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España: glorioso pasado, futuro incierto

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España: glorioso pasado, futuro incierto
España: glorioso pasado, futuro incierto
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España: glorioso pasado, futuro incierto

No hace falta ser historiador para saber que la Historia de España es una de las más gloriosas del mundo, pero… ¿Sirve el pasado para predecir el futuro?

En le industria y el comercio, uno de los principales problemas que se les presenta a las empresas, es como se desenvolverán en el futuro, y las que no los sepan prever están condenadas a desaparecer, sólo las que, han sabido ver el futuro gracias a directores expertos en Marketing y Economía, prevalecen, crecen y se desarrollan en el futuro. Y porque no repiten los errores del pasado,. Por consiguientem el pasado si les sirve como aviso de lo que no se debe hacer,

Pero el gobierno de una nación no es una empresa comercial ni en democracia ni en dictadura, Un país en democracia, salvo excepciones, suele ser una especie de “Torre de Babel” (por no decir una merienda de negros) en donde las ideas no surgen de las necesidades de los mercados, sino de los conceptos sociales de los gobiernos de turno elegidos por un pueblo que en su mayoría no vota con la cabeza; son votos “testiculares u ováricos”, por consiguiente sólo satisfacen y sirven para que la clase política con representación en las instituciones del Estado solucionen sus vidas en dos legislaturas.

El futuro de España es incierto, ¿por qué? La respuesta es muy fácil: porque no existe en millones de españoles el sentimiento de nación. Ya lo dijo el más inepto de todos los mandatarios de la Historia de España, un tal José Luis Rodriguez Zapatero:

“ El concepto de nación es discutido y discutible”.

Y cuando dijo aquella parida de:

“El mejor destino es el supervisor de nubes acostado en una hamaca”

Dejó muy claro la clase de patán que regía los destinos de esta nación gloriosa.

¿Y ahora quien gobierna España? ¿Hacia dónde nos dirigen esta caterva de analfabetos funcionales?

¿Saben hacia dónde?  A LA MIERDA. Si no surge un verdadero español que los mande a ellos allí. No ellos a los españoles.

#2

Re: España: glorioso pasado, futuro incierto

 

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Mensaje de Catafora o Felix en privado

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#4

Re: España: glorioso pasado, futuro incierto

El Caney: la heroica gesta de un puñado de españoles frente a miles de yanquis

Durante la Guerra de Cuba poco más de 520 encorajinados soldados, bajo el mando del general Vara de Rey, pusieron en jaque a más 6.000 estadounidenses

Rodrigo Alonso Rodrigo Alonso
@RodAlonsooSeguir

 

«El  valor de los españoles superó todo lo imaginable. Las granadas hacían explosión en las calles, los blocaos saltaban por los aires, esquirlas de plomo barrían las trincheras, penetraban en cada rendija, en cada esquina, en cada aspillera, pero los soldados de  aquel incomparable héroe, el general Vara de Rey, serenos y decididos, no dejaban de emerger de las trincheras para lanzar descarga tras descarga contra los atacantes».

Estas fueron las palabras del coronel estadounidense Sargent -recogidas en el  Nº21 de  Desperta Ferro Contemporánea: « Cuba 1898»- a propósito de la  encomiable defensa del fuerte «El Viso» y de la posición estratégica de El Caney. Heroica labor llevada a cabo por un puñado de  encorajinados e incólumes soldados españoles frente a un enemigo que los superaba más de diez veces en número.

Las muchas horas de combate en las que los poco más de 500 soldados de Vara de Rey se mostraron persistentes en su defensa trocaron la inevitable derrota en  gesta imborrable. Este es el relato de un episodio que forma ya parte de la gloriosa historia española y cubana.

 

Cuba: objetivo yanqui

 

Parece ser que, como señalan no pocos autores, el interés que despertaba Cuba, la perla del Caribe, en  Washington D.C se remonta hasta principios del siglo XIX. Ya desde tiempos del presidente Thomas Jefferson el recién nacido país habría realizado infructuosos  intentos de comprar la isla. Transacción a la que siempre se dio la negativa por respuesta desde la Península.

