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Planificación financiera y patrimonial

El futuro drama de ser jubilado

Mucho se ha escrito en las últimas semanas (casi puedo hablar de meses…) sobre el tema de las pensiones en España. Y la verdad es que, sin hacer muchos números, cualquiera puede darse cuenta de que, a menos que sea pensionista o este próximo a la jubilación, cobrar una pensión “decente” en este país va a ser misión imposible.

Parece bastante claro que factores como el descenso de cotizaciones y cotizantes, una pirámide poblacional invertida y un modelo de gestión que no se supo (o no se quiso) modificar a tiempo, y que ahora se contempla casi como una estafa piramidal, otorgan una importancia cada vez mayor a la generación de ahorro privado destinado a cubrir las necesidades que surjan en el momento de nuestro cese de la vida laboral.

Sin embargo, existen ciertos “nubarrones” que se ciernen sobre el ahorro privado (en general) destinado a las pensiones (en particular), nubarrones que de cuando en cuando asoman a la opinión pública pero sin mucho ruido, ya que no conviene (a quienes los gestionan) que el público en general esté alerta. Y si la crisis del sistema público de pensiones puede generar dolores de cabeza, no digamos estos nubarrones…

Sin duda, el más sonado fue el de Chipre, durante el primer trimestre del presente 2013; poco hay más que añadir a lo ya conocido, salvo incidir, como desde este blog hicimos en su día, que supuso un precedente peligrosísimo al que los gobiernos nacionales y supranacionales podrían aferrarse en caso de necesidad, amén de pasarse por el arco del triunfo algunos principios sagrados de la Unión Económica y Monetaria europea (libre circulación de capitales entre países miembros).

No pudiendo ocultar la gravedad del hecho (confiscación directa de parte del dinero depositado en los bancos), los responsables optaron por minimizar los daños propagandísticos, remarcando la especial idiosincrasia del sistema financiero chipriota y la sola afectación del dinero depositado en los bancos (cuentas y depósitos).

Sin embargo, hace poco más de un mes pudimos comprobar cómo estos no son los únicos productos que el estado puede confiscar; Polonia, miembro de la UE, aunque no del Euro, confiscaba algo más la mitad de los planes de pensiones privados (la parte invertida en deuda pública doméstica).

Desconozco cuál es el grado de protección del sistema público de pensiones polaco, pero a poco que se parezca al español, esto supone un auténtico varapalo para aquellos ahorradores que hayan destinado parte de sus ingresos laborales y empresariales al ahorro, con el fin de poder afrontar la etapa de la jubilación de manera más digna, especialmente duro en el caso de aquellos cuya edad de jubilación está próxima.

Obviamente, resulta muy complicado extrapolar esta situación a España… por el momento. Porque, una vez más, el problema para el ahorrador español no es el hecho en sí (dudo que haya algún afectado español), sino el precedente que sienta en el seno de una unión económica cada vez más devaluada y utilizada al servicio de los países más ricos.

Pero es que las amenazas de ataque a los ahorradores no acaban aquí; hace unas semanas, el FMI sugería que una forma rápida y eficaz para reducir los déficit públicos en Europa sería aplicar un “impuesto único” a toda la población sobre la totalidad de su riqueza (financiera, inmobiliaria,…), estimando que debería ascender a un 10% de esta riqueza y que, de aplicarse, debería hacerse con la máxima rapidez y la mínima publicidad previa a la aplicación; es decir, sugiere que, a poder ser de un día para otro, el estado confisque el 10% de toda nuestra riqueza, sea cual sea su procedencia.

Todas estas situaciones me llevan a reflexionar sobre dos cuestiones; por un lado, realizar una planificación de la situación financiera, sea propia o ajena, es una labor en si misma complicada, dado que los niveles de incertidumbre con los que hay que contar (evolución de los ingresos, rentabilidad de los activos, necesidades…) son muy elevados, pero todas estas situaciones elevan esa incertidumbre a niveles estratosféricos, ya que además tenemos la amenaza de un cambio en las “reglas de juego” que pueden afectar de manera radical e inesperada a nuestras expectativas, lo que otorga un margen de maniobra muy escaso que puede afectar de manera dramática a nuestro patrimonio y, por extensión, a nuestro nivel de vida.

En mi opinión, la gestión de estos riesgos regulatorios debe tenerse en cuenta de manera relativa, por dos motivos; el primero es que su aplicación, tanto el momento como el ámbito, es totalmente incierta, lo que hace que podamos reducir el rendimiento potencial de nuestra cartera de inversiones o, por el contrario, asumir unos niveles de riesgo sustancialmente superiores a los recomendados. Por otro lado, la única forma efectiva de “cubrir” totalmente ese riesgo es ocultar esa riqueza a las autoridades, cosa que radicalmente desaconsejo tanto por las consecuencias legales en las que podemos incurrir como por las dificultades y costes que deberíamos afrontar.

Pero, quizás lo peor es la deriva que están tomando algunos políticos europeos (como ya comente en mi último post, quizás el peor problema económico de la actualidad…) respecto al tema de un sector de la población, el de las personas jubiladas o próximas a la jubilación, cuya capacidad de reacción económica es muy reducida. Con una pirámide de población invertida, una crisis económica que afecta de forma desigual a la población, pero que aún está presente, y un déficit público que, salvo honrosas excepciones, sobrevuela muchas economías de la Eurozona, es evidente que las políticas sociales destinadas a este segmento de población se reducirán de manera progresiva. Pero lo que es inadmisible es que, además de esta reducción, este segmento de la población sea el objetivo de la política confiscatoria de algunos gobiernos, ya que en ningún caso es lo mismo asumir un “golpe” a la riqueza cuando nos queda una vida laboral por delante de 20 o 30 años, donde nuestros ingresos pueden compensar esa pérdida, que cuando debemos vivir de esa riqueza ya acumulada o de la pensión que nos ingresa el estado.

Si se dan estos factores, estaremos condenando a la pobreza (indigencia en algunos casos) a una parte importante de este segmento, lo que es francamente injusto y peligroso. Porque, acuérdense de aquel poema de Bertolt Brecht, “primero cogieron…”

  1. #3
    Sasha

    Gracias por afirmarme en mi punto de vista sobre los planes de pensiones; da gusto entrar en la cuarentena sabiendo que vas perfilando tu estrategia de ahorrador. Qué pena que no pueda recuperar facilmente aquello que metí en aquellos tiempos en que no leía por dónde iba mi dinero.

    Y otra cosa; esa cita no es de Bertol Brecht, sino de Martin Niemöller.

  2. #1
    Berkaloff

    Me tomo muy en serio esta amenaza que se cierne sobre el futuro de todos , incluso la considero inminente.
    Estoy advertido. Gracias, pero no sé qué hacer.

    ... Avisaré a mis conocidos, pues cuando las preferentes se vendían por la TV junto a los "bonos" de Ruiz Mateos conseguí evitar que les engañaran.

    Curioso, algunos se reían de mí porque consideraban la información de los blogs como algo vulgar, donde cualquiera podía decir lo que quisiera sin ningún fundamento.

    Otra vez gracias.

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Autor del blog
  • Danlopveg

    Daniel López Vega. Analista financiero y patrimonial. Asesor Financiero Independiente. Apasionado de los mercados desde hace casi 20 años. Y bloguero en los ratos (pocos) libres...

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