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La verdad sobre tus expectativas bursátiles para 2026 (y para cualquier año)
El fenómeno más importante en los mercados (como en la vida misma) es la regresión a la media. A corto plazo podemos tener “rachas” de muchos tipos, buenas o malas, que atribuiremos, cuando son buenas, a la habilidad, a nuestra “inteligencia superior”, “nuestro sistema”, etc, o si son negativas a la mala suerte, pero la verdad es que solo a largo plazo se puede establecer una auténtica correlación, y solo mirando al pasado, nunca al futuro.
Estadísticamente hablando, cinco, diez, veinte tomas de datos (eventos) JAMÁS son significativas porque en ellas influye muchísimo el ruido, el azar. Solo cuando hablamos de cientos de eventos el ruido va desapareciendo y se pueden sacar conclusiones significativas. De hecho, hacia los 1.000 datos el margen de error empieza a quedar reducido a la mínima expresión, incluso para poblaciones enormes.
Por eso, por ejemplo, una encuesta que hagas entre tus diez vecinos más cercanos no servirá para nada si lo que quieres es conocer la opinión de tu país en un asunto cualquiera, mientras que una toma de 1.000 datos repartidos aleatoriamente por el país es ya suficientemente precisa y no necesitarás más, aunque estés en China y tengas una población real superior a los mil millones.
En mercados financieros, todas las pruebas empíricas existentes dicen que hay rachas, por pura aleatoriedad estadística, a veces prolongadas durante decenas y hasta algún centenar de eventos. Pero, siempre, luego, se produce una progresiva regresión a la media. Y en este caso, eso supone sencillamente que ni hay ni puede haber sistemas que mejoren a priori al conjunto del mercado. A largo lo esperable es una evolución igual a la del mercado TR, si se adopta una posición compradora (con otras estrategias, por la existencia de contrapartidas cuyo saldo hay que compensar, el rendimiento a largo plazo esperado es CERO – menos comisiones-).
¿Por qué esto es así? Podemos pedirle a una IA que, a la vista de la evolución de la bolsa de, por ejemplo, el índice de Hong Kong en los últimos diez años, elabore un sistema que hubiera permitido superar ampliamente la rentabilidad de su índice. Si es una buena IA y nosotros sabemos cómo preguntar, lo encontrará sin problemas, y podrá proponernos incluso varios sistemas diferentes que nos hubieran permitido superar ampliamente la rentabilidad de ese mercado. Pero la clave es que esos mismos sistemas, aplicados al futuro, a los próximos diez años, conseguirán la misma rentabilidad promedio en la bolsa de Hong Kong que si le encargamos la tarea a un niño de seis años o a un mono tecleando al azar.
Es fácil encontrar patrones en el pasado, porque ya está trazado, pero es imposible predecir el futuro por su propia naturaleza. Quien te diga lo contrario puede estar haciendo una de estas dos cosas:
1. Mintiéndote
2. Mintiéndose a sí mismo.
El mejor predictor del futuro de un mercado es el propio mercado, siempre que en él la información fluya libremente y haya un número suficiente de miembros que garantice la liquidez. Con esas condiciones, la mejor predicción posible se plasma siempre en la cotización presente, en la de este mismo instante. No hay más.
1. Mintiéndote
2. Mintiéndose a sí mismo.
El mejor predictor del futuro de un mercado es el propio mercado, siempre que en él la información fluya libremente y haya un número suficiente de miembros que garantice la liquidez. Con esas condiciones, la mejor predicción posible se plasma siempre en la cotización presente, en la de este mismo instante. No hay más.
La única conclusión posible para los inversores individuales es no hay sistemas que permitan mejorar al mercado a largo plazo, solo hay rachas de suerte, casualidades que siempre, siempre, terminan por diluirse. Como todo, los inversores también, al final, regresan a la media.
¿Por qué, entonces, hay miles de asesores financieros que hablan de su sistema, miles de profesionales que imparten cursos sobre análisis bursátiles, miles de páginas de periódicos escritas a diario sobre perspectivas de mercado, cientos de brokers que te ofrecen sus servicios en el intradía, etc? ¿Están todos, todos, equivocados al venderte el hecho de que existe un sistema, una posibilidad de “aprender” a leer el mercado mejor que el valor actual que te devuelve el mercado mismo?
Porque todas esas empresas participan y se benefician del mismo ecosistema. No es nada malo, es legítimo. Es el mercado, amigos. Todos, de una forma u otra, pagan sus nóminas, cobran sus facturas, ganan dinero aprovechando el mismo hecho básico: la creencia del inversor final en que hay “conocimientos expertos” sobre cuál será el rumbo que tomará el mercado en el futuro. El ecosistema existente es el resultado de la confluencia del mismo interés por parte de sectores muy diferentes: brokers, banca, medios de comunicación, impartidores de cursos, influencers… todos ellos interesados en que creas que, de una forma u otra, hay varitas mágicas que abren la posibilidad de ganar más que, simplemente, invirtiendo y esperando los rendimientos normales a largo plazo.
Y esa sugerencia, implícita en cada palabra que pronuncian, cada letra que escriben, esa idea de que es posible encontrar una varita mágica, es la que, implícitamente, hace que cientos de inversores, todos los años, se lancen a buscar su “propio” sistema, su propia piedra filosofal que les proporcione ganancias superiores a las de los demás.
En un mundo de cientos y cientos de millones de inversores, un puñado de ellos conseguirá terminar una vida de cincuenta años de inversión habiendo logrado rendimientos muy superiores al resto, por pura chiripa. Tiene que ser así, por simple desviación estadística, del mismo modo que si comienzas una competición mundial entre un millón de equipos de fútbol de niños de cinco años, todos igual de malos, después de veinte eliminatorias tendrás un ganador (y sus integrantes se creerán muchísimo mejores que los demás, aunque, simplemente, salieran siempre triunfantes porque necesariamente uno tenía que ganar).
Los medios de comunicación, que viven de vender historias extraordinarias, relatos, no verdades, aprovecharán las rarezas de los inversores que amasaron cientos o miles de millones de dólares para difundir su trayectoria públicamente, y con ello, convencer a los demás de que que existen “sistemas” que permiten “forrarse”. ¿Por qué, si ellos pueden, no voy a poder yo? Eso nos lo decimos todos, y todos nos engañamos al decírnoslo. Necesitamos creer, y como ya va siendo difícil creer en Dios o en la providencia, pues creemos en... Warren Buffet o en Elon Musk. Sus vidas constituyen relatos de un poder inmenso, y a los humanos nos encantan los relatos que nos permiten soñar.
Lo que casi nadie imagina es que ese puñado de inversores extremadamente afortunados tiene la inmensa "suerte" de vivir solo unas pocas décadas. Porque si tuvieran otras vidas por delante, otras cuantas décadas o un siglo más para seguir invirtiendo, todos, todos sin excepción, acabarían regresando uno tras otro a la mediocridad de ganar a veces y perder otras de la más equitativa de las formas posibles.
Nadie, nunca, jamás, a muy largo plazo, ganará más que el mercado en más de un 50,1% de las veces ni de los importes, salvo que tenga información priviliegiada.
Pero eso es hacer trampas, es otra historia y será contada en otra ocasión.
Pero eso es hacer trampas, es otra historia y será contada en otra ocasión.
Feliz 2026.