España es diferente
España es diferente a sus vecinos europeos,sobre todo en temas relacionados con el ahorro.
Analizando las cifras de flujos de fondos de inversión a nivel europeo a lo largo del cuarto trimestre del 2008 y el primero del 2009 (el epicentro de la crisis para ser más explícito) me ha sorprendido la gran diferencia de comportamiento entre los partícipes españoles y los demás inversores europeos. ¿Cómo explicar, por ejemplo, que en el primer trimestre de este año hayamos tenido reembolsos en fondos de acciones por valor de más de 2.600 millones de euros cuando en otros países no ha habido tal sangría o, incluso, se han producido suscripciones, como en Alemania o en Gran Bretaña? Relacionado con estas cifras, reconozco que siempre me ha llamado la atención lo extremadamente conservador que es el inversor español comparado con sus homólogos europeos.
Parto del principio que no deberíamos ser (y sinceramente creo que no lo somos) tan diferentes de los alemanes, holandeses, ingleses o incluso de los estadounidenses en lo que respecta a los objetivos financieros de largo plazo (preparar la jubilación, ahorrar para la educación de los hijos, cambiarse de casa, etc). Entiendo que todos tenemos esas mismas preocupaciones y que el camino para conseguir esos objetivos debería ser en teoría el mismo y no diferir demasiado del país de origen.
Algunos, para explicar la extrema aversión al riesgo de los partícipes españoles sacan de la chistera el argumento de que “tradicionalmente” el español se ha caracterizado por asumir pocos riesgos con sus inversiones. Para mi es más una constatación que una explicación. ¿De dónde vendría esa tradición cultural conservadora? Podríamos hablar del espíritu funcionarial español muy alejado del espíritu emprendedor anglosajón. Puede que así sea.
Un argumento más práctico es el hecho de que los españoles hemos tenido que hacer un esfuerzo financiero tan importante en la compra de nuestras casas (y, por lo tanto, una toma de riesgo sustancial) que nos quedan pocas ganas de asumir riesgos adicionales con la parte financiera de nuestras inversiones. Tiene sentido, pero si es así sería un error de planteamiento financiero ya que supondría pretender conseguir objetivos de largo plazo invirtiendo en instrumentos de corto plazo.
El argumento que probablemente tiene más fuerza para explicar el poco peso relativo que tienen los fondos de renta variable en las carteras de los partícipes españoles es la propia estructura de distribución de fondos que existe en nuestro país (básicamente a través de las oficinas de las entidades financieras). Pero no quiero caer en la trampa de decir que la culpa la tienen exclusivamente las entidades. Es verdad que, simplificando mucho, son básicamente vendedoras o colocadoras de productos. Y en este sentido, digo yo, venderán o colocarán lo que más les interese. Evidentemente, lo ideal sería que los intereses de las entidades distribuidoras de fondos coincidieran con los intereses de los futuros partícipes. En algunos casos así será y todo el mundo contento, pero me temo que no siempre es así de fácil. Y esto ocurre en prácticamente todos los negocios.
El problema surge cuando el cliente espera por parte de un vendedor un asesoramiento que no tiene porqué formar parte de sus funciones (aunque la tendencia reciente es que los vendedores también sean asesores, pero esa es otra cuestión). Para eso existen los asesores financieros que se dedican exclusivamente a ello. Por lo tanto, es el propio inversor el primer responsable de la fuerte aversión al riesgo (en muchos casos no deseada) que muestra en sus inversiones. A nadie le han puesto una pistola en la frente para que adquiriera un fondo que no tenía intención de comprar al cruzar las puertas de la oficina. Hace falta más formación financiera, de acuerdo, pero también más implicación por parte del inversor en entender lo que mejor le conviene. No es normal que gastemos más tiempo en buscar información para comprar un televisor que un fondo de inversión.
Fernando Luque