10 recomendaciones

En el mundo de los mercados financieros, existen miles y miles de personas de muchos tipos repartidos por el mundo, cada uno con su estilo propio de inversión intentando sobrevivir pastando en la sabana bursátil: dividendos, Price action, Momentum, value investing. Hoy nos vamos a centrar en explicar el comportamiento del EGOrero común español, de la meseta. Una especie muy interesante que arroja datos para un estudio más en profundidad.

¿Quién es el EGOrero español?

La edad media del EGOrero suele rondar entre los 30 y 50 años. Por lo general, suelen abundar más los machos pese a que también se han visto hembras. Éste, no es más que una persona que pese a llevar pastando varios años en los mercados financieros, aún no se ha enfrentado a su mayor enemigo: Él mismo y su Ego. Ese ego que no es más que el exceso de confianza o sobrevaloración de uno mismo y de sus capacidades.

El EGOrero común en España es carnívoro. Vaga sin rumbo fijo ni plan de trading hacia sus presas y se alimenta de acciones consideradas las eternas promesas de diarios sensacionalistas. Esas en las que hace décadas se alimentaban sus compañeros de especie y que él ha acabado imitando por impulso animal.

Esas que hoy en día ya no funcionan: Sector bancario, todos conocemos las eternas Bankia, BBVA, no pueden faltar Telefónicas comunes, cada vez más abundantes y consumidas como presa fácil y barata. No faltan entre los juncos y en las orillas del río los chicharros. Las empresas prodigio que son similares a los peces globo, se hinchan y deshinchan con una velocidad pasmosa. Deoleos, Abengoa y un largo etcétera.

Otras como las Popular fueron míticas, pero acabaron en peligro de extinción y finalmente desapareciendo. Hoy en día, están consideradas seres casi mitológicos, y es que esto es la selección natural de Darwin, donde los mejores sobreviven y los peores desaparecen y ha hecho mucho daño…

Cómo se comporta el EGOrero español

El EGOrero suele andar en manada. A veces, en el mundo laboral donde se idolatran los unos a los otros por sus grandes inversiones bursátiles y conocimientos del negocio. Otros lo hacen en familia, con el cuñado y el primo de Tolosa (que todo lo sabe).

Su principal rasgo distintivo es que no son capaces de comprender que, en el mundo bursátil, tener operaciones con pérdidas es de lo más habitual. Que un jugador de póker no necesita ganar todas las manos para acabar siendo un gran jugador. Que decir que has perdido, es la dosis de realidad que necesitas para, de vez en cuando, volver a poner los pies en la tierra y calmar tu codicia.

Un EGOrero mutará a otra raza o especie cuando se de cuenta de que no se trata de ganar siempre, sino de tener esperanza matemática positiva en el largo plazo.

Sin embargo, su ego no le permite realizar este sencillo proceso, asumir que no siempre se gana. Ese individuo, que creía haber encontrado la pócima de inmortalidad en los mercados, que soñaba con vivir en unos años en un loft cerca de la quinta avenida en un rascacielos de Manhattan. Tantos años estudiando las teorías bursátiles para acabar sucumbiendo ante el peor de los enemigos en el mercado: Uno mismo.

Cuando se comunica con otras especies siempre justifica sus fiascos y meteduras de pata con la palabra mágica: “No he perdido porque no he vendido”. Esto es tan ridículo como decir que Rafa Nadal no es mejor jugador que yo de tenis porque a mí no me ha ganado aún en un partido.

Te voy a recomendar algo si eres un EGOrero común. No te hagas trampas. No te faltes a la verdad a ti mismo. No te autoengañes con falsos tambores de cobro de dividendos. Si llevas con una acción en pérdidas fuertes durante varios años y al final acabas vendiendo ligeramente por encima o a la par, no has perdido dinero, pero has perdido algo más valioso. Tu tiempo.

El coste de oportunidad de haber estado devorando otras presas más fuertes en ese tiempo, esas Apple o Ferraris que necesitas correr más y saber más para cazarlas pero que nunca te han interesado porque siempre hay alguna Telefónica común barata a la que hincarle el diente.

Busca formarte, relacionarte con otras especies que hagan que te cuestiones tus principios. Ponlos en tela de juicio, sé duro con lo que creías hasta ahora infalible. Sé duro contigo mismo, espabila. Practica la autoexigencia y busca la excelencia haya por donde sea el mercado financiero que pastes.

Un último consejo. No sigas a la masa del rebaño. La masa nunca puede ser un elemento vencedor del mercado. Busca tomar tus propias decisiones, tu propio camino. Recuerda que, en el mercado, como en el mundo animal, se lucha contra los depredadores más duros del planeta de tú a tú. Sin filtros. Una lucha por la supervivencia.

 

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