Listas de espera en Sanidad: un problema crónico que exige más y mejor gestión
La sanidad pública no se mide solo por sus recursos, sino por su capacidad de responder a tiempo. Cuando las listas de espera se cronifican, el sistema deja de ser únicamente ineficiente: se vuelve injusto para quienes dependen de él.
Las listas de espera siguen siendo una de las grietas más hondas de la sanidad pública: retrasan diagnósticos, prolongan el sufrimiento de los pacientes y erosionan la confianza en el sistema. El problema no es nuevo, pero tampoco inevitable. Afrontarlo exige menos eslóganes y más gestión, con el paciente en el centro y con una planificación que no dependa del calendario electoral. Hacen falta más recursos y más profesionales, sin duda, pero también una gestión más rigurosa, capaz de ordenar prioridades, medir resultados y aprovechar mejor cada consulta, cada quirófano y cada hora de trabajo disponible.
La salida pasa, en primer lugar, por reorganizar con inteligencia los circuitos asistenciales y aprovechar mejor los recursos ya disponibles. La consulta de acto único, allí donde sea viable, permitiría concentrar diagnóstico y orientación terapéutica en una sola visita, evitando desplazamientos, duplicidades y esperas innecesarias. A ello habría que sumar una mejor organización quirúrgica, con más actividad por la tarde, un impulso decidido a la cirugía mayor ambulatoria y el refuerzo de los centros de especialidades.
También es imprescindible una digitalización útil, no retórica: sistemas de información integrados, menos burocracia y un uso práctico de la inteligencia artificial para aliviar tareas administrativas. Al mismo tiempo, reforzar la atención primaria sigue siendo una condición básica. Dar más capacidad resolutiva a enfermería, facilitar la solicitud de pruebas básicas y agilizar las derivaciones ayudarían a descongestionar las consultas y a acortar tiempos desde el primer escalón asistencial.
Junto a ello, convendría blindar plazos máximos de garantía y reforzar el derecho del paciente a ser derivado a otro centro, público o concertado, cuando se superen límites razonables. La telemedicina, bien aplicada en revisiones y seguimientos, puede aliviar la presión sobre los centros sanitarios. Pero nada de eso bastará sin una cultura de evaluación constante: escuchar a pacientes y profesionales, analizar reclamaciones y medir resultados para corregir fallos antes de que acaben convertidos en rutina. En esa línea, el sistema sanitario debería facilitar al paciente, tras cada acto médico o de forma periódica, una encuesta para evaluar la atención recibida, enviada automáticamente a su correo electrónico.
Las cifras dibujan con claridad la magnitud del problema. En España, el Sistema Nacional de Salud cerró diciembre de 2025 con 853.509 pacientes en lista de espera quirúrgica y una demora media de 121 días; además, la espera para una primera consulta con el especialista alcanzó una media de 102 días. En Aragón, los últimos datos oficiales disponibles en 2025 situaban la demora quirúrgica media en torno a 131 días, por encima de la media nacional. A ese atasco hay que sumar la presión creciente sobre las pruebas diagnósticas, cuya demora se ha convertido también en un cuello de botella decisivo para acelerar o frenar un diagnóstico y, con él, el inicio del tratamiento. Son cifras que no admiten maquillaje: detrás de cada estadística hay tiempo perdido, enfermedad aplazada y una creciente sensación de desamparo que ninguna administración debería permitirse normalizar.
Luis Ferruz Agudo
Escritor, economista y naturalista