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La recuperación del precio petróleo ha llevado al mes de octubre a presentar por primera vez desde junio de 2014 una variación interanual positiva (en dólares y en euros). En este sentido, si no se produce un cambio inesperado en la dinámica reciente, el efecto base del componente de energía del Índice de Precios de Consumo (IPC) de la zona euro (y en general de los países desarrollados) presionará al alza la tasa de inflación durante los próximos meses y durante gran parte del próximo año. ¿Pero qué queremos decir cuando hacemos referencia el efecto base del componente de energía?

El IPC mide la evolución de los precios de los bienes y servicios que consumen las familias. Estos bienes y servicios se dividen en grupos de gasto, los cuales tienen asignada una ponderación dentro del cálculo del IPC que a su vez estará en función de los hábitos de consumo. Uno de estos grupos es el componente de “productos energéticos” (pesa aproximadamente un 10% en el IPC de la zona euro), el cual a su vez puede desglosarse en dos grandes grupos: carburantes y electricidad.

El efecto base del componente de energía hace referencia a la relación que existe entre la variación interanual del precio del petróleo, y el componente de energía del IPC (en concreto con el subcomponente de carburantes, que es el de mayor peso dentro de energía), la cual podemos ver en el gráfico siguiente.

 

 

Esto implica que cuanto más alta es la variación interanual del precio del petróleo (variación del precio de un mes respecto al mismo mes del año anterior), mayor será la variación interanual del componente de productos energéticos y por tanto su contribución a la tasa de inflación (por ejemplo, supongamos que la variación interanual de la energía es del 10%, pues si tenemos en cuenta que su peso en el IPC es del 10%, aportará 1 punto porcentual a la inflación). Y lo mismo sucederá al contrario.  En definitiva, el efecto base se origina cuando el precio del petróleo registra bruscos movimientos en el corto plazo y existen amplias diferencias en el precio de un mismo mes durante dos años consecutivos. 

En la tabla siguiente se puede observar la evolución del precio del barril de Brent en euros, su variación interanual y la del componente de productos energéticos del IPC de la zona euro. Se puede ver cómo a partir del mes de octubre de 2016 la variación interanual del petróleo es positiva. Adicionalmente, si asumimos estabilidad en el precio del petróleo en torno a los niveles actuales a partir del mes de diciembre (en la tabla 50 euros por barril), la variación interanual del petróleo se situaría entre el 40% y 80% durante el primer cuatrimestre de 2017, lo que podría ser compatible con tasas de inflación entre el 1,5% y 2% en la zona euro.

Ahora bien, llegados a este punto la pregunta que debemos hacernos es ¿esta tendencia al alza en inflación podría tener implicaciones en la política monetaria del BCE? Nosotros pensamos que NO.

 

Cuando estamos ante una situación como ésta resulta más relevante que nunca monitorizar y analizar la evolución del IPC subyacente. Este componente surge de eliminar del índice general la influencia de los precios relativos a la energía y alimentos no elaborados. Se eliminan debido a su volatilidad y porque son elementos que fluctúan debido a factores exógenos, es decir, que no se deben a desequilibrios entre la demanda y la oferta, y sobre los que no puede influir la política económica de un país. Por tanto, la inflación subyacente es un buen termómetro del componente estructural o doméstico de los precios, convirtiéndose por ello en un indicador al que las autoridades monetarias prestan una especial atención.

En el gráfico siguiente se puede ver la evolución de la inflación subyacente de la zona euro. Tras un primer trimestre de 2016 en el que llegó a tocar el 1%, a partir de entonces ha vuelto a desacelerar hasta situarse en octubre en el 0,7% interanual, muy lejos de estar en niveles preocupantes para el BCE. Y es que, con un consumo privado que crece de forma moderada, una tasa de paro estabilizada en el 10%, unos salarios que mejoran poco a poco, y con un proceso de desapalancamiento de las familias que continúa su curso, no podemos esperar presiones en el núcleo estructural de los precios. Por tanto, si tenemos en cuenta lo anterior, y añadimos la incertidumbre del entorno internacional y política en la zona euro, no esperamos cambios en el sesgo actual de la política monetaria en la zona euro. 

 

 

 

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