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¿La corrupción es un juego suma cero?

En el post de ayer me sorprendió la aparición de dos comentarios que me aclaraban que la corrupción y los robos son un juego de suma cero.  Creo hay cosas que deberíamos tener claro a estas alturas, pero parece que no es el caso.

Un juego de suma cero es aquel en el que los beneficios y perjuicios están equilibrados. Aquel en el que la situación global final queda equilibrado. Asumir que la corrupción o robos es un juego de suma cero implica asumir que si una persona roba 47 millones de euros la situación final de los españoles queda igual. En definitiva, que tenemos un español con 47 millones de euros más y 47 millones de españoles con un euro menos.

Para mayor asombro esto me ha venido desde comentaristas que (siempre en mi opinión) se definen como liberales o defensores del libre mercado. Para explicar la perplejidad me voy a ir un poco atrás en el tiempo: concretamente hasta el siglo XIX. Hace más de 150 años Frédéric Bastiat (un liberal defensor del libremercado) nos explicaba la falacia de la ventana rota:

Imaginaba que un niño rompía un escaparate de un comercio. Después del cabreo lógico, el comerciante tendría que comprar un escaparate nuevo. Por tanto el que colocó el escaparate tendrá un dinero que no tenía antes y su trabajador percibirá un sueldo. Ambos gastarán ese dinero en pan, que dejará más beneficiados, que comprarán zapatos y así sucesivamente, de tal forma que incluso el dueño del escaparate acabará siendo beneficiado.

La conclusión es que todo el mundo queda muy contento.

Bastiat introdujo este caso en un ensayo que se titulaba: “lo que vemos y lo que no vemos”. Hoy lo podemos volver a editar sin ningún género de problema. ¿Cuál era el truco? Pues que no se contempla la situación de que el comerciante que tiene que pagar el escaparate inicial compraría el pan, iniciando él mismo la cadena sin el coste inicial. Por no hablar de la quiebra de todo lo relacionado con el libre mercado (entre otras cosas resulta que el dueño del escaparate deja de elegir sus decisiones de gasto).

La situación ha llegado al absurdo de que tengamos que recordar a Bastiat frente a personas que vienen desde el mundo del supuesto liberalismo. Normalmente se utiliza para criticar a los keynesianos; pero las cosas son así.  Vamos camino de que esta persona sea considerada hereje, comunista o cosas similares porque aparte de esta falacia escribió un libro llamado “la ley” donde hablaba del saqueo legal de los Estados. Hoy todos parecen ver su idea de que el estado es una máquina para robar a los contribuyentes y transferir su renta a otros; pero nadie parece ver que concretaba que se está robando a los pobres para dárselo a los ricos. 

Volvamos al aspecto de la corrupción. Imaginemos que una empresa cotizada paga un importe determinado para conseguir cualquier contrato público (imaginemos que estamos hablando de algo real que se infla). Pensemos en el famoso 3%.  Resulta que una empresa paga 3 millones a un político, lo cual significará que habrá un negocio de 100 millones. La empresa hará la obra, contratando trabajadores y tendrá unos beneficios. El político, el partido político al que pertenezca, los trabajadores de la empresa contratada, los directivos de la empresa contratada, los accionistas de la empresa contratada quedarán encantados; los de bolsas y mercados también quedarían encantados porque el anuncio del beneficio viene bien para la cotización y el volumen de contratación; todo esto afectará a los mercados financieros. Pero como además todos se gastarán al menos una parte del dinero, tendremos buenas noticias en las panaderías, las zapaterías y en toda suerte de negocios que hasta incluiría los burdeles.

Pero no sólo esto. Si esta práctica se generaliza tendremos un concepto abstracto en forma de deuda pública (los 100 millones de este ejemplo más otros iguales van haciendo dinero). Es posible incluso que luego haya que ajustar el presupuesto público, lo que significa que surgen oportunidades en otros sectores: si el Estado cobra más por la educación, tendremos una oportunidad para las escuelas de negocios privados, lo que genera nuevas oportunidades para la creación de riqueza en personas, trabajadores y empresas que contratan con estas academias... etc.

Bastiat afirmaba que el calificativo de vándalo al niño que rompía el escaparate existiría por las mismas razones por las que se usaba el interés general de la sociedad para justificar el expolio legal. Nadie iba a reconocer lo que en realidad todo el mundo pensaba: el niño había producido un gran beneficio.

 Pues en esto ocurre lo mismo; nadie va a reconocer que le gusta la corrupción. Pero mucha gente “comprenderá” que ni es grave, que no es importante o incluso que es beneficiosa (supongo que ya he dicho que nadie lo reconocerá jamás). A fin y al cabo se reconocerá sin problemas que el hecho de que alguien se lleve 3 millones en una obra de 100 millones no es demasiado importante. Sería mejor que no se los llevase, pero el único problema que podemos llegar a ver es que se quita un poquito a cada ciudadano y se le da a otro.

En particular, tampoco lo van a reconocer ni los corruptos ni las empresas que pagan la mordida con cargo a los contratos recibidos. ¡Con todo el beneficio que se ha generado!

