Los mensajes del Presupuesto

En estos momentos estoy siguiendo la rueda de prensa de la Ministra Salgado, así que este post va a salir en caliente. A falta de un análisis más calmado, la subida de impuestos anunciada a golpe de titulares se concreta en un incremento del tipo del IVA general (del 16% al 18%) y del reducido (del 7% al 8%) a partir de julio de 2010; un incremento progresivo de la tributación de las rentas del ahorro que gravará los primeros 6.000 € al 19% y el resto al 21%; la retirada de esa deducción en cuota mal explicada que todo el mundo llama 400 €; y un recorte del 3,9% en el gasto público. Entiéndase que las palabras en cursiva significan dudas razonables sobre algún detalle que está sin confirmar. Los Presupuestos del 2010 se apoyarán en un cuadro macroeconómico algo más optimista de lo que dicen varias instituciones pero más realista que el último de Solbes. El déficit se quedaría en el 5,4% del PIB y la deuda pública seguiría por debajo del 60% del PIB, límite marcado en su día por Maastricht.

De entrada, me resulta excesivo utilizar la expresión reforma fiscal para identificar una batería de medidas -mejor o peor avenidas- que están desconectadas de otras figuras que afectan mucho a la recaudación de cualquier país, como el entramado laboral o la complejidad de los productos bancarios. Sin embargo, no me gusta tocar las narices sin poder aportar alternativas. Cualquier subida de tipos impositivos y cualquier recorte de gastos tiene algún aspecto criticable. Voy a dar por hecho que los asesores económicos del Gobierno han analizado bien la incidencia del retoque del IVA sobre la demanda, la producción y el empleo.

Lo más importante ahora no son los aspectos técnicos del "remozado" fiscal, sino el mensaje que reciben los agentes económicos. Se esfuerza la Ministra en provocar una reacción solidaria de las rentas altas para con las rentas bajas. Sin embargo, temo que a los receptores les está llegando el mensaje con interferencias:
  1. Paco, el pseudo-empresario de mi anterior post, está encantado de que el Estado se haga cargo de las vacaciones de mi compañero, vía prestación por desempleo. Así podrá seguir durmiendo tranquilo, disfrutando de su negocio subvencionado y beneficiario neto de la crisis.
  2. Los expertos en ingeniería financiera ya están creando empleo en sus departamentos de I+D (investigación y desarrollo de nuevos productos financieros fiscalmente neutros para las rentas altas).
  3. Los pequeños ahorradores se plantean volver al colchón y al cerdito. ¿Cree el Gobierno que el dinero que no se ahorra volverá a la circulación?
  4. Las corporaciones locales saben que el Estado no deja tirado a nadie y dan por hecho que el Presupuesto incluirá un Plan E para aplazar pagos.
  5. El resto de la cadena productiva tiembla al anticipar el punto 4.
  6. Pero no pasa nada: como estamos en crisis y los impagos son lo normal, se acabaron la planificación y las buenas prácticas empresariales. Por cierto, ¿para cuándo un "Ajuste de Cuentas" con empresas como protagonistas? ¿O es que sólo los particulares ignoran cómo gestionar su economía?

En conclusión, aprobar un Presupuesto General va más allá del ajuste matemático de unos números. Un Gobierno debería asegurarse de que la gente recibe el mensaje correctamente, porque en él se juega la eficacia de su política económica. Y por otro lado, los agentes económicos -ni siquiera los funcionarios- no debemos esperar que el Gobierno nos saque las castañas del fuego. Tiremos la toalla de una vez: las soluciones sólo vendrán de la base de la economía.

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