Sin embargo, los intentos de lograr la dominación de la codiciada insula no quedaron ni mucho menos aquí. En el año 1823 -como señalan Miguel del Rey y Carlos Canales en «  Breve historia de la Guerra del 98»- el embajador estadounidense en Madrid le trasladó al ministro de Exteriores español, Evaristo Fernández de San Miguel, una nota en la que se aludía a la « anexión de Cuba como indispensable».

Fue con la firma del tratado de Ostende de 1850 (realizado por tres embajadores norteamericanos en Europa) que el interés del país por dominar este territorio caribeño se hizo explícito. En este informe -como relata Luis Navarro en «  Las Guerras de España en Cuba»- «se declaraba que  la anexión era necesaria para la seguridad de los Estados Unidos, por lo que se debía obligar a España a vendérsela por ciento veinte millones de dólares. De no aceptar España esta fórmula,  la isla podría serle arrebatada a cualquier precio».

El valor de los españoles superó todo lo imaginableCoronel Sargent

Definitivamente, a partir de 1895 -momento en que Estados Unidos había logrado situarse como  potencia económica e industrial- el país norteamericano decidió lanzarse a  ocupar aquellos territorios que tenía más a mano, entre los que destacaban las islas ubicadas en el Caribe y el Pacífico (como  Cuba, Puerto Rico y Filipinas). Motivación que llevó a la (teórica) nación amiga de España a invertir gran cantidad de recursos en la construcción de un ejército (especialmente una armada) acorde a la empresa.

El gobierno español, lejos de plantar cara a la injerencia anglosajona, se limitaba a tratar de satisfacer las demandas yanquis con el fin de apaciguarles. Sin embargo, el embajador estadounidense en Madrid -cuyas palabras aparecen recogidas en la obra Rey y Canales- no parecía estar satisfecho con los esfuerzos realizados desde la capital por normalizar la situación: « Un solo poder y una sola bandera pueden imponer la paz en Cuba. Ese poder es Estados Unidos y esa bandera nuestra bandera».

Washington contaba además a su favor, en lo que a la toma de la codiciada ínsula se refiere, con la falta de un sentimiento de nacionalismo «per se» tan difícil de lograr en una sociedad multirracial como la caribeña. Parece ser -según relata Navarro- que en Cuba existía «una  fuerte tendencia al mantenimiento de la unión con España, o a la anexión a los Estados Unidos».

Con todo esto, el  hundimiento (probablemente intencionado)del acorazado « USS Maine» el 15 de febrero de 1898 en el puerto de La Habana acabó por provocar la entrada en la guerra de los yanquis (25 de febrero). Contienda que de hecho ya se estaba librando entre españoles y cubanos independentistas desde 1895. Como explican Del Rey y Canales, desde entonces Estados Unidos siempre ha justificado sus intervenciones militares internacionales en base a una provocación. De este modo, como afirma Luis Navarro en su obra, entre el 8 y el 9 de junio, se produjo en la bahía de Guantánamo el primer desembarco de soldados yanquis en la isla.

Restos del «USS Maine»

Restos del «USS Maine» - ABC

Parece ser que -como señalan Del Rey y Canales- a los oficiales yanquis les preocupaba la imagen que estaban dejando las tropas estadounidenses en los inicios de la contienda. El  sonoro ridículo que implicó para los norteamericanos la batalla librada el 24 de junio en  Las Guásimas (sonrojante episodio en el que los españoles infligieron un elevado número de bajas a unas tropas mejor equipadas y superiores en número), ejemplificaba la  «inexperiencia y falta de preparación» del contingente anglosajón.

