Parte de crisis: (riesgo tangible de) recesión

Para los amantes de los eufemismos económicos, aquí tenéis la última expresión del Comisario Almunia para que os revolquéis en ella: Riesgo-Tangible-de Recesión. En efecto, los riesgos -sobre todo el moral, que explicaba en mi anterior entrada- son intangibles y no tienen por qué materializarse. Y lo que cuadra todavía peor es utilizarlo como paño caliente para explicar la situación macro de la UE, aunque Almunia nos la presente como previsiones de corto plazo. Alemania, Reino Unido y Francia ya contabilizan crecimientos trimestrales negativos, Irlanda ya se lamenta del pinchazo inmobiliario local, los próximos aspirantes a adoptar el euro saben -que es distinto de prever- que no van a cumplir los criterios de Maastricht en los próximos dos años. Y lo más relevante, las políticas presupuestarias nacionales, incluída la nuestra, reflejan la convicción de que la economía retrocede.

La previsión presentada por Almunia para España no es nada optimista. No nos engañemos, dos trimestres seguidos de crecimiento negativo y paro del 15% dan para muchos dramas y vamos a tardar, al menos, dos trimestres más en ver algún resultado positivo. No se emocionen los promotores si salimos del problemilla crediticio porque ahora es el turno de la economía real, y al bolsillo del desempleado no se le engaña ni con teorías de demandas embalsadas ni con expectativas cogidas con alfileres.

Por cierto, alguien debería pedirle a Almunia que se mire la diferencia entre presupuesto contractivo y contracíclico, porque significan exactamente lo contrario. Unas cuentas contractivas son las que recortan gastos, mientras que las contracíclicas lo aumentan, en época de vacas flacas, para dar un respiro a la demanda e incentivar inversiones productivas. No podemos esperar al final de la recesión y empezar de cero porque la rentabilidad requiere un plazo. En ese sentido, apoyo tanto las medidas propuestas por Zapatero -algunas no exentas de riesgo moral, pero estoy de acuerdo con Fernan2 en que no es tiempo para hacer leña de hipotecados caídos- como el inevitable déficit público, como problema menor en un contexto de tipos de interés bajos.

Otra cosa es que los agentes económicos hagan números y les salga bien la cosa. Harían bien las empresas y las familias en aprender algo sobre gestión de tesorería, no vaya a ser que con tanto aplazamiento acabemos trasladando al futuro el problema de liquidez (recordad, concepto de corto plazo) y lo convirtamos en problema de solvencia (concepto de largo plazo). Ahora la pelota está en el tejado de los beneficiarios, y hay que apelar a la responsabilidad y a las cuentas bien hechas.
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