Hay empresas que cotizan en bolsa. Hay empresas que operan en las sombras. Palantir Technologies hace las dos cosas al mismo tiempo, y nadie sabe exactamente dónde termina una y empieza la otra.
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Hay empresas que cotizan en bolsa. Hay empresas que operan en las sombras. Palantir Technologies hace las dos cosas al mismo tiempo, y nadie sabe exactamente dónde termina una y empieza la otra.
UN NOMBRE QUE NO ES CASUALIDAD
En la mitología literaria de Tolkien, un palantír es una piedra vidente: un objeto que permite ver cualquier lugar del mundo, en tiempo real, a quienes saben usarlo. También puede mostrar imágenes distorsionadas, incompletas. Verdades a medias que parecen absolutas.
Peter Thiel eligió ese nombre con toda la intención del mundo. El cofundador de PayPal, inversor en Facebook y figura clave del entorno conservador tecnológico de Silicon Valley creó Palantir en 2003, apenas dos años después del 11-S, con una misión declarada: evitar otro ataque terrorista mediante el análisis de datos masivos.
La CIA, a través de su brazo de capital riesgo In-Q-Tel, fue uno de los primeros inversores institucionales en Palantir. Un detalle que la empresa raramente menciona en sus presentaciones corporativas.
Lo que comenzó como un proyecto de inteligencia gubernamental se convirtió, silenciosamente, en una de las compañías de software más poderosas —y menos comprendidas— del planeta.
EL TAMAÑO DE LO INVISIBLE
La empresa tiene dos productos principales: Gotham, diseñado para agencias gubernamentales y militares, y Foundry, orientado al sector privado. Pero la distinción es, en muchos sentidos, cosmética. Los datos fluyen. Los contratos se conectan. Y Palantir está en el centro.
Con una valoración de mercado que ha rozado los 180.000 millones de dólares en 2025, apenas 3.800 empleados, más de 2.000 millones en contratos acumulados con el gobierno estadounidense y presencia activa en más de 50 países —muchos sin divulgar públicamente—, Palantir es extraordinariamente grande para ser tan poco conocida.
LO QUE SABE QUE TÚ NO SABES
El software de Palantir no recopila datos. Eso, insisten, es trabajo de otros. Lo que hace es integrar: toma torrentes de información de fuentes dispares —registros de llamadas, historiales bancarios, bases de datos de inmigración, registros médicos, actividad en redes sociales, imágenes de satélite— y los convierte en patrones legibles.
Es la diferencia entre tener un océano de datos y saber exactamente dónde buscar el pez.
2006 — NSA. Palantir comienza a colaborar con la Agencia de Seguridad Nacional en programas de vigilancia clasificados. Los detalles exactos permanecen bajo llave.
2011 — HBGary. Un leak revela que Palantir participó en conversaciones para desarrollar herramientas de manipulación de opinión pública y perfilado de periodistas y activistas. La empresa se disculpa. Los emails, sin embargo, son reales.
2014 — ICE. Palantir firma contratos con el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas. Sus herramientas ayudan a rastrear, identificar y localizar inmigrantes en territorio estadounidense.
2018 — Cambridge Analytica. Investigaciones periodísticas señalan conexiones entre el personal de Palantir y Cambridge Analytica durante la campaña de 2016. Palantir niega cualquier relación corporativa oficial.
2023-25 — AIP y la IA militar. Palantir lanza su plataforma de inteligencia artificial y firma contratos con el Ejército, la Marina y el Departamento de Defensa para integrar IA en decisiones operativas de combate.
"Construimos el motor. No decidimos adónde va el coche." — Alex Karp, CEO de Palantir
THIEL, TRUMP Y LA NUEVA ARQUITECTURA DEL PODER
Palantir no existe en el vacío. Es la pieza central de un ecosistema ideológico y financiero que conecta a Peter Thiel con figuras como J.D. Vance —cuya campaña fue financiada por Thiel—, con el movimiento tecnolibertario conocido como Dark Enlightenment y, más recientemente, con el círculo de influencia de la administración Trump.
Alex Karp, el CEO, se autodefine como de izquierdas. Estudió filosofía continental en Frankfurt. Frecuenta Davos. Y sin embargo dirige una empresa cuyo mayor cliente es el aparato de seguridad nacional más poderoso de la historia.
Palantir no necesita estar en el gobierno para controlar flujos de información gubernamentales. Basta con que el gobierno no pueda operar sin ella. Ese es exactamente el modelo de negocio.
En 2025, con el regreso de Trump a la Casa Blanca y la figura de Elon Musk operando el DOGE —Departamento de Eficiencia Gubernamental—, los contratos de Palantir con agencias federales han vuelto a acelerarse. El círculo se cierra con una geometría que algunos llaman sinergia y otros llaman captura del Estado.
¿HERRAMIENTA O PODER EN SÍ MISMO?
Palantir diría que es neutral. Que es software. Que los gobiernos democráticos que lo usan son legítimos y que la tecnología no tiene ideología.
Pero la neutralidad técnica es, en sí misma, una posición política. Decidir a quién venderle —y a quién no— es una decisión de poder. Palantir ha rechazado contratos con China. Ha aceptado contratos con Arabia Saudí. Ha colaborado con Israel. Ha operado en Ucrania.
Lo que hace única a Palantir no es lo que sabe. Es que sabe que otros no saben que ella lo sabe. La asimetría de información es el producto real.
En un mundo donde los datos son el nuevo petróleo, Palantir no es la refinería. Es el oleoducto. Y los oleoductos no tienen opiniones. Solo tienen dueños.
La pregunta no es si Palantir es buena o mala. La pregunta es quién controla el ojo que todo lo ve, y a qué precio.
Hasta ahora, la respuesta está clasificada.
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