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Intentando entender II - Y no lo digo en broma II - Qué hacemos con los bancos III

2 recomendaciones

SI. Vamos entendiendo. Tres posts confluyen en uno y no invitan al optimismo: más cautela que nunca es la conclusión.

Tengo la sensación que todas las medidas que se toman , a nivel europeo (políticas, económicas, sociales) son solamente, una patada al aire para evitar que se desmorone el castillo de naipes que hemos creado.

Caminamos hacia una sociedad robotizada en la que no hay ni habrá empleo para todos. Una de las pruebas es el agotamiento del modelo bancario tal y como lo conocemos con el cierre masivo de oficinas y despidos ,  todo está orquestado para hacer que aborrezcamos las sucursales enfrentando a cliente con empleado con mal servicio al primero y presión y miedo al segundo.

A nivel social, no es mejor. Estamos todos a la defensiva, la amistad se reduce al ámbito de las redes sociales.

En Bolsa ya no podremos decir que tal valor o tal sector es relativamente seguro porque antes o despues será presa de la especulación salvaje. Invertir a largo plazo, tener una cartera de valores estable no tiene ya ningún sentido. Invertir en Fondos de Inversión, a no ser que tengas el tuyo propio, es perder el control de la gestión de tu dinero.

Así las cosas, no veo más opciones que colocar el dinero en un Depósito al 1%, invertir puntualmente en valores de primer nivel , crear un Fondo de Inversión propio ( desde 20 partícipes y 600.000 euros) y reinvertir los beneficios que se puedan conseguir en oro físico. Y nada más. Vive la vida, dedícate a lo tuyo,  contrata un gestor profesional que te tramite todo lo anterior y mantén una reunión quincenal con él/ella. Tú eres su jefe: exígele.

 

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  1. en respuesta a Gelsa
    #9
    Gelsa

    ¡Sensacional!, hoy, Cárpatos: "Actuar en contra del BCE en nuestras finanzas personales. Los bancos cobran ya por los depósitos importantes"

    -- Es decir, si uno tiene punta de tesorería para ingresarla en el banco tiene que pagar al banco. Es el surrealismo de la política de tipos de interés negativo. Se fomenta el endeudamiento y se impide el ahorro. El BCE intenta que el crédito vuelva a fluir, pero todo tiene un límite, no se puede ir de un extremo al otro. Es muy difícil, y está claro que está hecho con buena voluntad, pero nos estamos metiendo en un berenjenal.

    Por un lado bien, porque se fomenta el consumo, pero por otro, si al final acabamos todos endeudados hasta las cejas, y sin un céntimo de ahorro, esto no acabará bien. Además todo es muy asimétrico, porque los que pueden endeudarse, como estados, grandes empresas, lo están haciendo a conciencia, y es de presuponer que irá a más. Y sin embargo las pequeñas empresas siguen asfixiadas por la falta del crédito natural para funcionamiento. Es todo muy complicado.

    Yo aconsejo la política contraria, porque esto tarde o temprano va a acabar muy mal. Quitarse la deuda de encima. No meterse en líos de hipotecas ahora muy baratas, pero que ya veremos como acaban. Y ahorrar todo lo que se pueda, siendo muy prudente. Si uno se espabila, si hay sitios. Hay que evitar los bonos que puedan estallar, cuando se pinche la burbuja que está creando el BCE.

    Es decir, lo contrario de lo que quiere el BCE. Lo siento, pero es lo que creo, y que por supuesto puedo estar equivocado.No me fio, ni me fiaré de una situación en la que el ahorrador paga por sus ahorros, y el deudor cobra por endeudarse en lugar de pagar. Esto no es natural, esto nunca se ha hecho, y cuando se hacen cosas contra la lógica, acaban siempre mal. Sí, ya sé, esta vez es diferente y estamos ante un nuevo paradigma económico, donde la realidad poliédrica enfocada a una visión cuántica y de “pedete lúcido” del BCE es diferente, y donde ganará Eurovisión Australia y en Gran Hermano 323, se encerrarán en la casa los cámaras y los sujetos de dentro estarán fuera vigilando a los cámaras. Igualmente pronto los penaltys serán gol a favor del que comete la infracción y cuando vaya usted a comprar el pan, el panadero le pagará a usted por darle el pan.

    Como decían en Alicia en el País de las Maravillas. ¡Feliz no cumpleaños!

