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Blog Orfeo Capital
La evolución de un family office

Sobre las criptomonedas y su influencia en nuestro entorno

Hace unos días veíamos con Facebook anunciaba una nueva moneda virtual. Pensaba que después de la estupidez del loco de Maduro con el Petro nadie más en su sano juicio acuñaría una nueva moneda virtual más. Pero obviamente estaba equivocado.

Creo que en este tema el desconocimiento es tan profundo que ni la mayoría de los defensores ni de detractores saben explicar porque se posicionan en un bando o en otro.

La tecnología blockchain basada en el principio del “consenso desagregado” aporta algo hasta ahora no conseguido con ninguna moneda, su infalsificabilidad. Siempre habrá alguien que diga, hasta que alguien encuentre el cómo, pero parece ser que es bastante predecible que hasta que eso ocurra, si es que ocurre, nuestros bisnietos ya habrán muerto.  

Para quien no lo sepa el “consenso desagregado” lo que hace es que la validez de la moneda que utilicemos para pagar en cada momento, no la valide solo a quien se lo entreguemos, sino una red inmensa de ordenadores, que además lo hacen de una manera indubitada, cosa que nunca ocurrirá con el papel moneda actual.

El verdadero problema de las actuales monedas virtuales reside en que su inestabilidad. Un solo ejemplo, el Bitcoin paso en solo 13 meses de valer 13.800$ a valor solo 3.501, es decir perdió un 75%, y ¿por qué?, pues nadie tiene una respuesta medianamente convincente.

La inestabilidad impide uno de los principios básicos de cualquier economía, el ahorro. Nadie quiere tener en su poder una moneda cuyo valor fluctúa respecto a las otras de la manera en que ahora ocurre. El motivo último de esta inestabilidad hay que encontrarlo en que el emisor o es desconocido o no es suficientemente solvente.

El dinero, al fin y a la postre, no es más que un activo intermedio de intercambio fácilmente divisible. Es decir, es el activo que utilizamos para adquirir y vender otros activos, físicos o virtuales.

Pero para que este activo sea reconocido como tal debe de cumplir una serie de premisas.

La primera ser emitido por un organismo de reconocido prestigio y solvencia. La segunda debe aportar suficiente garantía jurídica, es decir, debe ser reconocido por los estamentos estatales de manera que acepten resolver controversias sobre él. Y la tercera, pero no menos importante, debe tener garantía de último recurso, es decir, si fuera necesario el emisor o propietario del dinero deberá poder emitir moneda nueva para sustituir o cubrir a la actual.

Pues bien, las monedas virtuales actuales no tienen ninguna de las tres características anteriores, cosa que afecta sobremanera a su estabilidad y por lo tanto a su consideración como activo intermedio de intercambio, o lo que es lo mismo como dinero.

Los defensores de las actuales monedas virtuales las defienden basándose en que no están reguladas por los organismos, pero es que esa regulación lo que confiere seguridad jurídica. Salimos a la calle y cruzamos la calle porque hay un semáforo y curiosamente los coches se paran en él, pero si no lo hacen, llega la policía y puede ser que un juez meta en la cárcel al infractor. La sociedad son normas y sin ellas no es que esto fuera la selva y es que sería peor. Al fin y al cabo, ahí hay normas. Si te duermes cerca del tigre te come con seguridad.

Pero a los detractores les diría ¿por qué no aprovechar esta tecnología tan maravillosa? Efectivamente, los bancos centrales terminaran emitiendo monedas virtuales antes o después. Las monedas virtuales basadas en la tecnología blockchain emitidas por organismos solventes como los bancos centrales van a aportar al sistema monetario internacional unos mecanismos de seguridad nunca antes vistos.

Para empezar las haciendas publicas van a poder saber con exactitud no sólo el dinero en mano de cada uno, sino su procedencia exacta, con lo cual se va a reducir drástica el intercambio ilícito de dinero.

En definitiva la tecnología Blockchain va a aportar al sistema justo lo contrario por lo que se han hecho famosas.

Autor: Miguel Ángel Temprano, CEO de Orfeo Capital



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