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Mientras algunos siguen temiendo a la hiperinflación, otros consideran la hiperinflación como una solución al problema que nos ocupa ahora. En fin, como siempre, estamos confundiendo las situaciones particulares con las generales, y analizamos como nos va en la feria.

Por supuesto la hiperinflación será un problema o una solución para cada una de las personas, dependiendo de la situación en la que cada uno se encuentre. Por supuesto, lo mismo será para el sistema económico.

Una subida de precios incontrolada, provocaría un buen número de efectos pero en sentido estricto, se parecería bastante a un reinicio del sistema. Desde luego la hiperinflación es un reset en el sentido de que una subida espectacular de los precios, provoca que las deudas pierdan valor, a la vez que los saldos bancarios. En consecuencia, lo que se consigue es un brutal “empezar de nuevo”.

Por tener una regla simple una inflación del 100%, equivale a decir que el dinero y las deudas reducen su valor a la mitad. Si tenemos una inflación del 1.000%, el dinero y las deudas supondrán el 10% de sus valores actuales.

Por tanto, desde luego es sencillo entender que en una situación de hiperinflación los excesos de endeudamiento desaparecen por arte de magia.

Para entender como afecta a cada colectivo en particular, lo que tenemos que entender es de donde salen las rentas de ese colectivo. Si estas rentas se adecuan a la inflación, el colectivo sale beneficiado; en caso contrario, el efecto será perjudicial. En el post en el que intentaba explicar que la inflación no es el impuesto del pobre, sino el impuesto del rico, ya hablé de esto y en el fondo es muy sencillo verlo, la inflación es la perdida de valor del dinero, por lo tanto afecta a quien lo tiene. No es demasiado complicado.

En este sentido en un contexto de hiperinflación, las empresas no financieras verían como sus ingresos se incrementan; por una pura matemática simple: Si la hiperinflación mide los incrementos de los precios de los bienes producidos, pues ¡es sencillo verlo!, ¿no?. En consecuencia las empresas serían grandes beneficiadas por un proceso de hiperinflación ya que al final los precios son los que determinan el nivel de ingresos de las empresas. Por supuesto, los efectos sobre las inversiones, y el ciclo productivo magnificarían los beneficios, (ya hablé el otro día de los efectos de la deflación y serían los inversos).

Respecto a las personas que vivan de rentas del trabajo, es de suponer que se verán menos beneficiadas, por los retardos en las actualizaciones salariales, pero desde luego se verían beneficiados en el medio plazo.

Para las cuentas públicas, normalmente se tiende a considerar que sería un desastre, en un error que llevamos arrastrando unos 80 años, y que parte de los problemas del estado alemán en su proceso de hiperinflación de los primeros años de la década de los años 20 del siglo pasado. El problema es fácil de ver, ya que en aquella época, los impuestos se liquidaban a posteriori, de tal forma, que se cobrarían el año que viene los impuestos correspondientes a los rendimientos de este año; en una situación de deflación, la realidad es que fruto de la hiperinflación, cuando se percibían los impuestos estos no valían nada. (imaginemos que paguemos el 20% de nuestra renta, pero dentro de un año; en caso de un proceso de hiperinflación esto supone que cuando vayamos a pagar lo correspondiente, este importe habrá perdido tanto valor que todo el esfuerzo que deja de soportar el contribuyente al pagar algo tan devaluado, es lo que el estado no puede cubrir).

Hoy la situación es sustancialmente distinta, debido a los esquemas de pagos fraccionados y retenciones, de tal forma que no se aplaza el pago de los impuestos, sino de la liquidación definitiva. En este sentido, y dado el endeudamiento de los estados, lo cierto es que los estados tendrían un impacto inmediato mejorando la sostenibilidad de las cuentas. Dado que el estado debe en torno a 400.000 millones de euros, evidentemente ha de recaudar este importe para cuadrar las cuentas. Por supuesto en un contexto de hiperinflación será mucho más sencillo.

El grave problema lo encontramos en aquellas personas que de alguna u otra forma viven de ahorros no invertidos en activos. Tal y como los precios significan los ingresos de las empresas y los sueldos los de los trabajadores, nos quedan las rentabilidades y plusvalías para los ingresos de los ahorradores, bien directamente, bien a través de los instrumentos de inversión colectiva, como son los fondos de inversión o pensiones; (lo que comúnmente llamamos los inversores).

Estos inversores se verán afectados en función del activo en el que hayan invertido.

En este sentido si se invierte en bolsa, nos encontramos con que la mejoría de las empresas supondría mejoría en las cuentas y en consecuencia en las cotizaciones, pero las mejorías serían indirectas, y en consecuencia menores. Por supuesto, todas aquellas inversiones en mercados monetarios, mercados de renta fija o deuda de cualquier clase, simplemente se evaporarían.