  2. en respuesta a Gelsa
    #8
    Gelsa

    Nos va a tocar vivir bastante peor. A algunos ya nos afecta y la mancha de aceite se extiende y se extiende.
    El que lo asuma, perfecto. Y el que no, lo va a pasar realmente mal.
    Más me preocupa la desigualdad creciente. Un pequeño porcentaje de la población aún vive en Yupilandia y va a seguir viviendo un tiempo más mientras el resto se irrita, se irrita y termina por cabrearse. Ese sí que es un efecto colateral peligroso.

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  3. en respuesta a Gelsa
    #7
    Gelsa

    Y más que envía el compañero:
    El horizonte a medio y largo plazo para los inversores es muy oscuro. Un informe de McKinsey Global Institute da en el clavo al concluir que los rendimientos de las inversiones en general en las próximas dos décadas (al menos) serán muy escasos.

    Históricamente muy por debajo de los que han ofrecido los Mercados en los últimos 30 años, y me atrevería a añadir que también muy inferiores a los que se han conseguido de promedio durante todo el siglo XX, Gran Depresión incluída. Motivos para ello sobran si se abren los ojos y se echan cuatro números. Veamos.

    Las políticas keynesianas ejercidas por los bancos centrales de todo el mundo han evitado -y están evitando- el colapso de los mercados y del sistema financiero que debía haber tenido lugar en 2008. A priori eso parece una buena noticia, pero los efectos colaterales (no deseables diría un farmacéutico) serán devastadores para la población, especialmente para aquellos que osen pretender vivir de manera digna. Como decía Keynes, las decisiones empresariales del sector privado a veces pueden producir ineficiencias que el Estado (vía banco central) debe corregir. Pero una intervención tan masiva como la actual no es una corrección sino una distorsión brutal que produce ineficiencias enormes por la incapacidad intrínseca de lo público para aplicar los recursos de manera eficiente.

    Por ejemplo, con los tipos en negativo, los bancos están siendo forzados materialmente a prestar dinero a cambio de primas de riesgo insuficientes, de hecho ridículas. Las empresas ineficientes tienen acceso a crédito barato a pesar de no estar haciendo las cosas bien y de no tener futuro. Y eso se acaba pagando en forma de estallido de burbujas aquí y allá.

    El motor de la Economía no puede ser el dinero de fácil fabricación pública sino el proveniente de los ahorros. Un dinero que debe tener un precio ajustado por oferta y demanda y que valga el riesgo que asume. Sin grandes distorsiones públicas más allá de ajustes de política monetaria que acompañen -no que fuercen- los ciclos. Sólo así se consigue una correcta asignación de recursos, es decir, sólo así el dinero fluye hacia la eficiencia y huye de la ineficiencia.

    Un darwinismo empresarial y económico que hace del Mercado un sistema sólido a largo plazo, con sus ciclos depurativos que hay que asumir cuando toca. Suavizar esas contracciones cíclicas y potenciar las expansiones es tarea pública, de los bancos centrales. Pero pretender eliminar esas contracciones con más y más deuda, que inunda a eficientes y a ineficientes, es pan para hoy pero hambre, mucha hambre para mañana y también para pasado mañana.

    No debemos olvidar que la represión financiera que ejercen los bancos centrales penaliza el ahorro (al inversor), que como bien dice la escuela Austríaca, es el motor de la economía. Y a la vez la deuda generada masivamente impide el crecimiento de mañana, puesto que la deuda hay que devolverla en el futuro en forma de impuestos y a costa del ahorro, y del consiguiente uso de esos recursos en la iniciativa privada. O sea que la perversa deuda masiva, no sólo supone impuestos asfixiantes para nuestros hijos que les impedirán consumir y vivir mejor, sino que a la vez lastra el crecimiento económico y trasvasa recursos de manos privadas a públicas, con su consiguiente ineficiencia demostrada durante siglos.

    Como vemos en el gráfico de abajo, el estudio de McKinsey cifra las caídas de los retornos en los próximos 20 años entre un 2% y 4% respecto a los históricos de los últimos 30 años para la renta variable. Y de entre el 3% y el 6% para la renta fija (nótese que la renta fija va a sufrir más). Si leéis el informe veréis que los autores manejan dos escenarios:

    Optimista y pesimista. Pues bien, la caída de los retornos en el escenario optimista, es decir considerando que el crecimiento económico se va a recuperar en los próximos -cinco?- años, es ya letal. Para que os hagáis una idea de la magnitud de la tragedia, una reducción de los rendimientos de sólo un 2% (escenario optimista) en la cartera de inversión o plan de pensiones mixto de un ahorrador treintañero, le va a suponer tener que retirarse 7 años más tarde, o bien ahorrar el casi doble durante toda su vida para retirarse a la misma edad.

