Deberes para el nuevo gobierno (y V): la oportunidad de la crisis

Me niego a hablar de crisis en términos negativos. Comprendo que el amigo Solbes se enfade con los que hablan tan abiertamente del desastre macro y microeconómico que estamos pasando -al fin y al cabo, el pesimismo influye en las expectativas y éstas en el crecimiento. Pero creo que el resultado de las últimas elecciones podía haber sido muy distinto si el votante medio español -y hasta el votante extremo- no considerase el momento económico como una oportunidad para depurar vicios e impurezas en nuestro modelo de desarrollo. Al fin y al cabo, los españoles tendemos a ser consumistas, a derrochar recursos y a endeudarnos por encima de nuestras posibilidades. No nos viene nada bien la crisis y, sin embargo, por lo que voy escudriñando en foros reales y virtuales, la gente es consciente de que la cosa no va bien y hay que reconducirla. De nuevo fue la economía y volverá a serlo.

Se ha definido la crisis de muchas formas. En primer lugar, como crisis de confianza: los bancos no se fían unos de otros y se prestan el dinero a un precio más caro. De ahí la escalada del euribor. Por cierto, señores de El Economista, no me confundan al personal con futuras bajadas del tipo de intervención. El tipo interbancario que afecta a las hipotecas sólo se va a relajar después de un buen meneo a la política crediticia de los bancos, para limpiar su maltrecha reputación. Esperemos que los Gobiernos no hagan caso a los llamamientos para intervenir en el sistema. Curioso ataque de keynesianismo sobrevenido.

En segundo lugar, hay crisis inmobiliaria, por mucho que los señores del ladrillo pretendan que el crédito justifique cualquier precio. La burbuja era insostenible desde los puntos de vista ético, económico y demográfico. Y el ajuste va a necesitar tiempo y planes para recolocar parados en la oferta y familias en la demanda. No se preocupen por los inversores: bienvenidos a la era de la especulación a la baja.

Por último, todo lo anterior tiene mucho que ver con nuestra particular crisis energética, por la dependencia del petróleo y la falta de alternativas creíbles a la nuclear -aunque el escape de Asco no sea muy oportuno para los defensores de la causa. Se ha construido por encima de nuestra capacidad instalada, se ha iniciado una guerra por el agua que, de momento, se mantiene en la esfera política, y todavía queda un largo camino para que las fuentes renovables y el transporte sostenible roben cuota a las fuentes tradicionales y al coche propio.

Bien. El Gobierno que vamos a conocer esta semana tiene larga y dura tarea por delante. Si se hacen bien las cosas, saldrá reforzado del envite y la oposición tendrá que buscarse la vida en otros frentes. Y lo que es más importante, Solbes se podrá jubilar satisfecho por el deber cumplido.

En mi próximo post volveré a hablar del Gobierno. Y esta vez con nombres y apellidos.
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