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Blog Way2value

"La educación de un inversor en valor" es el camino, no el resultado.

Hay multitud de libros de inversión de los que se puede extraer mucho conocimiento técnico: métodos de valoración, experiencias personales de gestores y autores, ventajas competitivas o análisis de sectores y negocios, pero hay otro tipo de libros que son toda una filosofía de vida. Mientras que los primeros se centran en describir los “outputs” de un determinado gestor o autor con los que conseguir buenos resultados, otros libros van mucho más atrás y más profundo, pues estudian los “inputs” que han marcado el camino que ha llevado a un inversor hasta reunir toda la sabiduría o conocimientos que hoy posee. Y no sólo se trata de conocimiento sobre inversión, sino que estas obras traspasan lo puramente financiero y nos muestran el camino correcto a tomar en el resto de facetas de la vida, como el libro del que voy a hablar.

Suelo revisar las secciones de economía de las librerías en las que entro. La mayoría de las veces me suelo topar con los mismos libros “clásicos”, muchos de los cuales ya he tenido la suerte de leer. Sin embargo, una tarde de principios del mes de Octubre me topé con un libro del que ya había oído hablar pero nunca antes había tenido en mis manos. Era la traducción del libro “La educación de un inversor en valor”, de Guy Spier, publicado conjuntamente por Ediciones Deusto y Value School. Vaya por delante decir que desconozco si los fondos de Cobas AM se van a recuperar después de varapalos como los de Aryzta o Dia (ojalá sea así), pero sólo por la creación de Value School ya ha merecido la pena la vuelta de Francisco G. Paramés. La presentación del libro iba a tener lugar al día siguiente en su sede en Madrid, contando para ello con el propio autor, que, para mi sorpresa, también habla castellano, entre otros tantos idiomas que domina. Decidí adelantarme a la presentación y llevarme el libro a casa. Esa misma noche lo comencé a leer.

Al día siguiente, para cuando la presentación del libro tuvo lugar, yo ya había “devorado” más de la mitad. Ni siquiera la vi, pues decidí aprovechar el tiempo para dejar sentenciado el libro. De esta forma, cuando días después visualicé la presentación en diferido por el canal de youtube de Value School, pude comprender mejor el mensaje que Guy Spier nos envia.

No voy a negarlo, en un principio el libro me desconcertó. Mi intención era aprender sobre mercados e inversión, y pensé que leer a un gestor de su renombre serviría para aprender alguno de sus trucos para seleccionar y valorar las mejores empresas, pero apenas hablaba de acciones. Sin embargo, el poso que va dejando la distancia de los días tras la lectura me ha hecho entender con claridad la importancia de su mensaje. No habla apenas de técnicas para seleccionar y valorar empresas, sino de algo mucho más importante: técnicas para seleccionar y valorar las mejores decisiones de tu propia vida. No se centra en “outputs” de tipo financiero adaptados a casos particulares, como pudieran ser las técnicas de inversión, sino en “inputs” de tipo vital, como las forma de escoger a las personas de las aprender y rodearnos, y que van a determinar a la larga los “outputs” que salgan de cada uno. La sensación que me queda tras su lectura no es sólo que me haya marcado un camino para afrontar la inversión, sino que me ha marcado un camino para afrontar la vida. Y voy a tratar de explicar el por qué.

Su historia, salvando las distancias, me recuerda a la mía: yo también me esforcé al máximo en mi época de estudiante y contaba con altas expectativas. Yo también me desilusioné con mis primeras experiencias laborales. Yo también me vi en un ambiente que, lejos de inspirarme, me hundía cada día un poco más. Yo también decidí romper con todo para empezar de nuevo lejos de tanta negatividad. Por último, yo también conseguí aprender una valiosa lección: cuando algo no funciona hay que tomar decisiones que hagan cambiar las cosas y nos hagan sentir satisfechos con lo que hacemos, pues no merece la pena vivir alienado, resignado o lamentando nuestra mala suerte o malas decisiones.

Otro pasaje del libro que me gusta especialmente es en el que relata cómo decidió abandonar la opulencia y bullicio de Nueva York para trasladarse con su familia a un entorno más tranquilo e igualitario en términos financieros como es Zúrich. En el libro, describe los sentimientos negativos que la desigualdad financiera extrema a nuestro alrededor puede despertar en nosotros, y que él sufrió en sus propias carnes. La envidia e infelicidad de contar con una situación financiera menos favorable que la de aquellos que nos rodean, o la ansiedad y avaricia por intentar igualarles rápidamente en riqueza, son sentimientos que podríamos llegar a experimentar en estos entornos, junto con la frustración de no poder conseguirlo. No le tiene por qué suceder a todo el mundo, pero al igual que con las enfermedades, siempre hay entornos donde resulta más probable que se desarrollen. Por ello, la búsqueda de un entorno más equilibrado e igualitario desde un punto de vista económico y social reduce las opciones de que esos sentimientos se desarrollen, lo que redunda en una mayor satisfacción con nosotros mismos y nuestra vida en sociedad, manteniendo una situación mental mucho más relajada y beneficiosa para nuestra salud, y que terminará redundando en mejores decisiones de inversión. Desde un punto de vista bursátil, una ciudad alejada de los centros financieros tiene sus ventajas según las palabras del autor: “También me resultaba importante que en Zúrich no estuviera rodeado de gente metida en el negocio de la inversión. Así me sería más fácil ir contra la masa sin correr el riesgo de que la forma de pensar de los demás se filtrara en mi cabeza”