Gracias a la retirada de los españoles de la zona de Sevilla -una vez acabaron con todos los yanquis que pudieron- el  general estadounidense Shafter (al mando del V Cuerpo de Ejército), se encontraba ya a poco más de diez kilometros del importante enclave de Santiago. Ante el previsible ataque norteamericano, el  teniente general Arsenio Linares -gobernador de la ciudad- se dispuso a preparar la defensa del importante enclave, para lo cual -como expresa Puell de la Villa en «  El desastre de Cuba, 1898: Las Guásimas, El Caney, Las Lomas de San Juan»- procedió a  reforzar las posicionescercanas relativamente fortificadas.

Con ese objetivo, la  defensa de El Caney (posición ubicada a escasos seis kilómetros de Santiago) fue puesta bajo el mando del general ibicenco  Joaquín Vara de Rey por el mismo Linares. La misión del oficial y de sus poco más de quinientos efectivos (391 miembros del Regimiento de infantería de la Constitución, 41 del de Cuba y 95 voluntarios) era la de frenar en la medida de lo posible el avance estadounidense dirigido hacia la ciudad cubana. Shafter por su parte destinó la mayoría de las fuerzas, pertenecientes al V Cuerpo del ejército, al principal foco de resistencia ubicado en las Lomas de San Juan.

La posición escogida por Vara de Rey para dirigir la defensa del enclave fue el  fortín «El Viso», una construcción facturada durante la Guerra Grande (1868-1878) y ubicada sobre un montículo. Además, las tropas españolas también contaban con  seis blocaos (construcciones defensivas de madera) distribuidos en torno a El Caney: Norte, Río, Asia, Matadero, Izquierdo y Cementerio. Con el fin de dificultar aun más el avance yanqui también cavaron líneas de  trincheras, desplegaron  alambradas de espino y abrieron  aspilleras en las casas y la iglesia.

Soldados españoles durante la Guerra de Cuba (1895-1898)

Soldados españoles durante la Guerra de Cuba (1895-1898) - Museo ABC

Como explica Matt Casado en «  La Guerra Hispano-Estadounidense de 1898», Shafter se desplazó a una posición cercana a El Pozo, desde donde tenía una buena perspectiva de las tropas enemigas. El ataque sobre El Caney, según lo entendía el general yanqui, era  meramente secundario. La principal motivación del mismo era evitar que los hombres de Vara de Rey tratasen de entorpecer el avance estadounidense sobre Lomas de San Juan, posición hacia donde los soldados norteamericanos debían dirigirse una vez que hubiesen acabado con la resistencia española. Para llevar a cabo la misión, se escogió al  oficial Henry W. Lawton, el cual contó desde el momento de su salida de El Pozo (30 de junio) con un  contingente superior a los 5.000 efectivos.

Encontrándose ya cerca del Caney, el ejército se dividió en  tres brigadas. Como señala Puell de la Villa, la 1ª (dirigida por Ludlow) se ubicó al sur del enclave español, la 2ª (general Miles) en la retaguardia de la anterior y la 3ª (comandada por Chaffe) en el nordeste. El tiempo que Lawton consideraba necesario para acabar con la resistencia era de dos horas escasas.

500 contra 6.000

La batalla tuvo su inicio en torno a las  6 de la mañana del 1 de julio. Las tropas yanquis comenzaron empleando su  artillería con el fin de ablandar la posición lo máximo posible. Sin embargo, como explican Del Rey y Canales en su obra, el ataque estadounidense -concentrado en los blocaos- no tuvo prácticamente ningún efecto en las defensas, ya que por lo normal los proyectiles se quedaban largos o cortos de su objetivo.

Tras el  fracaso de este primer intento de acabar con el pequeño contingente por la vía rápida las unidades de infantería tomaron la iniciativa. Fue en este punto en el que los hombres de Vara de Rey dejaron claro que no pensaban dar un paso atrás. Desde El Caney los soldados españoles comenzaron a realizar descargas una y otra vez sobre los desventurados estadounidenses.  Por más hombres que Lawton enviara el resultado era siempre el mismo: una carnicería. La cadencia de disparos desde las posiciones hispanas era tan breve que, según explica Puell de Villa, el general norteamericano llegó a pensar que solo en «El Viso» debía haber más de 500 efectivos. Del Rey y Canales señalan que después de cinco horas de batalla (más del doble de lo previsto) los atacantes a penas habían logrado hacer mella en el poblado.

