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Antes de comprar en bolsa, piensa en tu cartera

Cuando te planteas invertir tus ahorros, es bastante normal empezar buscando una acción o un fondo que tenga buena pinta. Después viene la siguiente pregunta: ¿compramos ya o esperamos?

Yo creo que conviene empezar un poco antes: por la construcción de una cartera.

Elegir qué comprar importa. Pero también importa cuánto dinero pondrás en cada inversión, qué riesgo tendrá el conjunto y cómo vas a actuar cuando las cosas se pongan feas.

La cartera perfecta no existe


Podemos pasarnos mucho tiempo buscando la combinación ideal de activos. El problema es que la cartera que parece perfecta sobre el papel puede resultar muy difícil de mantener en la práctica.

Una cosa es ver una caída en un gráfico. Otra, vivirla con tus ahorros dentro.


Gráfico histórico del IBEX35. La caída señalada muestra la dureza de algunos periodos bajistas.


Durante años, la bolsa española puso a prueba la paciencia de sus inversores. Las recuperaciones tampoco siguieron un camino recto.

Una cartera solo te sirve si puedes mantener su estrategia durante los malos momentos.
Por eso conviene pensar en las pérdidas que podrías soportar y en cuándo necesitarás el dinero, antes de elegir los activos.

Diversificar: mezclar inversiones que se comporten distinto


Si supiéramos qué activo va a subir más el próximo año, construir una cartera sería muy sencillo.

Pero no lo sabemos.

La diversificación parte de reconocer esa limitación. Consiste en combinar inversiones con comportamientos distintos, para que el resultado no dependa tanto de acertar con una sola.

Mira cómo se ordenaron varios tipos de activos entre 2019 y 2021:


Resultados históricos anuales de distintos activos: 2019–2021.


En 2019 destacaron el S&P 500 y los valores inmobiliarios. Sin embargo, en 2020 los inmobiliarios acabaron entre los peores, con pérdidas.

En 2021, los valores inmobiliarios y las materias primas ocuparon las primeras posiciones. Precisamente habían sido los dos últimos de 2020.

El oro también cambió de sitio: encabezó 2020 y terminó al final de la tabla en 2021.

El orden cambia. Y conocer el ganador de ayer no nos descubre el de mañana.


A veces los ganadores repiten. Otras veces, no


Avancemos otros tres años:


Resultados históricos anuales de distintos activos: 2022–2024.


En 2022 casi todo cayó. Las materias primas encabezaron la tabla y el oro también cerró en positivo.

En 2023, las materias primas quedaron cerca de cero y el S&P 500 pasó al primer puesto. En 2024, el oro fue el más rentable de los activos comparados, mientras el S&P 500 siguió entre los primeros.

Tampoco podemos sacar la regla contraria y comprar automáticamente lo que peor lo haya hecho. Un ganador puede seguir haciéndolo bien, y una mala inversión puede continuar bajando.

Estas tablas ayudan a entender por qué prefiero repartir el riesgo antes que apostar todo a una predicción.

Diversificar no elimina las caídas


Hay que tener esto claro: una cartera diversificada también puede perder dinero.

En una crisis pueden caer varios activos a la vez. La tabla de 2022 lo muestra bastante bien. Diversificar no convierte la inversión en una línea ascendente sin sobresaltos.

Además, cada persona tiene unos plazos y unas necesidades. El dinero que vas a necesitar pronto no se puede tratar igual que el que puedes mantener invertido durante años.

La cartera se puede adaptar. Si las oscilaciones te resultan insoportables, quizá el peso de las posiciones más conservadoras sea insuficiente para ti.

Dormir tranquilo también cuenta.

Rebalancear: devolver cada activo a su sitio


Con el paso del tiempo, el reparto inicial se va deformando. Lo que más sube ocupa una parte cada vez mayor de la cartera; lo que baja pierde peso.

Rebalancear consiste en recuperar los porcentajes que habías elegido.

Para ello reduces las posiciones que han ganado demasiado peso y aumentas las que se han quedado por debajo del objetivo. Puede hacerse con revisiones periódicas, por ejemplo trimestrales, semestrales o anuales.

La finalidad es controlar el riesgo de la cartera.
No se trata de adivinar el máximo para vender ni el mínimo para comprar.

En algunos periodos, rebalancear mejorará el resultado; en otros, lo empeorará. No hay una garantía de rentabilidad adicional. Lo útil es evitar que las variaciones del mercado decidan por ti cuánto riesgo asumes.

Una precaución si tienes acciones individuales


Este razonamiento necesita un matiz cuando pasamos de grandes clases de activos a empresas concretas.

Una empresa puede deteriorarse, seguir cayendo e incluso quebrar. Que su acción esté más barata no obliga a que vuelva al precio anterior.

Por eso no conviene confundir el rebalanceo de una cartera de activos diversificados con comprar más acciones de una empresa simplemente porque han bajado.

Sencillez y paciencia


No necesitas una cartera llena de piezas difíciles de entender.

La conocida combinación de un 60% en bolsa y un 40% en bonos es un ejemplo sencillo de reparto entre activos. El porcentaje adecuado dependerá de tus circunstancias; no es una receta para todo el mundo.

Se pueden incorporar otras inversiones, pero cada una debería tener una función que comprendas.

Lo importante es entender el plan y ser capaz de mantenerlo.
Saber qué tienes, por qué lo tienes y cómo revisarás el reparto.

Después hace falta paciencia. Sobre todo cuando llega una caída y vuelven las ganas de cambiarlo todo.
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