No es difícil entender que los bancos, serían los principales destinatarios del golpe y a pesar de las oportunidades que se pueden generar, está claro que el primer impacto es que sus activos, (que son las deudas de los demás principalmente), son los que más sufrirían.

Respecto a los sistemas de pensiones, tenemos la eterna discusión entre los dos sistemas existentes, por un lado aquellos de capitalización, (el modelo anglosajón) y por otro lado aquellos basados en sistemas de reparto, (por ejemplo el Español). Está claro que el impacto sobre las pensiones sería completamente distinto. En un sistema de reparto, los ingresos del sistema dependen de los sueldos y trabajadores en cada momento del tiempo; en consecuencia, la situación sería similar a la de los sueldos. Al subir los sueldos, sube en la proporción la cotización y por tanto suben los ingresos que permite subir los gastos sin excesivos problemas.

Por supuesto, en un sistema de pensiones privado o de capitalización, una situación de hiperinflación sería la hecatombe, ya que es fácil entender que no sería sostenible pagar las pensiones con aportaciones de años anteriores y por tanto muy devaluadas). Desde luego este sería el problema más grave de un proceso de hiperinflación, ya que simplemente condenaría a la indigencia a una parte importante de la sociedad. En caso de un proceso de hiperinflación, desde luego, tendría que existir una profunda reforma de la seguridad social, (y desde luego no en el sentido que se plantea actualmente).

Por supuesto, el tema de las pensiones privadas no sería el único problema, ya que es más que evidente que un proceso de hiperinflación tendría, como cualquier shock, una cantidad de problemas inmensa. Desde luego, es fácil ver que en lo que se refiere al sector exterior, la competitividad de las empresas cuando intenten exportar en mercados que no sufran un proceso similar se volatizará. Por supuesto, en este punto la situación variará según sea el proceso en las distintas economías y de la evolución de los tipos de cambio.

Un proceso de hiperinflación en una economía, no acompañado por otra en un entorno de tipos de cambios fijos, estables o la misma moneda acaba siendo un desastre.

En todo caso, aún existiendo esta diferencia de precios, tendríamos dos efectos complementarios. Por un lado nos encontraríamos con que las importaciones de los bienes se abaratan en términos reales, (El esfuerzo de pagar petróleo a 80 dólares, varía en función del nivel de precios en la economía, de tal forma que cuantos mayores sean los precios locales, menor esfuerzo genera el pagar los productos foráneos). Por supuesto, este menor esfuerzo implica que las importaciones se incrementan y las exportaciones caen, de tal forma que al final acabamos desequilibrando la balanza comercial. Por tanto la actividad cae.

Por supuesto si la hiperinflación es mundial, el efecto sobre el saldo exterior no existiría, ya que es fácil entender que el efecto exterior se basa en los diferenciales de inflación y no en la inflación en sí. En todo caso, este problema se podría paliar o solucionar mediante los tipos de cambio flexibles.

Como se puede comprobar los efectos del “reset” son demoledores, tanto que hoy es inviable en las circunstancias actuales buscar esa solución. En todo caso, me gustaría aclarar que no creo que un proceso de hiperinflación sea una solución adecuada a la situación actual, pero lo cierto es que la inflación si es una solución, (siempre que se traslade a las rentas). Pero esto que parece tan sencillo de ver, es hoy en día inviable, porque realmente los problemas de la hiperinflación no son otra cosa que los extremos de los problemas de un proceso de inflación. Mejor explicado, me he centrado en un proceso de hiperinflación para exagerar y remarcar los problemas que cualquier proceso de inflación generan.

Y espero que se vean de forma sencilla: por un lado, los sistemas de pensiones privados basados en capitalización, pagan en una moneda devaluada las cotizaciones de los participes, lo cual genera el fin del sistema de pensiones de acumulación. Por otra parte necesita tipos de cambio flexibles para que las economías no queden ancladas unas a otras.

En definitiva, mientras los países anglosajones no cambien el modelo de sus pensiones no puede haber solución. Mientras podríamos protegernos de estas situaciones tocando el tipo de cambio.  Lamentablemente, si nosotros nos protegemos tocando el tipo de cambio, la realidad es que el sector financiero estadounidense, (otra vez las pensiones), no generaría los rendimientos del Carry Trade. Esto es sencillo verlo, en las operaciones de Carry Trade nos encontramos el típico juego de suma cero, (o negativo por las ineficiencias que siempre existen), ya que no se crea absolutamente nada. Por entendernos, lo que logre captar la banca de inversión USA son recursos que detraen del resto del mundo. Si nosotros protegemos los recursos con el tipo de cambio, la banca de inversión USA se desmorona.

Desde luego, sin inflación es imposible salir de esta, y por tanto, a pesar de que técnicamente las medidas están muy claras, (ya ha sido realizado en los años posteriores a la segunda guerra mundial), la realidad es que las posibilidades pasan por claudicar de ciertos dogmas que ahora nos encontramos en todos lados, y desde luego pasa por una reforma de la seguridad social, (o mejor dicho, por la creación de) en USA. En caso contrario, la solución pasa por devaluar, y desde luego en el caso Español, por la salida del euro y devaluar.

