El programa de Ciudadanos y otras urgencias (IV)

Segundo post dentro de la misma semana. Sin que sirva de precedente, ¿eh? La ocasión lo merece porque Ciudadanos acaba de presentar su segundo gran bloque de propuestas económicas, todas ellas centradas en el modelo productivo que debería darnos de comer durante los próximos diez años. Si el programa fiscal de C’s me había dejado frío en algunos aspectos, tengo que decir que este nuevo paquete de medidas me resulta mucho más ilusionante.

En esta entrada quiero profundizar un poco en estas medidas de medio y largo plazo, más allá de los mantras que estamos leyendo en la prensa sobre el imasdé y el Silicon Valley de marras. Hay que dar alguna explicación sobre el origen de estas propuestas y, para ello, vamos a salir un poco de España.

Qué es un modelo productivo.

Lo primero: definamos modelo económico o modelo productivo. En castellano entendible por todos, se trata de la manera en que una empresa o un país entero se ganan la vida. Hay empresas que compiten en costes y otras que apuestan por la calidad. Las hay que venden mucho y barato y también las que prefieren ofrecer poco pero exclusivo. Entre medias, diferentes combinaciones de ofertas y precios, como sucede con los supermercados: unos venden experiencia de compra, otros relación precio-calidad y alguno va de exclusivo por la vida. Incluso los de barrio tienen su campo de especialización, ofreciendo servicio y cercanía. Lo importante es que todos intentan resolver necesidades reales, cada uno a su manera.

Las naciones también deberían tener claro cómo dar de comer a sus ciudadanos para mantener la paz social y, cómo no, unas arcas públicas saneadas. La economía española ha vivido unas cuantas décadas del turismo, el consumo interno y, sobre todo, de las burbujas creadas en torno a la construcción y la obra civil. Hemos sido muy buenos en crear problemas nuevos y muy malos en resolver los que ya teníamos. ¿Se puede modificar este patrón en una legislatura? Japón lo hizo en poco más de tiempo por medio de la tecnología y el concepto de calidad total. Ya sé que es un ejemplo muy exótico para nosotros pero la pregunta que se hicieron fue la misma que tenemos que hacernos los españoles, individual y colectivamente: ¿qué sabemos hacer mejor que otros (y que sea útil)?

Alemania y el modelo de innovación.

¿Puede la Universidad, esa gran fábrica de parados, transformarse en motor económico? Muchas teclas hay que tocar para ello y los economistas de C’s lo saben. Lo cierto es que España cuenta con una red muy resultona de universidades públicas y un nivel muy aceptable en investigación básica. ¿Qué hay que modificar? Pues claro: el sistema de financiación y el destino de la investigación. Observando lo que hay por el norte de Europa (en particular la red Fraunhofer alemana), parece buena idea integrar y especializar a los diversos centros investigadores que andan dispersos por nuestra geografía en una red cofinanciada con fondos públicos y privados. Lo del dinero público parece fácil: voluntad política y mil millones que mordemos al AVE. Lo difícil, lo novedoso y emocionante, es atraer dinero privado y no va a salir, precisamente, de nuestra banca campeona, sino de los contratos que las Universidades firmen con empresas necesitadas de innovación y de fórmulas mal explotadas aquí como el capital riesgo.

El problema de nuestra investigación es que no encaja con lo que necesitan las empresas españolas. No, el protocolo de emancipación de la ameba transgénica o el descubrimiento del enésimo decimal del número pi no tienen mucha aceptación en la selva de la oferta y la demanda. Por otro lado, tampoco hay demasiadas empresas sedientas de innovación o con músculo financiero para meterse en contratos de investigación con la Universidad. Así que hay que tocar dos teclas más: el perfil emprendedor de los investigadores y el número y tamaño de las empresas con ganas de innovar. Y me permito una pequeña impertinencia: si las cosas no cambian en aquel submundo endogámico y funcionario, la innovación tendrá que venir de fuera.

¿Silicon Valley? No, Israel.

Si alguien sabe algo de cómo funciona Israel en materia de emprendimiento tecnológico, ese es Javier Megías, consultor de estrategia, asesor de startups y aportador de pasta en negocios de diverso pelaje. Si os quedáis con ganas de saber más, os recomiendo leer esto y aquello. Por supuesto, no voy a defender que España necesita volver al servicio militar obligatorio pero sí creo en las posibilidades de nuestro país para conciliar el ocio y el negocio (y no me refiero a abrir más bares). A fin de cuentas, los emprendedores y, sobre todo, su materia gris necesitan un ecosistema adecuado para convertir sus ideas en empresas y no todo es culpa del crédito y de la burocracia.

Alguien me dirá que en España, cuando nos aburrimos, nos vamos a la playa o de pinchos. No desahogamos nuestra falta de motivación soñando la última aplicación para móvil. Aún así, hay gente muy loca cerca de nosotros y habrá que apoyarla de alguna forma. Habrá que ofrecer espacio (incubadoras), asesoramiento, segundas y enésimas oportunidades, eliminar trabas… Sólo me permito enmendar un par de cosas al programa de Ciudadanos. 1.- Hay que poner el sistema educativo patas arriba si queremos que en la Universidad, su último escalón, salgan empresas y no desempleados. 2.- Parafraseando (y simplificando) a Javier Megías, menos plan de negocio y más puerta fría. Para llegar a un buen Excel, primero hay que hablar con muchos clientes potenciales y contrastar qué están dispuestos a hacer a cambio de tu solución.

Importando talento de las Antípodas.

Espera, espera… Que no, que nuestros mejores ingenieros, informáticos o médicos ya se han largado de España y no van a ayudarnos a cambiar nuestro modelo productivo. Pues entonces lo tenemos crudo. Por ello, hacen bien los chicos de Ciudadanos en mirar la estrategia de atracción de talento que mantienen en el Pacífico. Ahora sí encaja el ejemplo de Silicon Valley. Porque a pesar de lo proteccionistas que son los americanos para algunas cosas, se ve que California no es para los californianos cuando se trata de apoyar el emprendimiento y la innovación.

Creo que mucho tiene que cambiar España para que vengan de fuera a emprender (y emplear) aquí. Nuestro ecosistema atrae a jubilados del primer mundo y a desesperados del tercero. Británicos y alemanes se dejan dinero donde ya no nos interesa (hostelería y ladrillo). Y los que vienen por necesidad tienen la manía de comer a diario y mirar por su salud (no tengo por qué aplaudir todo lo que propone Ciudadanos). Lo que sí es cierto es que si los españoles no podemos aportar nada a ese nuevo modelo productivo, tendrán que venir de fuera a ayudarnos. Eso o dejar de quejarnos de que sólo hay trabajo para camareros y teleoperadores. Y cuando se habla de talento no se trata de dinero, sino de ideas, experiencia, actitudes, habilidades y, sobre todo, idiomas. Posiblemente el dinero sea el menor de nuestros problemas.

 

Concluyo. Sin duda, este segundo documento de propuestas de Ciudadanos está muy currado y fundamentado. Es mucho más que Convertir a España en el nuevo Silicon Valley, como simplifican los titulares. Es una apuesta difícil y por ello, concreta costes y disyuntivas. Y desde luego, no tiene nada que ver, en el fondo y en la forma, con los panfletos electorales que acostumbran a dejar otros en nuestros buzones.

 

Que siga el debate, s2.

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