    Pero si consideramos el escenario menos optimista, la reducción de rendimientos en las próximas décadas sería de un 3,5% de promedio (en carteras mixtas), lo cual obligará a ese joven de 30 años a trabajar 16 años más allá de la edad de jubilación o bien a tener que ahorrar más del doble si pretende jubilarse a los 65 años. Y todo ello considerando que su expectativa de vida se mantiene igual con los años, pero lo más probable es que la esperanza de vida se prolongue por los avances médicos y científicos.

    Porque las consecuencias de envejecer con menos ahorros también van a lastrar de forma persistente el crecimiento futuro del futuro: Menos consumo de la población jubilada (cada vez más numerosa), más necesidades sociales y sanitarias de dicha población que requerirán más impuestos, que a su vez lastrarán el ahorro de los que para entonces tengan edad productiva, que a su vez probablemente se endeudarán en exceso, etc, etc.

    En resumen, un cambio radical de círculo económico virtuoso creador de riqueza, a un círculo vicioso de escasísimo crecimiento, endeudamiento excesivo y constante, e ineficiencia de la aplicación de recursos que perdurará muchos años. Mirando más al futuro de nuestros hijos que a nuestro pasado reciente, ¿no habría sido mejor haber purgado el Sistema financiero al estallar la burbuja en 2008? El pan para ayer no nos compensará la hambruna que nos espera.

  4. en respuesta a Gelsa
    #6
    1755

    en el caso de Japón, la deuda es monstruosa y el Gobierno de turno aplica políticas de estímulo de la demanda, vía creación de más deuda.
    Japón lleva no sé cuántos años con tipos a cero y no sé cuántos planes de estímulo y ahí sigue sin desmoronarse: economía estancada y deuda astronómica, que crece y crece y crece, pero que no le cuesta nada, por lo que se va renovando conforme va venciendo.
    http://www.datosmacro.com/deuda/japon

    http://es.global-rates.com/estadisticas-economicas/inflacion/indice-de-precios-al-consumo/ipc/japon.aspx

    El gobierno busca un objetivo de inflación del 2% y un ligero aumento del PIB.
    http://datos.bancomundial.org/pais/japon

    Este artículo va en la línea de lo que te enviaba tu colega. http://www.eleconomista.es/firmas/noticias/6603970/04/15/El-problema-contable-en-Japon.html

    El asunto se las trae. Gracias por haberlo sacado a la palestra, que me tiene intrigado.
    Y lo que le pasa a la banca y a las aseguradoras es consecuencia directa de esa "represión financiera".

    Afortunadamente en la bolsa hay más sectores que la banca. Ejemplo ahí tienes a INDITEX, VISA, MASTERCARD, MOODYS, PRAXAIR, MERCEDES, BMW, etc. que están ganando más dinero que nunca.
    Recordarás que no hace tanto la banca española era un bazar, donde además de dinero comerciaban con ollas, vajillas, mantas, cuberterías, etc.
    O que colocaba preferentes a jubilados.
    O que politicos y sindicalistas formaban parte de los comités de dirección de cajas de ahorro y otros desmadres.
    No es casualidad que la banca española esté purgando los excesos cometidos.
    Salud

  5. en respuesta a Gelsa
    #5
    Gelsa

    Un colega me envía esto. Sin desperdicio:

    La Historia nos demuestra que ante un problema la opción que se acaba aplicando es la menos dolorosa para la mayoría a corto plazo, a pesar de que no sea la mejor solución ni la más simple o racional. En cambio, las opciones que perjudican y son más dolorosas para la mayoría, a pesar de que sean las mejores o únicas soluciones, difícilmente acaban sucediendo. Por ello, un desenlace más que posible para el callejón sin salida en el que se han -nos han- metido los bancos centrales con su creación de dinero y deuda hasta el infinito y más allá, bien pudiera ser un masivo y jamás visto write-down o default diseñado de dicha deuda. Veamos los detalles.

    Los efectos de toda deuda que se impaga se traducen en graves perjuicios para los acreedores, lógicamente. Y estos perjuicios serían un verdadero terremoto financiero y económico si el volumen de la deuda impagada fuese mayúsculo. Partimos de la base de que el endeudamiento de los estados desarrollados es ya aberrante e impagable, y sostenible sólo gracias a la fabricación de dinero infinita de bancos centrales como el japonés, europeo, inglés o norteamericano. Sólo ampliando de manera monstruosa los balances de los bancos centrales se puede mantener el castillo de naipes de deuda soberana, y así se está haciendo.

