Re: Mercado...tomas de...
Ami tb me ha costado encontrarlo voy a descansar que he pillado un calentón indigno de mi. S2
Ami tb me ha costado encontrarlo voy a descansar que he pillado un calentón indigno de mi. S2
en el otro hilo te he dejado algunas referencias sobre tomas...en el uno de los autores explica que no encontraremos una respuesta unica ni que haya siquiera que buscarlas...es del analisis de su obra de donde se sacan las pinceladas para entender que esos cuadros macros son solo eso...pues no evaluan la diferencia del valor de una moneda en barcelona con respecto a sevilla...o de esta con respecto a la aldea de san nicolas del puerto...por cierto otro ilustre no estudiado...llamado cerro del hierro...claro esta que cuando las minas estaban abiertas...tambien tomas nos enseña el camino de porque la masa monetaria alli generada no sirvio para atarla a la productividad de esas tierras ni en las mejoras de los trabajadores de alli...los dueños de la mina migraron por cierto...un abrazo...
Quien tiene dinero tiene en su bolsillo a quienes no lo tienen
un sorbo de agua a ser posible templada...y ya esta...un abrazo...
Quien tiene dinero tiene en su bolsillo a quienes no lo tienen
Bueno,,,esto quedo de aquella opinión...un abrazo...
a». Estamos, pues, ante una obra representativa del ideario de su autor y de la España del XVI, donde tiene cabida lo nuevo y lo tradicional, las reminiscencias medieva- les y los aires renacentistas, la atmósfera clerical y la corriente humanista.
La trascendencia de la Suma de Tratos y Contra- tos radica en que es la obra que atesora la descrip- ción más completa y fiel de la vida económica de una época clave de nuestra historia, y recoge las re- flexiones de un fraile sevillano sobre el mundo eco- nómico del siglo XVI: la Suma de Tratos y Contratos es uno de los mejores cuadros económicos y sociales del dieciséis español. A través de las descripciones y de las consideraciones de Tomás de Mercado obser- vamos que en dicha centuria no sólo se produjeron profundos cambios y reformas en los terrenos filo- sófico, científico, religioso y político, sino también en el campo económico.
En verdad la obra de Mercado desborda cualquier síntesis. Nada mejor y más gratificante que aventu- rarse en su lectura. A través de ella nos encontramos en pleno siglo XVI: en la Sevilla del Siglo de Oro, pero también del oro y de la plata. Asistimos a la transformación urbanística, social y económica de una ciudad; recorremos las calles comerciales, en las que mercaderes venidos de todo el mundo compran y venden productos de mil formas contractuales distintas, con un irrefrenable afán de enriqueci- miento y con el punto de mira económico puesto en las Américas; comprobamos que Sevilla no es sólo centro del comercio mundial, sino también plaza financiera, pues en ella bullen los cambistas y los banqueros al reclamo del auge comercial y de la llegada de metales preciosos; nos trasladamos al puerto, punto neurálgico de la España imperial, en él atracan y zarpan barcos cargados de cuantiosas y valiosas mercancías, pero también por él corre un torrente de noticias (naufragios, motines, navíos en camino, etc.); conocemos Sevilla, sí, pero también Flandes, Florencia y las ferias de Medina del Cam- po, Villalón o Ríoseco; se nos muestra al detalle el modus operandi de los mercaderes (cómo hacer para comprar barato y vender caro), de los cambis- tas (cómo enmascarar una operación en divisas para que no sea catalogada como usurera), y de los ban- queros (cómo justificar el cobro de un interés por la concesión de un préstamo); y, por último, en medio de todo este bullicio comercial y financiero aparece la figura de un dominico que pretende reconducir
moralmente la conducta humana en un entorno do- minado por un ansia desmedida de enriquecimien- to: puede que su misión fuera vana, pero a cambio nos legó una obra esencial para el conocimiento de nuestro pasado.
La cosmovisión económica de Mercado se bifurca en dos caminos que corren paralelos: la descripción de la realidad económica (plano aplicado) y la enun- ciación de lo que hoy denominaríamos teorías eco- nómicas (plano teórico). En el primer caso, la infor- mación obtenida gracias a sus agudas y penetrantes dotes de observador del escenario comercial y finan- ciero hispanoamericano, a su condición de confesor de mercaderes tanto en Sevilla como en México, y a los vínculos que tenía con el Consulado de Merca- deres de la ciudad hispalense; le permite abordar de forma detallada dos temas cruciales en los años cen- trales del XVI: el comercio y los cambios. En el caso de las contribuciones teóricas, sin ánimo alguno de erigir a Mercado en precursor de análisis económi- cos modernos, encontramos perfiladas con distinto grado de concreción tres relevantes teorías: valor, precio y monetaria.