En todo caso, ambas medidas sinceramente creo que son inevitables y quizás debería alguien pensar en que más vale dejarse de luchar para mantener en pie algo que se está desmoronando y comenzar a pensar en recomponer el sistema cambiando lo que nos ha llevado al desastre.

  1. #6
    02/06/10 20:04

    La hiperinflación ocurre cuando alguien fabricó demasiado dinero. Ese dinero se lo gan aalguien, y el consumidor que sufre la hiperinflación lo pierde en forma de pérdida de poder adquisitivo. La hiperinflación es la última etapa del fraude de Ponzi macroeconómico del sistema financiero.

    La hiperinflación y desindustrialización que son fenómenos que corren paralelos, causaron la revolución francesa, la revolución bolchevique, la revolución en China, y disturbios con saqueos, hambre y muertos en Argentina en 1989.

    Si a los políticos no les importa sufrir lo que a María Antonieta a manos de la gente, podría decirse que sí, la hiperinflación es la solución...

    La otra opción sería poner a raya a los bancos, y eliminar y vigilar los mecanismos de creación de inflación.

    La hiperinflación sólo sería buena para un político al que guste que le afeiten la barba con guillotina.

  2. en respuesta a Ramon13
    #5
    20/04/10 19:03
  3. en respuesta a Ramon13
    #4
    20/04/10 19:01
  4. #3
    20/04/10 18:58

    En nuestro caso seria posible estar un tiempo mas en deflacion mientras otros estan en inflacion...salir de la deflacion y entrar en inflacion...mal panorama.
    Los expertos dicen que se esta derivando hacia la inflacion...mas que nada porque la prefieren a la deflacion...
    1) El mantenimiento del exceso de la liquidez en las entidades de depósito por parte de la Reserva Federal y del BCE.;
    2) Los persistentes y crecientes niveles de gasto público y de déficit públicos; y
    3) Los recientes aumentos de los precios de los activos a nivel internacional, fundamentalmente, los precios de los productos básicos y del petróleo.

  5. en respuesta a Cachilipox
    #2
    20/04/10 15:51

    ¿Se atreve usted a calificar de éxito la implementación de un sistema que usted mismo duda en cuanto a si calificarlo como suficiente en cuanto a prestaciones?

    Además, el problema es que la insuficiencia en cuanto a prestaciones no es un evento casual, sino que viene determinado por la función que cumplen los fondos de pensiones en el sistema financiero: devorador de marrones. Cuando hay un marron volando por ahí ¿quién se queda con él? ¿Los bancos? ¿las grandes fortunas? ¿Los particulares? ¿Conocen ustedes algún particular que haya comprado fondos inmobiliarios últimamente?.

    Los que se queden el marrón serán al final aquellos agentes de mercado cuyos gestores menos se resistan a quedarse con ellos (lo cual implica de entrada que no sean sus propietarios), y dentro de éstos, aquellos que ponen más trabas a la fuga de fondos. Es decir: Los fondos de pensiones, y en menor medida los fondos de inversión.

    Y, claro, poca rentabilidad puede tener un producto que se queda al final con todos los marrones que andan circulando por ahí y además cobran unas comisiones abusivas. Y todo a cuenta de una desgravación insuficiente que no es más que una subvención encubierta al sistema financiero y que además en buena medida hay que devolver a la hora de cobrar.

    Un chollo, vamos

  6. #1
    20/04/10 14:05

    La traba del sistema de pesiones no tiene porque ser tal. Todo depende de como estructuremos tanto al agente gestionador-pagador como al mecanismo-subyacente de garantía-rentabilidad.

    Se hace mucho énfasis en la pretendida diferencia radical entre capitalización y reparto, dando por supuesto implícito que capitalización es algo gestionado por la banca privada, y reparto por la administración pública. Eso es solo una de las muchas posibilidades.

    De hecho, un sistema tal que el español, sin ninguna modificación (un pretendido sistema de reparto público) salvo en el cómputo de la vida laboral, que se alargase a la totalidad de cotizaciones, pasa a convertirse por arte de virlibirloque en un sistema de capitalización individual.

    Un sistema cuya implementación fue un éxito (no tanto así su suficiencia a nivel de prestaciones presentes...) es el chileno. Curiosamente ese sistema pudo implementarse con éxito no tanto basado en la pretendida supereficiencia del agente privado, sino meramente a que la totalidad de los fondos iniciales (aportados por el estado) fueron "invertidos" en deuda pública del mismo estado, con una rentabilidad garantizada superior al IPC. Si a mi me dan a gestionar un fondo de pensiones, y me facilitan un activo superseguro (deuda pública) con una rentabilidad garantizada del IPC+diferencial positivo, hasta el más tonto hace palillos.

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