    Un efecto colateral de esa masiva fabricación de dinero de bancos centrales, que compran a manos llenas toda la deuda soberana de sus respectivos países, es el encarecimiento artificial de esa deuda. La distorsión llega a tal extremo que los tipos son negativos cada vez en una parte mayor de la curva. Ese encarecimiento y rentabilidad negativa hace que lógicamente los tenedores privados de esos bonos se vayan deshaciendo de ellos paulatinamente. ¿Y quién compra bonos tan caros y con interés casi cero o negativo? Pues el único comprador que tiene dinero infinito y al cual no le importa el rendimiento ni la solvencia de esa deuda: El banco central. Efectivamente, los bancos centrales no tienen como objetivo ganar dinero, ni siquiera afecta a su solvencia como banco el hecho de que lo puedan perder. Por eso no les importa la solvencia del papel que compran. Es cierto que cuando los bancos centrales ganaban dinero solían acumularlo en reservas para compensar años negativos sin necesidad de tirar de la impresora de billetes para compensar su balance. Y también es cierto que en algunos ejercicios, cuando esas reservas se consideraban suficientes o bien los gobiernos presionaban adecuadamente, los bancos centrales pagaban un “aguinaldo” a sus respectivos gobiernos para que dispusieran de mayor presupuesto en años electorales o para uso y abuso de sus redes de corrupción. En este revelador informe elaborado por el BCE titulado “Profit distribution and loss coverage rules for central banks” encontraréis más detalles sobre esas prácticas de drenaje contable asimétrico y opaco entre bancos centrales y gobiernos, así como su peculiar capacidad para asentar write-downs o paper loss.

    La realidad pues es que los bancos centrales pueden perder dinero de forma infinita sin que eso ponga en peligro su continuidad, su reputación ni su misión. Son entidades que están por encima del bien y del mal, que juegan con otras reglas… pero con el mismo tablero que el resto de mortales. Todas las entidades del planeta, sean públicas o privadas, tienen la obligación de cuadrar sus balances a largo plazo. Y si no lo hacen, aunque sea con respiración pública asistida como la banca española sin ir más lejos, acabarán desapareciendo por insolventes. Cuando lo hagan, sus acreedores deberán contabilizar las pérdidas que ello les genere, y a su vez esforzarse por cuadrar sus balances en el futuro. Y así sucesivamente. Es una ley financiera contable universal, una regla de juego económico que nos afecta a todos, a excepción de los bancos centrales. ¿Y qué es lo que hace distintos a estos bancos? Pues obviamente el hecho de ser juez y parte, es decir de tener la capacidad de fabricar moneda. Es por tanto intrínsecamente imposible que un banco central descuadre su balance indefinidamente, porque sus pérdidas siempre las podrá acabar compensando -como último o penúltimo recurso- creando de la nada tanto dinero como precise su balance y por supuesto su gobierno y su Estado. Estas y otras prácticas se edulcoran con nombres como política monetaria o monetary policy. Es lo que tiene el fiat money.

    Volvamos ahora a esa ingente y creciente masa de deuda pública que los Estados están creando constantemente para enjuagar sus déficits presupuestarios y maquillar sus vergüenzas insolventes. Como decíamos anteriormente, el único acreedor al que no le importa comprar esa deuda insolvente, cara y con rendimiento negativo es el banco central. Y el resultado de esta aberrante situación es que ya casi todo ese papel soberano, mojado y caro está pasando de manos privadas a las manos del único actor al que no le importa perder y tiene solvencia infinita. El único jugador del tablero que tiene reglas distintas. Esa es la clave del asunto: Si al acreedor de una deuda no le importa perder dinero y puede balancear sus cuentas imprimiendo billetes de la nada, el potencial default deja de ser traumático. De hecho impagar una parte o incluso toda la deuda soberana de un país, deja de ser una armaggeddon financiero si prácticamente el único acreedor es su propio banco central. Lo verdaderamente difícil y hasta hace poco impensable era conseguir que toda la deuda insolvente se pudiera concentrar en manos de los únicos agentes del planeta inmunes a las pérdidas, de manera que su impago no supusiese un terremoto financiero de letal contagio.

