De otro lado, parte de la mercancía CIT ha sido retirada de la circulación por existir sospechas sobre su idoneidad. En efecto, el apartado quinto del Informe realizado por la Inspección (págs. 27 y 28) pone de manifiesto que, a partir de 1994, AFINSA comienza a negociar los contratos CIT, como modalidad de contrato cuyo objeto eran lotes de sellos de alto valor unitario, raros, antiguos y muy valiosos, de los que, a fin de facilitar su gestión, era preciso utilizar un número limitado de variedades. De ese modo, los sellos reunirían dos cualidades en apariencia antitéticas: valor unitario elevado y homogeneidad. Pese a que los sellos CIT no debían abundar en el mercado, AFINSA vendió más de un millón de ellos. Las variedades de sellos correspondientes a ejemplares valiosos son relativamente bajas, de unos doscientos o trescientos, pero de ellas AFINSA ha vendido miles de ejemplares iguales.
La situación se agrava por el hecho de que existe un número de sellos posiblemente falsos o manipulados, suministrados por Guijarro Lázaro a AFINSA. Obra en las diligencias el análisis de la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre en relación con un sello de Chipre nº 104 del Catálogo Y&T, en el que se concluye que se aprecian diferencias significativas entre los sellos aportados por la Inspección y la muestra. Deberá, por tanto, establecerse si AFINSA se habría aquietado ante esta posible falsedad de los sellos, toda vez que no consta se haya reclamado por los defectos de la mercancía. Este dato, unido a que no se justifica una parte muy significativa de las adquisiciones y que no se conoce con certeza el destino último de los pagos a los proveedores, cuyos importes se retiran en efectivo, puede considerarse indiciario de la existencia de un delito de blanqueo de capitales.
A 31 de diciembre de 2004, el número de inversores de AFINSA era de 142.697 y los compromisos asumidos con los clientes ascendían a 1.750.000.000 €, lo que da idea de la magnitud del mecanismo defraudatorio puesto en marcha que, en definitiva, no es sino un negocio de tipo piramidal, carente de lógica económica y abocado al fracaso, toda vez que los contratos constituyen verdaderos préstamos y la contabilización de los compromisos de devolución o pactos de recompra llevaría a considerar a AFINSA claramente en situación de quiebra, pues los sellos en absoluto alcanzan el valor de tales compromisos. Sin perjuicio de ello, todo apunta a que se ha diseñado una trama defraudatoria destinada a la búsqueda de inversores, a quienes se asegura una alta rentabilidad mediante la adquisición de un fondo filatélico, con sellos sobrevalorados, cuando no falsos, que persigue, no rentabilizar en términos técnicamente plausibles el dinero recibido de los inversores, sino la creación de un negocio carente objetivamente de aptitud para producir rentabilidad, sobre la doble ficción del valor de los sellos y de que los intereses abonados tenían esa naturaleza, cuando en realidad procedían de otras aportaciones.