Ahora bien, el reconocimiento del valor analíti- co de la Suma no puede hacernos olvidar algunas cuestiones previas, que no por conocidas son menos relevantes.
En primer lugar, a pesar de todo, la Suma no es un tratado de economía. Por tanto, es inútil buscar en ella un cuerpo teórico perfectamente delimitado y sistematizado. En segundo término, los plantea- mientos económicos de Mercado son fruto de sus dotes de observación e interpretación de la realidad socioeconómica de su tiempo; en consecuencia sus razonamientos económicos se encuentran dispersos a lo largo de los dos Libros de la Suma donde se des- cribe el mundo mercantil de aquel tiempo: Libro II (Del arte y trato de mercaderes) y IV (De cambios). Y por último, para llegar hasta el núcleo de la argu- mentación económica de Mercado es preciso retirar la capa moral que recubre toda su obra, porque por muy práctica que fuese y pegada a la realidad que estuviese, al fin y al cabo no dejaba de ser moral.
En conclusión, no se trata de nombrar a Mercado pionero de teorías económicas modernas; pero sí de reconocer sus contribuciones y de valorarlas en su justa medida, como ha hecho uno de los mejores co- nocedores y estudiosos del pensamiento económico en España, el profesor Manuel Martín, para quien Mercado es «el mejor economista español de un si- glo en el que la economía mundial giraba en torno a las grad
Quien tiene dinero tiene en su bolsillo a quienes no lo tienen
He de reconocer no obstante...que el estudio de tomas me vino dado por eso que algunos llaman o llamáis..malabares...empece su lectura atraído por...la polisemia...del nombre...y me encontré a un retratista...a un fotógrafo casi a un notario de la realidad social económica política y moral de una época...que creía lejana...un abrazo...
Quien tiene dinero tiene en su bolsillo a quienes no lo tienen
Cuando se entra en contacto con la escuela de Salamanca se hace de dos formas ...con reticencias o sin ellas...clar que cuando encuentras a tomas ...las escuelas salmantinas dejan de ser escolasticas...por mucho que a unos u otros de los que entran o no con reticencias al estudio...les duela o no...un abrazo...
Quien tiene dinero tiene en su bolsillo a quienes no lo tienen
Hablábamos de Galileo ...y de como hizo cambiar las posiciones no sólo de la iglesia...el status ya no volvería a ser el mismo...algo que muchos tienen asumidos entre ellos las paleoinstituciones tradicionales...esto que puede sonar a contrasentido ...que lo es...no deja de ser un referente cuando la enfrentas a una sociedad en su conjunto demasiado ensimismada...el cambio de paradigma que nos propuso el sabio...se enfrenta desde entonces a una paradoja al menos curiosa...los estados tienden al movimiento mientras las personas quieren status...es en este sentido...donde tomas de mercado nos traza una senda...llámese moral ética o ciudadana...un abrazo...
Quien tiene dinero tiene en su bolsillo a quienes no lo tienen
Bueno por primera vez encuentro una situación en la cual podemos situar a Tomas en la coyuntura actual. Ha sido el día de hoy con la fabulosa subasta eléctrica y la obviamente la defenestrada Teoría de la oferta y la demanda por el gobierno español y esos mal llamados liberales. Y dice Tomas:
4.3.- La escasez relativa
Este principio, que también afecta al precio de los bienes, es contemplado por Mercado
(ib., pp. 168 y 200) en un triple aspecto, cada uno de los cuales influye en el precio:
1º. Que en el mercado haya muchas o pocas mercaderías.
2º. Que al mercado acudan muchas o pocos compradores.
3º. Que haya mucho o poco dinero en circulación.
En otro contexto Mercado (ib. p. 182 y 183) señala una nueva causa que provoca escasez
relativa de mercancías: que haya pocos vendedores en el mercado. Es decir, que haya monopolio
[u oligopolio]. Pero en este caso ya no se trata de una circunstancia objetiva, sino subjetiva
puesto que son los comerciantes, o los artesanos, o los oficiales (como los albañiles y canteros)
quienes se conciertan para no bajar los precios.