    Et voilá! La represión financiera que ya comentamos en 2013 nos ha traído el mágico efecto colateral de concentrar cada vez más la deuda soberana de los países más endeudados en sus respectivos bancos centrales. Y ello abre la puerta a China, Japón y Occidente a una solución que no por inmoral deja de ser práctica: Write-downs selectivos/masivos de deuda soberana en manos de bancos centrales. Beneficia a todos los directamente implicados y el perjuicio para los países emergentes no parece inevitable. ¿Acaso no beneficiaría también a los países emergentes a medio plazo un “reset” parcial o total del endeudamiento del mundo desarrollado? ¿Acaso no se podrían realizar acciones similares también en esas economías emergentes para evitar el agravio comparativo? El grado de write-downs a realizar podría ser variable según los criterios que los dirigentes financieros y políticos mundiales quisieran aplicar. Podrían hacerse write-downs masivos, selectivos o incluso quirúrgicos. Y por supuesto, las calificadoras de riesgo podrían emitir ratings ad hoc para esta situación extraordinaria temporal. La clave está en la globalidad de la insolvencia y la inmunidad excepcional de los únicos acreedores, lo cual inactiva la mayor parte de los desastres colaterales y contagios que todo default al uso conlleva.

    Quizá este escenario ya esté secretamente planeado desde hace algunos años. O quizá éste sea el plan B, después de fracasar el plan A que preveía enjuagar la deuda con una inflación galopante que se la fuera comiendo con los años. La realidad es que la concentración de deuda soberana en manos de sus respectivos bancos centrales permite la virtual y material eliminación de esa deuda a cargo de los únicos balances del mundo con solvencia infinita. Y el balance de esos bancos centrales ni siquiera crecería, puesto que la emisión de nueva deuda emitida ad hoc por los Estados (para hacer frente a digamos el 50% de las emisiones vivas) y financiada por los bancos centrales, se compensaría con los write-downs de deuda viva impagada que se quisiera eliminar del planeta (digamos el otro 50%). O sea que, una vez reseteada parte significativa de la deuda, además se podría ajustar la masa monetaria y el tamaño del balance de los bancos centrales a conveniencia de las economías de esa nueva Era. Quizá se aprovechase lúcidamente ese “reset” histórico para abandonar el fatídico experimento del fiat money y volver a anclar de algún modo las divisas a un bien finito y tangible como el oro, intangible como los bitcoins, o quien sabe qué.

    Es cierto que esta salida se podría utilizar tan sólo una vez, porque los riesgos de repetir la jugada serían muchos e inescrutables. Y también es cierto que, a pesar de que el acreedor no se viese afectado y la masa monetaria se compensase a demanda, sí lo estarían el resto de activos ante tal manipulación. Y esa afectación tendría un incierto y complejo manejo. Pero no olvidemos que la alternativa, o sea la cruda realidad, es un muro de insolvencia con el que inevitablemente chocaremos algún día. Y la envergadura del problema de deuda impagable es tan masiva y global que la mayoría del peso económico mundial se vería favorecido por esta medida, que sería la Madre de todas las medidas monetarias no convencionales. Y recordemos que las opciones que son más dolorosas para la mayoría (control presupuestario, devolución de la deuda, defaults público-privados…), a pesar de que sean las mejores o únicas soluciones, difícilmente acaban sucediendo.

    Futuro económico apasionante y apasionado el que nos espera a los inversores, sin duda.

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  6. en respuesta a Coe51z
    #4
    Gelsa

    Los tipos negativos nos llevan a un mundo desconocido con consecuencias que ya se atisban y comentaremos pronto.

  7. en respuesta a Gelsa
    #3
    Coe51z

    Si. solo pensaba en los depósitos bancarios. Las aseguradoras lo hacen todas alrededor de esos tipos de interés.

    La gestion del capital que pueden hacer las aseguradoras, es que cuanto más se extiendan los tipos negativos, más se complicará su situación. Al igual que le ocurre a la banca.

    La banca lo nota antes porque la mayoría de sus operaciones son a menos de 12 meses. A las compañías de seguro les llega con algo de retraso porque mueven una gran cantidad de dinero en deuda a mas largo plazo y cada vez se necesitan mas años para encontrar tipos en positivo. En Alemania hay que irse a operaciones a 10 años para tener interés positivo.

  8. en respuesta a Coe51z
    #2
    Gelsa

    Axa. Las aseguradoras entran en el mercado.

  9. #1
    Coe51z

    ¿Donde consigues depósitos al 1%?

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