Sin embargo, con la llegada de la brigada independiente de Bates (enviada por un general Shafter que ya estaba harto de esperar) la heroica defensa española estaba a punto de llegar a su fin, aunque de hecho aguantó aun bastante tiempo. Todo esto a pesar de que, una vez arrivaron los refuerzos -como señala Puell de la Villa en la revista  Nº 21 de Desperta Ferro- los  escasos 520 hombres de Vara de Rey hacían frente a 6.453 yanquis y 200 independentistas cubanos. Una desproporción numérica considerable.

Y esta lucha de El Caney ¿No aparecerá siempre ante todo el mundo como uno de los ejemplos más hermosos de valor humano y de abnegación militar?Capitán Wester

Vara de Rey acabó muriendo  víctima de un disparo en la cabezacuando era transportado en camilla fuera de El Caney. El general ibicenco había sido herido en las piernas tras la destrucción del fortín desde el que dirigía la defensa. Mientras era conducido fuera del poblado, varios estadounidenses abrieron fuego al avistar la comitiva destinada a trasladar al maltrecho militar. Como explica Puell de Villa, la  desmoralización ante la pérdida del oficial al mando cundió entre los españoles. Fue este el momento en el que se inició la desbandada hacia Santiago.

Imposición de medallas a los héroes de El Caney y Lomas de San Juan

Imposición de medallas a los héroes de El Caney y Lomas de San Juan - ABC

Imborrable gesta

La batalla de El Caney no pasó desapercibida ni en España ni en el extranjero. El agregado militar sueco en Washington dedicó unas bellas palabras a esta labor llevada a cabo por un puñado de soldados españoles:

«¡Después de esto, ni una palabra más se escuchaba en el campo americano sobre la cuestión de la inferioridad de la raza española!»

«Y esta lucha de El Caney ¿No aparecerá siempre ante todo el mundo como uno de los ejemplos más hermosos de valor humano y de abnegación militar?»

Por su parte, en la Península, la revista Blanco y Negro en su número del 9 de julio de 1898 se hacía eco de la titánica labor de estos estoicos soldados y su general, de los que dijo que resistieron «como si fueran no hombres sujetos a las debilidades de la carne, sino estatuas de bronce a las que animara un hálito divino».

#5

Re: España: glorioso pasado, futuro incierto

Los 300 españoles del Castillo del León: la brutal gesta de un tercio aniquilado en su fortaleza de Francia

Durante un mes, 300 soldados de los Tercios españoles resistieron, en la Bretaña francesa, el asedio de 6.000 protestantes. Solo salieron con vida 15 hombres, a pesar de que en la fortaleza le acompañaban sus familiares

César Cervera César Cervera
@C_Cervera_MSeguir

 

Envuelto ya en mil frentes,  Felipe IItomó también partido en la guerra civil de Francia a finales del siglo XVI. El monarca hispánico pasó de ayudar económicamente a la Liga Católica, que trataba de evitar el acceso al trono del calvinista  Enrique de Borbón, a hacerlo también con tropas. Con el fin de justificar sus injerencias, Felipe II llegó a esgrimir que su hija  Isabel Clara Eugenia, «la niña de sus ojos», tenía derechos sobre la Corona francesa como nieta de Enrique II, mientras entraba en contactos con el gobernador de Bretaña para usar este territorio como base de operaciones contra los franceses protestantes.