Podemos concluir que cuando el precio se forma libremente, sin fuerza ni engaño, ya sea
en la mercancía (que no debe tener defectos) o ya sea en los mercaderes (que no deben
confabularse con otros), la teoría de Tomás de Mercado es equivalente a la moderna teoría de la
oferta y la demanda en competencia perfecta (que se basa en la utilidad y la escasez relativa).
Por un lado "la venta ha de ser libre de entrambas partes" (ib., p. 179).
Y por otro lado el "precio justo es el que corre de contado públicamente" (ib. p. 177), el
establecido por el "vulgo sin cabeza [al] apreciar cualquier mercancía"(ib. p. 160), "según él
común juicio, y estimación de la gente"(ib., p. 214). En fin, un precio establecido pública y
libremente: "Especialmente si hay otros, que lo saben, y lo pueden comprar, aquello es por
entonces su justo valor" (ib., p. 201), como se ve, se trata de mercados públicos donde la gente
está informada y puede pujar, con conocimiento de causa, si lo desea.
Esto en cuanto a la OD. No hay más que decir que permanece indemne.
6.3.- Precios en almoneda.
Almoneda es la venta realizada en publica subasta, por lo que, en principio, si no hay
vicios, el precio de remate es el precio justo, tanto si por haber puja al alza el precio es mayor
que el de mercado, como si por falta de licitación el precio es menor (Mercado, 1571,pp. 209 y
210).
No obstante, la venta en almoneda no está exenta de vicios, bien sean ocultos y no
conocidos en el momento de la subasta, bien sean por conciertos entre los licitadores, o bien por
sobornos a los subastadores. En todos estos casos la venta es ilícita y reclamables los daños ante
la magistratura (ib. pp. 210 a 212).
Por tanto, también en este modo de vender se precisa dilucidar cuál es el precio justo. La
regla general, puesto que se trata de una venta pública, oficiada por ministros gubernamentales,
debe ser el que la justicia y la ley civil admite. Es decir, el que no rebase los límites en más o en
menos del 50% respecto a la latitud del precio del libre mercado (ib. p. 212). Éste, como se ha
visto en el epígrafe anterior, admite un cierto margen, aunque estrecho, entre el precio riguroso
y el piadoso que es la latitud. En el presente caso el de la venta en almoneda, el margen del
precio justo es mucho más amplio, y así debe ser, porque esta de acuerdo con la flexibilidad
propia de este modo de vender, en comparación con el modo de vender en el mercado libre, de
mucha menor flexibilidad, y por supuesto, con el modo de vender a tasa fijada por ley que no
admite ninguna flexibilidad (ib. pp. 212 y 213).
Todavía queda un problema por resolver en lo concerniente a las ventas en almoneda.
Tal es a quién pertenecen los frutos y rentas pendientes de recoger en el momento de la venta de
un bien raíz. Mercado (ib. pp. 214 a 216) distingue dos casos cuyas soluciones son distintas.
El primero es cuando los frutos o las rentas se generan continuamente. En este caso al
vendedor le corresponden las rentas o frutos hasta el momento de la entrega de la posesión del
bien raíz y al comprador desde ese momento. Por tanto, el vendedor tendrá que entregar al
comprador la parte proporcional de lo cobrado anticipadamente. Y al revés, el comprador tendrá
que entregar al vendedor la parte proporcional de lo que esté pendiente de cobrar.
El segundo es cuando los frutos o las rentas se generen discontinuamente por períodos.
En este caso los gastos efectuados los soporta siempre el vendedor. Pero las rentas o los frutos
serán por general del comprador, excepto cuando materialmente se haya reconocido parte o todo
el fruto antes de la entrega de la posesión del bien raíz que lo generó. Por tanto si la renta
estuviera cobrada anticipadamente por tratarse de bienes raíces arrendados, tendrá que
entregarse al comprador la renta anticipada cuando la venta se hiciere antes de la recogida del
fruto.
Debe quedar claro que toda la disquisición anterior es aplicable cuando en la venta no
hubo concierto previo sobre los frutos o las rentas, porque en caso contrario se estará a lo que las
partes hubieran acordado. Con lo cual Mercado nuevamente pone de manifiesto la primacía del
principio de la libertad para concertar los tratos y contratos.
Y esto sobre la subasta. S2