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Venga, va. Aceptamos barco. Como negocio de futuro para Castilla. La que seguiría necesitando el Puerto de Santander para dar salida a sus deficitarias exportaciones. Su recién estrenado presidente ha dicho que hay que dar caña al AVE con Valladolid porque el 60% de las mercancías que salen de aquí proceden de Castilla y León. Y es un buen argumento, al menos desde un punto de vista de realismo miope. Hasta podríamos aceptarlo como recurso de estrategia reivindicativa: amarremos el tren hacia el centro de la Península por si acaso la conexión con Bilbao se convierte en una excusa y nos quedemos sin velocidad alta y directa a la capital del Reino. Pues eso, los partidarios de no perder el Norte aceptamos el gol con deportividad.

Pero déjenme que les explique. El Puerto de Santander no puede competir en igualdad de condiciones con Gijón y Bilbao sólo como hinterland de Valladolid (no nos engañemos, el resto del tráfico puede salir perfectamente por Asturias y por las Vascongadas). Hacen falta inversiones y especialización. No pensemos sólo en el tráfico de salida sino en el de entrada, más allá de nuestra hermosa puerta de bienvenida a los pasajeros del Ferry. Y no olvidemos el factor tiempo: Montabliz lleva unos cuantos lustros de retraso, así que no quiero echar cuentas con el tren, si es que pasamos la criba del lobby ecologista, que nos dejaron sin energía eólica y -no lo dudemos- nos retrasarán varios tramos del susodicho apenas salga el estudio informativo de la impresora. Al fin y al cabo es su trabajo y a veces lo hacen bien.

Y seamos serios: los argumentos contra el AVE a Bilbao se caen por viejos. Todavía hay gente que no entiende que la rivalidad con nuestros malvados vecinos tiene sentido en la Liga de Traineras, pero no sigue lógica económica alguna ni es inteligente como estrategia de futuro. Sin necesidad de acomplejarnos, hay que reconocer que además de privilegios forales y capacidad de presión, los vascos se han ganado gran parte de su desarrollo a base de iniciativa propia y cultura de tirar para adelante. Cantabria no puede competir con lloriqueos a Madrid, donde siempre han preferido las kokotxas al cocido montañés. Ni debemos esperar que nuestro desarrollo venga del otro lado del Escudo.

Puestos a reivindicar, ya he dicho en otro artículo que también me apunto a los dos AVEs. Pero el tiempo es oro y necesitamos soluciones rápidas. Espabilemos.
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