Los que accedéis a mi blog a través de la búsqueda "rumores caja cantabria" ya podéis dedicaros a cosas menos morbosas: Solbes ha anunciado que podemos estar tranquilos y, por si fuera poco, el sector de las Cajas tiene tanto pulmón financiero que no espera fusiones a corto plazo. Si no os fíais ni de Solbes ni de la CECA, entonces atended a la agencia de calificación Ficht, que ha rebajado el rating de cinco entidades por deterioro de la economía y la montañesuca no es una de ellas. Y, si después de la sangría financiera tampoco os inspiran confianza las agencias, entonces consolaos con los 20.000 euros por entidad y cliente que el Fondo de Garantía de Depósitos nos asegura. Por cierto, las autoridades competentes deberían seguir el ejemplo de Irlanda y ampliar la cantidad garantizada que, por lo visto, es la menor en Europa. Transmitiría más confianza real que un rumor de bajada de tipos.

Dicho lo cual, me centro en el apunte prometido sobre los balances bancarios. Como cualquiera que lleve una mínima contabilidad personal o empresarial, el banco cuenta con un activo (bienes y derechos de cobro) y un pasivo (fondos propios apuntalados por interesantes beneficios y, sobre todo, deudas). Si bien el balance es complejo y, además, existen operaciones fuera de balance podemos resumir su contenido de forma sencilla:
  1. El activo fijo de un banco puede estar compuesto, entre otros, por inmuebles (si es que no se han desprendido de ellos como el Santander, que prefiere vivir de alquiler) e inversiones financieras a largo plazo. Y el activo circulante incluye, básicamente, préstamos y créditos concedidos (que son los que generan el derecho a cobrar intereses, principal fuente de ingresos). Esta partida de activo debe incluir en su valor las oportunas provisiones por posibles insolvencias.
  2. El pasivo -que es la fuente con que se financia el activo- se compone del capital social del banco y demás fondos propios procedentes de los sucesivos resultados contables (habitualmente beneficios). Y, por supuesto, de deudas astronómicas contraídas, a diversos plazos de devolución, con los clientes que dejamos nuestro dinero en depósitos -mejor o peor remunerados- y con otros bancos (también con el propio BCE).
  3. Con los datos de cualquier balance, podemos medir la liquidez y la solvencia de la entidad como proporción entre el activo circulante (préstamos concedidos) y las deudas. Y podemos comprobar que un banco es capaz de mantenerse en eterno estado de falta de liquidez y de insolvencia contable, puesto que para prestar 3 se endeudan por 6 (y a las 3 se van a jugar al golf o al pádel, si me permitís manipular un conocido dicho financiero).
  4. En condiciones normales, a nadie se le ocurre ir a sacar su dinero del banco y, sin embargo, cualquier empresa con el mismo balance estaría en situación de quiebra. Esta paradoja es lo que llamamos, en economía, Confianza. Y si esta se pierde, el banco tiene que parar de prestar para dejar de pedir prestado. Así de sencillo.
Como diría uno en la tele, que nadie intente imitar en casa lo que hace el banco. Su negocio, precisamente, consiste en multiplicar el dinero, generar intereses a su favor y cobrar comisiones por los servicios prestados (o no). Al fin y al cabo, se trata de comprar dinero a un precio (tipo de interés) y venderlo más caro. Pero es necesario que nadie se pregunte nada sobre lo que ocurre entre ambas operaciones. Sólo un dramático Rescate salvaría al sistema de una pérdida masiva de fe.

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