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La fábula de las gallinas, o de los pollos.

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La fábula de las gallinas, o de los pollos.
La fábula de las gallinas, o de los pollos.
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La fábula de las gallinas, o de los pollos.

Había una vez un patio de vecinos del que disfrutaban todos en buena armonía. Tenía el suelo de hormigón, ya algo deteriorado, pero en él podían jugar sus niños, montar algunas reuniones, fiestas,… En fin, disfrutaban mucho de él y era el mayor activo de la comunidad. Le daba calidad de vida.
También tenían en un rincón del patio un gallinero que el paso del tiempo igualmente había deteriorado. Dentro tenían algunas gallinas, un gallo y ricos pollos de corral. Los alimentaban con maíz y recogían los huevos. De vez en cuando hasta hacían alguna merienda con unos pollos seguida de baile en el patio. Hacían aún más deliciosas las noches de verano.
Un buen día las gallinas encontraron un hueco en el viejo gallinero por el que salieron al patio. Su naturaleza les impulsaba a buscar más comida y empezaron a escarbar con sus fuertes patas y a picotear los jugosos gusanos que encontraban en los desperfectos del hormigón. Al verlas los vecinos se dieron cuenta que podían dejarlas comer gusanos con lo que se ahorraban algo de maíz e incluso mejoraría el sabor de los huevos. Hubo incluso alguno que les ayudó a levantar parte del hormigón para que encontraran más gusanos y más gordos.
Con el paso de los días las el patio se fue estropeando más y más hasta que llegó un momento en el que se encontró prácticamente inutilizado: había mucho barro y estaba todo lleno de basura que algunos arrojaban para que picoteasen. Se terminaron las fiestas, el olor se hacía insoportable y todo el mundo empezó a odiar a las gallinas.
Las principales voces del patio pidieron eliminar las gallinas para remediar el problema. La idea fue calando en el resto de la comunidad hasta que el clamor popular obligó a convocar una asamblea para tomar una decisión draconiana: eliminar el gallinero para resolver el problema del patio.
“Es una vergüenza como llenan todo de excrementos” decía uno, “Son las culpables de todo” apuntaba el de al lado, “Con sus garras y picos lo destrozan todo”, “Mis hijos temen al gallo”, “Total para los huevos que ponen…”, etc.
Una tímida voz apuntó en mitad del alboroto: ¿Y si reparamos el gallinero? Las gallinas y los pollos volverán a estar donde deben y seguirán poniendo huevos. Además, podemos aprovechar para reparar el suelo del patio, que ya estaba en malas condiciones, y seguiríamos disfrutando como antes del patio y las fiestas.
“Pues no parece que sea mala solución”, pensaron todos. Finalmente decidieron que lo mejor sería hacer lo que la tímida voz apuntaba: reparar los desperfectos, encargarse de que el mantenimiento del patio y el gallinero fuesen constantes en el futuro, mejorando incluso la explotación de las gallinas con las últimas técnicas avícolas, y una vez cada cosa en su sitio seguir disfrutando de la comunidad.