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Regular el Capital Bancario o no Regular, Esa es la Cuestión...
Sí, la idea de regular el capital bancario parece inteligente. El endeudamiento aumenta el riesgo en cualquier empresa: sin deudas no hay quiebra. Un fuerte endeudamiento también alienta a los propietarios y gerentes a la bancarrota porque los acreedores son los que cargan con lo peor del riesgo. Por lo tanto, los acreedores prudentes tratan de limitar el nivel de crédito de una empresa y los otros riesgos que puede tomar. Sin embargo, los acreedores no tienen un incentivo para imponer límites estrictos a los bancos. Dado que los retiros bancarios pueden provocar un malestar general, los gobiernos garantizan explícitamente los depósitos asegurados e implícitamente garantizan todas las otras deudas de los megabancos. Sin embargo, los gobiernos que garantizan pasivos bancarios, también tienen que exigir que los banqueros actúen con más prudencia de la que tendrían si estuvieran por cuenta propia. Con todo, enfocarse principalmente en el monto de crédito que los bancos pueden obtener e ignorar otras imprudencias más serias es una mala apuesta de regulación. La regulación bancaria al igual que la oferta de créditos, antes se basaba en un criterio independiente y descentralizado. Los reguladores dependían principalmente de un análisis de cada préstamo en lugar de ver los coeficientes capital-activos. Un análisis típico de un banco incluía un escrutinio de cada crédito comercial y una proporción grande de los créditos de los consumidores. La suficiencia de capital era una cuestión de criterio: los analistas determinarían la cantidad de reservas que un banco debía tener tomando en cuenta sus riesgos específicos. Entonces los reguladores pasaron a los decretos y exigieron a los bancos mantener una reserva de capital específica, lo suficientemente grande para cubrir pérdidas potenciales. Este enfoque supone que los activos bancarios y riesgos se pueden medir con precisión. De hecho, los estados financieros de los megabancos son trabajos de ficción impenetrables llenos de ilusiones. Requisitos de capital más inteligentes –mejores reglas de Basilea- no son la respuesta. Es esencial una uniformidad descendente en la especificación de pesos y medidas y en la emisión de moneda. En contraste, los créditos y la regulación bancarios tienen que incorporar el conocimiento local porque en una economía dinámica no reglamentada, cada prestatario, crédito y banco es diferente (aunque algunas pautas generales pueden ayudar). El enfoque descendente aparentemente objetivo ignora la naturaleza idiosincrática del riesgo y asume que los créditos hipotecarios son iguales. No podemos seguir dándonos el lujo de confiar en análisis anticuados de los megabancos repletos con riesgos de producción en masa. Además, como los accionistas o especuladores no pueden imponer una racionalización, los gobiernos tienen que exigir a estos bancos abandonar las actividades que nadie puede regular o controlar, y concentrarse en los créditos caso por caso. Lo que está en juego son ganancias y bonos enormes por lo que los megabancos no dejarán por propia voluntad el modelo de negocio; sin embargo, a menos que eso ocurra, sería descabellado apegarnos por completo a las reglas descendentes.Os recomiendo la lectura completa del artículo. http://www.project-syndicate.org/commentary/bhide3/Spanish Amar Bhidé es profesor de la Fletcher School de Derecho y Diplomacia de la Universidad de Tufts, y autor de Call for Judgment.
Se habla mucho de depositar confianza, pero nadie dice qué interés te pagan