Pero su mudanza a Zúrich no sólo se queda ahí, también aporta un método infalible para saber qué personas merecen nuestro tiempo y quienes no. “Zúrich, además, está lo bastante alejado de las rutas más transitadas, así que recibiría pocas visitas; los amigos y familiares que más me importan vendrían a verme, pero no tendría que dedicar demasiado tiempo a relaciones menos trascendentales en mi vida. Tal vez suene frio y poco sentimental, pero fueron cosas que tuve que plantearme para construir un entorno que encajara adecuadamente con mi idiosincrasia y mis prioridades”. No hemos de tomar cada una de sus palabras y decisiones al pie de la letra, pero es cierto que dificultar las cosas a la gente de nuestro entorno nos puede hacer ver quienes están dispuestos a esforzarse por nosotros y quienes no, de tal forma que podremos saber quiénes merece nuestro tiempo y dedicación y quién no. Para explicar lo anterior hay un dicho que me viene a la mente: “no existe la falta de tiempo, existe la falta de interés”. Alguien que nunca tiene tiempo para nosotros no es a causa de la falta de tiempo, sino a causa de su elección de prioridades.

Relacionado con aquellas personas que merece la pena conservar en nuestro entorno, considera una buena idea tratar de imitar aquellas características sobresalientes de la gente a la que admiremos, pero sin olvidarnos de quienes somos, pues cada persona debe seguir su propio camino sin forzar una identidad que no sea acorde a su forma de ser.

Ya enlazando con todo lo anterior, voy a terminar con uno de los conceptos más importantes que me llevo de este libro, y que deriva de la experiencia vital del autor y de todas las personas a las que admira, como Monish Pabrai o Warren Buffett. Se trata de una clasificación de los distintos tipos de personas en función de cómo son sus intenciones con los demás. Cualquiera es capaz de observar estos comportamientos en las personas de nuestro alrededor, pero hasta que no se le pone una etiqueta tan acertada no se es plenamente conscientes de ello. Supongo que basándose en el libro “Give and Take” de Adam Grant (Guy Spier cita muchos libros de psicología y autoayuda que ha leído a lo largo de su vida y que le han influido positivamente en él), habla de una forma de clasificar a las personas en “giver´s”, “taker´s” y “matcher´s”. Clasificación que yo nunca antes había escuchado ni era consciente de que existiera, a pesar de que ahora, al observar a las personas alrededor, me resulta evidente. De esta forma, los “taker´s” son un tipo de persona egoísta y egocéntrica que sólo piensa en sus propios intereses. Este tipo de persona va a pretender recibir de los demás sin dar nada a cambio y sin importarle las consecuencias que conlleven sus actos interesados. Creo que todo el mundo podría identificar rápidamente a una o varias personas de este tipo en su entorno, pues son aquellos que sólo se interesan por ti cuando pretenden algo que posees, y tan pronto como desaparece su interés te olvidan. Por suerte, en el lado opuesto están los “giver´s”, que son aquellos dispuestos a ayudar y a colaborar, a enseñar y a compartir conocimientos. Dan a los demás sin esperar obtener nada a cambio, tan sólo el aprecio o la amistad de quien recibe. Por último, en el medio de los anteriores están los “matcher´s”, que son quienes actúan siempre y cuando reciban algo a cambio, es decir, no ofrecen su ayuda hasta que no saben si van a obtener una recompensa por hacerlo.

Sin ninguna duda, es de los “giver´s” del tipo de persona que nos debemos rodear, y mantenernos lo más lejos posible de los “takers”. En cuanto a los “matcher´s”, creo que un entorno adecuado les puede convertir en “giver´s”, de la misma forma que un entorno inadecuado les convertirá en “taker´s”. Pero no sólo se queda ahí. Como ya he mencionado anteriormente, debemos tratar de copiar aquellas características excepcionales de las personas a las que admiremos. Ser un “giver” es algo excepcional, por ello, debemos olvidar prejuicios y malos pensamientos y tratar de convertirnos también nosotros en “givers. En mi caso, y hasta que he leído este libro, podría considerarme más cerca de ser un “matcher” que de ser un “giver”. Después de leerlo, tengo un poco más claro a qué tipo de persona me quiero parecer y de quién me debo rodear para conseguirlo. Y esta es una lección que va mucho más allá que cualquier conocimiento técnico o específico sobre inversión.

PD: Guy Spier insiste en dar las gracias a aquellas personas cuyas acciones hayan tenido una incidencia verdaderamente positiva en nuestras vidas. No voy a enviarle una tarjeta de agradecimiento como él haría, pero si quiero darle las gracias desde aquí por las importantes lecciones que he aprendido gracias a su libro.

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