lo sucesivo, para lo cual es importante conocer si cuenta con las suficientes ventajas competitivas en el tiempo para que los flujos de caja de los que se va a alimentar ese dividendo van a ser sostenibles y predecibles en el tiempo.

Y si hay que tener cuidado con las empresas de crecimiento lento y ventajas competitivas, mucho más con aquellas empresas de otro tipo y que igualmente pagan elevados dividendos. ¿Qué por qué hay que tener cuidado? Porque cuando una compañía anuncia la reducción o suspensión del dividendo que venía pagando de forma habitual, su cotización sufre una caída importante, y el causante principal de verse obligadas a modificar negativamente la política de dividendo es una caída en los resultados empresariales. 

Por eso, un consejo importante que da Peter Lynch (sigo leyendo sus cartas y extrayendo puntos que me parecen vitales) es que tengamos mucho cuidado con las empresas que pagan el 100% de sus ganancias en dividendos, ya que si las ganancias disminuyen el dividendo no se va a poder mantener. Como acabamos de decir, la disminución del dividendo va a venir aparejada a una disminución del precio de cotización, mucho más si estamos hablando de una empresa famosa por su dividendo y presente en las carteras que persiguen este objetivo. Todos conocemos casos de compañías que abonan un elevado dividendo a sus accionistas a la vez que realizan ampliaciones de capital que no hacen otra cosa que diluir su participación. Otras compañías, para evitar tener que rebajar el dividendo anual por unos malos resultados, recurren a deuda bancaria, lo que supone un gran engaño a los accionistas, algo parecido a un particular que pide un microcrédito y lo considera un ingreso igual al de la nómina. Por eso es importante estudiar el cuadro de flujos de caja, para ver si el origen de ese dividendo proviene de la actividad operativa principal de la compañía, de una desinversión, de la emisión de nuevas acciones o de un aumento de la deuda bancaria. Lo ideal, sin duda, es que el dividendo se abone con cargo a resultados operativos, y de forma excepcional por desinversiones, pero en ese caso sería importante que la empresa indicara expresamente que se trata precisamente de algo excepcional, mucho mejor separando dividendo con cargo a resultados del dividendo con cargo a resultados excepcionales. 

Para evitar que una empresa reduzca drásticamente el dividendo, o bien use artimañas para seguirlo abonando sin cargo a resultados reales, Peter Lynch recomienda invertir en empresas que jamás superen el 85% de pay-out (% de resultado que se abona en forma de dividendos). De esta forma, la empresa contará con cierto margen o colchón para poder seguir abonando el mismo dividendo en caso de que el resultado anual pueda disminuir, y sin poner en peligro la compañía. 

Por supuesto que habría que estudiar el tipo de empresa, sector o ventajas competitivas, pero cualquier empresa que pague más de un 90% en forma de dividendos puede estar en zona de peligro. 

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