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Premios Nobel – XXV: James McGill Buchanan

 

Premios Nobel – XXV: James McGill Buchanan

              En el  año de 1986 el Premio Nobel de Economía es para el  economista estadounidense James M. Buchanan (3 de octubre de 1919, Tennessee; 9 de enero de 2013, Virginia) por sus aportaciones y contribuciones originales al desarrollo de la denominada “Public Choice” o Teoría de la  Elección Pública. Buchanan amplia y profundiza en la aplicación de métodos y modelos de Teoría Económica,  aplicados con anterioridad a consumidores, productores y mercados,  al sector público, al Estado, concretamente a políticos, a la Política, a la burocracia y a los electores.  De manera que su contribución a la comprensión conceptual y práctica de la Economía y Hacienda Pública es un hito de la mayor relevancia en Ciencias Económicas y Empresariales.  Otros dos Premios Nobel anteriores complementan y preparan de alguna manera también el enfoque de Buchanan, como son Arrow y su Teoría de la Elección Social y Stigler con su Teoría de la Reglamentación. Es un enfoque ecléctico e interdisplicinar en donde se trata de relacionar e integrar la Economía con la Política a través del Estado desde una perspectiva basada en Democracia y comportamientos democráticos.         
          La sólida formación en Economía de Buchanan en Tennessee, Estados Unidos le permitió iniciar su carrera académica en dicha Universidad ampliando su formación y de alguna manera sesgando para siempre su enfoque durante un año en Italia profundizando en Finanzas Públicas y Teoría Política, a lo que contribuyeron también las ideas del economista sueco Knut Wicksell, gran precursor del Análisis Económico y la Teoría Económica en el Sector Público.              Desde un marco normativo y de racionalidad Buchanan nos pone en alerta sobre las Finanzas Públicas. Uno de los mensajes fundamentales de este gran economista es que el Gobierno no es muchas veces lo que debería ser en el sentido de eficiencia y representación de la suma de voluntades ciudadanas a las que representa, un mecanismo político-económico que debe buscar en todo momento resolver satisfactoriamente las imperfecciones de todo tipo de mercados, sino que en ocasiones el Gobierno no tiene una función de utilidad buscando el bien público coincidente con sus representados, sino su propia función de utilidad en base a intereses personales por lo que en ocasiones esos propios intereses personales del Gobierno se reflejan en el ordenamiento jurídico, en la fiscalidad y en la regulación en general. Por lo tanto, al igual que el enfoque de Jensen y Meckling a nivel de empresas,  salvando las distancias y los equívocos, no hay que caer en la idea de que el Estado es superior a los ciudadanos a los que representa, sino que hay que vigilarlo y monitorizarlo para que cumpla su misión de conseguir el bienestar colectivo y un óptimo de Pareto, representando pues la función de utilidad del conjunto de la ciudadanía y el bien común.                  

       Luis Ferruz /Escritor y economista / 
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