Miguel de Juan Fernández- 12 Febrero 2021



En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No todo el que me dice "Señor, Señor" entrará en el reino de cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que está en el cielo. Aquel día muchos dirán: "Señor, Señor, ¿no hemos profetizado en tu nombre, y en tu nombre echado demonios, y no hemos hecho en tu nombre muchos milagros?" Yo entonces les declararé: 'Nunca os he conocido. Alejaos de mí, malvados." El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia salieron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca. El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y rompieron contra la casa, y se hundió totalmente.
Evangelio según San Mateo, 7, 21-29

 
Creo que no es un misterio para nadie que soy creyente (que nadie asuma más de la cuenta: soy pecador, no soy ningún santo). No lo he ocultado nunca y no veo que haya de hacerlo tampoco ahora, pero en muchas ocasiones sacar a relucir la propia fe termina siendo contraproducente pues no siempre somos dignos de la misma. Es lo que tiene ser pecador. Afortunadamente Cristo vino para los pecadores, no para los justos… que ya le tienen. Así que, por favor, entended con ello que no trato de ponerme ninguna medalla de autoridad moral, no lo soy en absoluto. Pero creo que es importante establecer las bases para que se pueda entender mejor mi razonamiento.

Desde hace unos años y cada vez más, se están poniendo de moda las siglas E.S.G., representando el foco en aparecer como responsables en los apartados Environmental, Social & Governance. También entiendo que todos sabéis cómo operan y piensan los políticos: en politiqués, en quedar bien, en ir al son de la música que las encuestas digan que ahora les gana votos. Bueno, no se lo puedo reprochar… pero sí hay cosas que para mí son demasiado importantes como para “seguir la moda”.

Quizás a muchos os resulte extraño pero, personalmente, considero que esta moda de lo E.S.G. sólo sirve para que todos, políticos, reguladores y empresas se cubran las espaldas, pongan un “tick” (√) en la casilla de “cumplimiento con el medio ambiente, los aspectos solidarios y la buena gobernanza y pasen a otra cosa. No quiero ser injusto tampoco… sé que hay muchas personas e inversores que creen, de buena fe, que ese cumplimiento es algo realmente bueno y que ayuda a buenas causas. No se lo voy a discutir ni, por supuesto, voy a criticarles por ello. Pero sí quiero establecer mi punto de vista… pues ahora se nos pide cada vez más que cumplimentemos esas “casillas”.

La sensación que tengo, y admito que puedo estar terriblemente equivocado, es que quien exija que alguien cumpla los requisitos E.S.G. se ve asociado tanto a que él ya es bueno y a que la empresa en cuestión también lo es. Y eso me parece una hipocresía absoluta. Insisto que salvando el caso de las muchísimas personas que vean en esas siglas la buena intención y que las sigan de buena fe. Eso no lo cuestionaré, pero sí cuestiono lo que me parece que puede resultar el fin último o la excusa final. Cumplir la letra de la ley, pero no su espíritu.

Como se nos dice en el Evangelio de San Mateo, podemos terminar (yo el primero, desde luego) cumpliendo la letra de la ley, diciendo “señor, señor”, y pensando que dado que tenemos el tick en la casilla de “bondad” ya hemos cubierto el cupo. Pues, Dios no lo quiera, nos llevaremos un gran desengaño cuando llegue la hora de la verdad. Ahí veremos si hemos edificado nuestra casa sobre roca o sobre la arena.

Entiendo que quien establece los requisitos E.S.G. lo haya hecho con toda su buena intención… pero creo que se olvidan, que olvidamos, que no son las empresas las que son éticas, sino las personas. Hace muchos años, mucho antes de pensar en crear el Argos, asistí a unas jornadas sobre ética empresarial en el campus del IESE en Madrid y coincidí con el profesor Argandoña. Su charla fue muy importante y amena y él insistía en la importancia de la ética, del comportarse de forma ética y moral para las propias empresas. En el descanso que tuvimos para café, me acerqué e ingenuamente estuvimos charlando unos pocos minutos. Mi postura, que él compartía, era que da igual lo mucho que una empresa presuma de ética… como no lo sean las personas, la empresa no lo será. Es imposible. Las empresas no pueden ser éticas… siempre lo serán las personas o no.