El gobernador de Bretaña quería emplear a los españoles para independizar este territorio del resto de Francia, aunque por el momento se contentaba con compartir objetivos con las tropas de Felipe II, que serían encabezadas por  Don Juan del Águila, un veterano oficial de los Tercios. Tras una infinidad de retrasos y una durísima travesía, el abulense logró desembarcar en Saint Nazaire a principios de octubre de 1590 al frente de 2.100 (500 de ellos enfermos). Mientras se disparaban las deserciones con cada día que pasaba, Del Águila tuvo que lidiar con  el gobernador de Bretaña, que, al no hallar un oficial sumiso, lo tachó de un arrogante «de carácter difícil» y torpedeó su misión.

Retrato de Juan del Águila, realizado por Otto van Veen

Retrato de Juan del Águila, realizado por Otto van Veen

La trabajosa conquista de  la Villa de Hennebont, en la que los soldados franceses apenas colaboraron, convenció al abulense de que lo único que se podía sacar de aquella expedición era, además de una pulmonía, una base para « meter el fuego en casa» del inglés. Los asuntos franceses resultaban demasiado laberínticos para un grupo de españoles harapientos sin buenas armas. Lo más sensato era pasar de puntillas para centrarse en la verdadera oportunidad.

 

Isabel de Inglaterra también estaba implicada en la causa de  Enrique de Navarra, a la postre Enrique IV, por lo que lanzar ataques españoles desde Francia se englobaba dentro del mismo conflicto. Mientras seguía combatiendo en el interior de Bretaña contra mercenarios alemanes e italianos al servicio Enrique de Navarra, Juan del Águila tuvo que hacer frente el 12 de mayo de 1591 a la amenaza de 2.500 ingleses desplegados en la costa, al mando de  John Norris, el mismo general que había conducido a los británicos en  la Contraarmada de 1589.

El maestre de campo concentró sus esfuerzos en crear un fuerte en Blavet, desde donde dominaba una de las entradas al Canal de la Mancha. Los españoles contribuyeron desde esta base a las conquistas católicas del  castillo de Blain, el puerto de Brest,  Morlaix y  Saint Malo. Aquel mítico fuerte recibiría el nombre de Castillo Del Águila y fue el hogar para miles de españoles.

La gesta olvidada del Castillo del León

Durante dos años, los españoles se concentran junto al fuerte de Blavet, todavía hoy en pie gracias a las sucesivas remodelaciones francesas. Hasta que  Felipe II mandó refuerzos y fondos en la primavera de 1591, los soldados españoles tuvieron que sobrevivir a  las epidemias, al hambre, al frío y a las deserciones con ropas harapientas y barcos mal adaptados a aquellas aguas hostiles. Para evitar que su unidad pereciera, el maestre de campo abulense escribió «suplicando a su majestad que envíe aquí otra persona que sea más valiente que yo y a quien asista con más cuidado que a mí para que se encargue de esto y a mí me dé licencia para irme».

Del Águila recibió las felicitaciones del Rey pero, en lo tocante a sus reiteradas peticiones para volver a casa, le fueron denegadas de nuevo

En mayo de 1592 el abulense y 2.500 católicos acudieron a levantar un asedio de las tropas de Enrique de Navarra sobre  Craon, en la frontera de las provincias de  Maine, Bretaña y de Anjou. Los ingleses nutrían cada vez en mayor número las tropas protestantes y Del Águila temía que la caída de Craon fuera el principio del fin de la presencia española en Bretaña. Así, dando gala de la visión táctica que le habían dado los años, el abulense logró en un rápido movimiento trasladar la impresión a los protestantes de que un enorme ejército de socorro se abalanza sobre sus líneas.

Valiéndose de los mismos puentes construidos por los protestantes, Del Águila siguió al enemigo y fue ganándoles terreno poco a poco a base de escaramuzas y trincheras.  Los hugonotes cedieron sin mucha resistencia, huyendo en una desbandada en la que alemanes, franceses e ingleses se pisotearon entre sí para escapar. La persecución duró hasta el final del día y fue pródiga en crueldad. Los españoles se ensañaron especialmente con los ingleses, a los que les recordaron a gritos, y a puñaladas, la falta de humanidad que ellos tuvieron con los náufragos de  la Armada Invencible en Irlanda.

