La crisis vista desde Cantabria: como la fiebre de un niño

No lo digo yo: lo dice mi paisano Emilio Botín. De fiebres infantiles -seguimos abusando del argumentario médico- ya sabrá un rato porque, si no me equivoco, tiene familia numerosa. De salidas airosas también sabe, porque el Banco Santander ya ha vivido unas cuantas crisis globales y sectoriales. Y siempre reforzado.

Esta semana nos hemos cansado de oír diagnósticos, a cual más apocalíptico. El Banco de España dice que nos mintió hasta las elecciones -aunque yo creo que los españoles no somos tan crédulos y ya sabíamos que la cosa no iba bien del todo. Las Cajas hablan claramente de recesión. Y aquello de la estanflación ya no es un fantasma: rozamos el crecimiento cero trimestral acompañado de inflación aquí y en la eurozona -esto apuntala la previsión de subida de tipos el 3 de julio.

Mientras tanto Cantabria parece contar con su propio microclima económico, si exceptuamos el sustillo de la deuda, que se nos ha disparado un 14%. Por una de esas curiosidades de la oferta y la demanda, nuestro suelo se ha encarecido un 15%, cuando en el resto del país ha bajado en coherencia con el ajuste del sector -exceptuando otro gran microclima llamado Los Monegros, ejemplo de burbuja a la aragonesa que habrá que observar de cerca. Algo tendrá que ver la escasez de tierra firme -al igual que en el País Vasco y Navarra- y la política de mano dura frente a las construcciones ilegales que, por fin, parece consolidarse.

No me cabe duda de que el Banco Santander capeará bien la fiebre con alguna que otra fusión. Pero Cantabria necesitará algo más. Crucemos los dedos y esperemos que esa gran inversión rumoreada desde Solvay se resuelva a nuestro favor. Y que cunda el ejemplo en forma de empleo indirecto, mejora de expectativas a nivel local, sinergias... Estoy con el ex-presidente González respecto a lo bien que nos ha sentado la descentralización: es la única manera de conseguir microclimas económicos que nos alejen de los catarros, de las pulmonías y las fiebres contagiadas desde fuera.

Deseo que este post no se convierta con el tiempo en ironía, sino que podamos decir a finales del 2009: nosotros estuvimos ahí y resistimos. Y que Botín, de nuevo, acertó.
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