Normalmente uno de los requisitos más “obvios” de ética es si la empresa fabrica armas o no. Todos “sabemos” que las armas son malas, matan gente y todo eso. ¿Qué más fácil que cumplir el requisito que algún comité de ética establezca que el prohibir invertir en empresas de armas? Pero… ¿es esto cierto? ¿Es malo un cuchillo o siempre hemos tenido claro que depende del uso que la persona le de? Olvidamos, porque no lo sabemos o porque no queremos saberlo por las conclusiones a las que nos lleva, que es el ser humano quien está dotado de libre albedrío. Es él quien tiene capacidad de elegir entre el Bien, al que está llamado, o el Mal, que debe aborrecer y evitar. Esa es la ley natural.

¿Son las armas malas? Bueno, alguno podrá decirme: sí, lo son todas. Otros dirán: bueno, los cuchillos no, podemos invertir en empresas que hagan cuchillos, pero desde luego son malas las que fabrican tanques, portaaviones o misiles. ¿De verdad? ¿Lo son siempre? ¿Seguimos olvidando que depende del uso que el Hombre le de, en uso de la facultad de libre albedrío que tiene por naturaleza? ¿Eran malos los tanques, portaaviones y misiles que derrotaron al ejército de Sadam Hussein cuando la primera guerra del Golfo cuando invadió injustamente Kuwait? ¿Eran malos los fusiles, tanques, buques y bombarderos que lograron derrotar al ejército de la Alemania nazi en la Segunda Guerra Mundial?

¿Es ética o buena una empresa de cosméticos que para su desarrollo de nuevos productos se provea de material de deshecho humano de las clínicas abortistas? El cosmético parece que no tiene nada de malo… ¿pero lo es siempre? ¿Son buenas las empresas de tecnología, por ejemplo las Big Tech, que ahora están en lo que parece un ataque coordinado a la libertad de expresión de millones de ciudadanos y empresas que no piensan lo que a sus dirigentes place? ¿Es ético invertir en banca, cuando sabemos que muchos de los productos financieros son “vendidos” de aquella manera- que no es precisamente la mejor? Y sin embargo muchas empresas, a las que se podrían poner reparos éticos figuran dentro de las admitidas según los parámetros E.S.G. ¿Hipocresía? Mucha. ¿Cumplen el tick de la casilla de bondad? Desde luego… ¿Están construyendo sobre arena, diciendo “señor, señor”? No me cabe la menor duda.

Estoy de acuerdo en que hay tipos de empresas en las que yo no invertiría el dinero de mis argonautas por mucha rentabilidad que puedan ofrecer. Planned Parenthood es una de ellas, por supuesto. 

Mi intención no es criticar la buena intención de que se entienda o valore que, los fondos al invertir, van a tener un determinado sesgo moral… dicho sesgo dependerá siempre del propio gestor (o en mi caso: asesor) pues finalmente será él quien, como persona, selecciona las alternativas. Puede que le importe bien poco con tal de ganar dinero- eso, en sí mismo, ya es una decisión moral-, puede que haya inversores chinos que, antes de invertir en una empresa comprueben el feng shui de la misma, los judíos puede que comprueben, antes, si respeta los criterios kosher y los musulmanes si es halal. Me parece fenomenal y no tengo ningún problema en que dicha condición o valores morales se expliciten en el propio folleto del fondo. Pero ahí estaremos poniendo el foco donde se debe: en la persona y no en unos requisitos que a algunos nos pueden parecer una chorrada, con perdón, y para otros son dogma de fe.

Es la persona la que ha de ser ética (insisto en recordaros que yo no soy modelo de ningún tipo: mirad más bien a los santos de la Iglesia que ellos sí tienen vidas edificantes), no la empresa, no el vehículo fondo de inversión, no el rellenar un determinado número de casillas para cubrir el expediente, incrementar la burocracia y que todos se cubran las espaldas. Sin embargo, tristemente, parece que es en ese camino por donde va la industria y no quedará más remedio que cumplimentarlo y cubrir la casilla con el tick correspondiente. En mi caso, desde luego, dicho tick no me hará olvidar qué es lo importante, seguiré buscando el espíritu de la ley y no la letra de la misma, vacía y sin alma.


Un fuerte abrazo a todos



Miguel de Juan Fernández

ARGOS- VALUE FUND
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