La victoria de los españoles en Craon, a la que le siguieron nuevos éxitos en los meses posteriores, reforzó la posición de los españoles en Bretaña. Del Águila recibió las felicitaciones del Rey pero, en lo tocante a sus reiteradas peticiones para volver a casa, le fueron denegadas de nuevo. El paso de los meses generó una profunda huella en el abulense, cansado, harto y hambriento, lo que no redujo su actividad.

Emulando el éxito del fuerte en Blavet, el maestre de campo ordenó construir otro en  Roscanvel, el conocido como  Castillo del León, sobre una roca acantilada de 70 metros de altura rodeada casi por completo por el agua y una posición inexpugnable. Aquí los aliados galos vieron demasiados peligros en aquella red de fuertes que estaban levantando los españoles en su propio territorio y, cuando un ejército de 6.000 protestantes se dirigió hacia allí, no movieron un dedo para salvar a los 300 españoles que protegían el Castillo del León.

El Fuerte del Águila en su estado actual, muy modificado durante el siglo XVII

El Fuerte del Águila en su estado actual, muy modificado durante el siglo XVII

Durante casi un mes de bombardeo por tierra y mar, los españoles resistieron amparados en que el único asalto posible era una estrecha explanada por la que se accedía a la península donde estaba el castillo español. No solo resistieron asalto tras asalto durante otras dos semanas, incluso realizaron varias salidas nocturnas desde sus baluartes. No obstante, cuando la pólvora y el plomo empezaron a escasear  los soldados franceses e ingleses impusieron su enorme superioridad numérica.

De entro los muertos

El 16 de noviembre de 1594 (casi un mes después de iniciar el asedio), los protestantes mataron al bravo capitán de la guarnición en uno de los tres asaltos de ese día. La explosión de una mina dejó al día siguiente a los últimos españoles completamente expuestos y, después de dos horas más de agonizante defensa, masacrados.  Del Águila y un ejército de rescate organizado a toda prisa tuvo que dar la vuelta al conocer las malas noticias: solo habían sobrevivido 15 hombres. En un gesto de cortesía, el comandante enemigo,  el viejo mariscal D’Aumont, envió al territorio católico a los supervivientes de aquella matanza que afectó también a los niños y mujeres que acompañaban a los españoles en el fuerte. Según el relato novelado, Del Águila interrogó a estos soldados harapientos y demacrados:

–¿De dónde venís, miserables?

–De entre los muertos –contestó uno de ellos–

–Con ellos debisteis quedar –replicó–, que esa orden teníais.

Mientras las pretensiones de la hija de Felipe II sobre el trono se apagaban y los aliados franceses cada vez resultaban más hostiles, únicamente persistió ya la posibilidad de aprovechar la ocasión para trasladar la guerra a la costa inglesa. En 1595, tres compañías a cargo de Juan del Águila perpetraron un ataque relámpago en  la zona de Cornualles. Tras saquear varios pueblos y desmantelar dos fuertes, el maestre de campo ordenó regresar a sus hombres. En este viaje de vuelta, dos barcos holandeses fueron hundidos. Don Juan había constatado que una pequeña fuerza española, si conseguía desembarcar, podía causar grandes desperfectos frente al obsoleto ejército inglés. Y el abulense estaba por la labor de demostrárselo al mundo, aunque dentro de poco fuera a quedarse  sin su preciada base de operaciones en Bretaña.

Después de meses de cautiverio, el experimentado maestre de campo regresó a España para defenderse de las acusaciones de desobediencia al Rey y corrupción lanzadas durante su misión en Bretaña

Su mala relación con los nobles franceses y con los almirantes españoles en la zona, primero con  Pedro de Zubiaur y luego con  Diego Brochero, convirtieron a Del Águila en el objeto de varias conjuras contra su autoridad que, si no terminaron con él asesinado, fue por la lealtad de la mayoría de soldados a su cargo. El 4 de junio de 1597, un grupo de soldados amotinados encarceló al abulense en su propio  castillo de Blavet.

Después de meses de cautiverio, el experimentado maestre de campo regresó a España para defenderse de las acusaciones de desobediencia al Rey y corrupción lanzadas durante  su misión en Bretaña. A tal extremo llegó la campaña de desprestigio que hubo incluso quien le bautizó entre los franceses como Don Juan de la Gallina y propagó el bulo de que había sido tímido en los combates. Todo eso dio ya igual, porque a la salida de Del Águila le siguió la de todos los españoles de Francia. En 1593,  Enrique IV, reconvertido en católico, ganó la disputa por el trono, de modo que el Imperio español pasó de combatir en una guerra civil para hacerlo en una contra Francia. La presencia española en Bretaña ya no tenía el menor sentido

#6

Re: España: glorioso pasado, futuro incierto

Como me pagan que haya avisado que no se pueden dejar los datos por ahí, tan gratuitamente.

Quien quiera enlaces, se los mando por privado.

Un saludo

#7

Re: España: glorioso pasado, futuro incierto

Hombre Madoz, me parece muy buera tu idea.

¿Me podrías mandar tus datos personales y tus señas de identidad en privado?

Gracias de antemano.

#8

Re: España: glorioso pasado, futuro incierto

¿sabes lo que es un "hater", un "troll"? 

 

#9

Re: España: glorioso pasado, futuro incierto

Algunos ya sabemos quién es Félix, pero gracias por el ofrecimiento.

El silencio es hermoso cuando no es impuesto.

#10

Re: España: glorioso pasado, futuro incierto

Ya todo el mundo sabe quien es usted y que ha mentido sobre que no es Felix.

Deje de hacer el ridiculo con más amenazas (5 años de prisión) y coacciones y reconozca humildemente que se ha equivocado y ha puesto toda su vida expuesta, sin que nadie le pidiera o robara nada, simplemente porque no es tan importante, pero usted ha vendido su vida gratis.

No solo ha arriesgado y lo hace con su vida, sino también vende gratis, gente a su alrededor, que puede pagar su torpeza y no tiene culpa de que usted sea tan negligente.

Si quisiera hacerle algo malo, nunca habria publicado lo que esta de libre acceso en la red porque usted es demasiado orgulloso y prepotente para reconocer que se ha equivocado y ahora no puede pedir por tanta información suya, que a tantos ha cedido VOLUNTARIAMENTE sus datos ( a mi no) y ahora lo puedan borrar ahora.

Un consejo: No dispare contra el mensajero que le avise de que tiene que tener más cuidado con sus datos personales, porque YO no se los he pedido en ningún momento, ni lo haré ya que su vida me parece patetica y no me gusta la prensa del corazón o la prensa rosa y amarilla.

No busque peligros, donde el unico peligro es usted.

Un saludo

#11

Re: España: glorioso pasado, futuro incierto

A llorar a los Paúies… Madoz

Su mensaje fuera de contexto... Sin comentarios.

#12

Re: España: glorioso pasado, futuro incierto

Algunos ya sabemos quién es Félix, pero gracias por el ofrecimiento....

¿Para bien o para mal? ¿Qui lo sa?

Famosillo es ese tal Félix. Según una estadística hay más de 60.000 en España. Adivina quien es. Pero por lo que deduzco,... debe ser un menda de mucho cuidado...

#14

Re: España: glorioso pasado, futuro incierto

Gracias Solfan. Tenía ganas de conocer a ese tan Félix que tan caro les sale a algunos,

Entrañable Yo pensé que podría ser Félix Rodriguez de la Fuente.

#15

Re: España: glorioso pasado, futuro incierto

animo y sigue aportando porque somos muchos los que aprendemos de ti

saludos