Imaginemos que alguien se queda con un poquito de dinero por darle a una cotizada un dinero para construir una supuesta depuradora. Pues tampoco parece demasiado grave la cosa; no vamos a decir que se ha ganado en global pero ¿qué perjuicios hay? Los pocos que pudiera haber quedan compensados de sobra, porque está perfectamente claro que la cotizada de turno puede crear más riqueza con los millones recibidos que el gobierno.

Con todo esto, es sencillo inferir que no pocas personas pensarán que el tema de la corrupción es más un tema de prejuicios que de perjuicios reales. Pues no lo es, simplemente estamos ante la falacia de la ventana rota en base a lo que no se ve.

Si se quita un euro a todos los españoles para darle 47.000.000 a una cotizada por un contrato que no existe (o que es inútil o que podría costar 20.000.000) estamos quitando a los españoles un euro para que decidan su gasto (de la misma forma que eliminábamos la posibilidad de que el dueño del escaparate roto destinase su dinero a comprar pan). El mismo procedimiento se activa si tras todos los excesos aparecen recortes y los españoles se ven obligados a pagar su educación a una escuela privada (y pongo este ejemplo porque Adam Smith dedicó todo un capítulo de la riqueza de las naciones a explicar las razones por las que la educación debería ser pública). Y resulta que aún por encima gran parte de los beneficios se van fuera del país (ya se sabe: los inversores internacionales). Sé que puede parecer herejía poner algo aquí de esto; Bastiat concluía que la destrucción nunca podía generar un beneficio; y por la misma razón que se vayan recursos difícilmente va a generar un beneficio.

He de reconocer  que me cuesta (muchísimo) entender que alguien defienda que la corrupción es un juego de suma cero desde una perspectiva de una óptica de aversión al presupuesto público. Cualquier persona que defienda que el dinero destinado al presupuesto público destruye por sistema entiendo que debería entender que la corrupción no es un juego de suma cero. ¿Qué ocurre aquí? Si tengo que pagar 1.000 euros al erario público por lo que sea todo el mundo estará de acuerdo en que son demasiados porque detrae recursos que podrían generar riqueza (y todo este argumentario que doy por reproducido). Pero ¿si van para un corrupto ya estamos ante un juego suma cero? Esto sólo puede tener sentido si confundimos negocios con riqueza (lo cual es habitual).

Pero los perjuicios no acaban aquí. La corrupción destroza la confianza en el sistema. Lo he dicho muchas veces; una óptica liberal se supone que se basa en la existencia de una serie de normas (las menos posibles) pero que sean totalmente imperativas. Hay muchas otras sensibilidades que tienen un respeto menor (o directamente nulo) por las normas: fascismos, tiranías, anarquistas… Entenderé que tiene sentido discutir el efecto de incumplir unas normas a los que creen que no sirven para nada o a aquellos que creen que lo mejor es ir haciendo una norma para cada caso (en función de lo que interese o no). 

A estos últimos les explicaría que la corrupción (y en general cualquier clase de cachondeo al respecto de unas normas básicas diseñadas para el interés general) tiene otro gran problema. Cuando un corrupto vulnera una norma para apropiarse del dinero de los contribuyentes, sale dinero que el contribuyente puede destinar a comprar el pan. Pero además se va por el retrete la confianza que pueda tener.

Cuando cualquier persona toma cualquier decisión de consumo (piedra angular de todo sistema que pretenda basarse en el mercado) tiene en cuenta toda una serie de aspectos y la corrupción los altera todos profundamente:

-          Te quita dinero directamente: afecta a la renta.

-          Te lleva a asumir que te quitarán más (destroza la confianza).

-          Se ha de tener en cuenta que queda perfectamente claro que los intereses generales no son importantes a la hora de actuar (más destrozos en la confianza).

-          Todo ello nos lleva a anticiparnos a una situación en la que tendremos que pagar la cuota de negocios en bienes y servicios básicos de los que no podremos escapar.

La confianza y la renta de los consumidores se ven afectados; pero nada que ver con las empresas (y sus trabajadores, proveedores y los clientes de estos….) que no participen en estos juegos. Una empresa que pretenda operar de forma limpia en un sector en el que haga aparición la corrupción generalizada está muerta. Una empresa que pretenda crear valor en sus productos estará muerta también (tanto por las circunstancias como por el hecho de que sus clientes están machacados y temblando).

Hace un tiempo me había hecho gracia una editorial de “El País”. Luis Pérez-Galiano escribía sobre la importancia de la ejemplaridad en las instituciones por la publicación de un libro que se llama “Why Nations Fail” (Acemoglu y Robinson) en la que aparecía una crítica a sus teorías que expresaba de la siguiente forma:

la obra de Acemoglu y Robinson ha sido también objeto de críticas fundamentales, que reprochan su énfasis casi exclusivo en lo institucional y la dificultad de explicar el éxito económico de naciones no democráticas como China, donde la ausencia de instituciones pluralistas o inclusivas debería hacer imposible el crecimiento sostenido (de hecho, los autores eluden esta inconsistencia de su marco conceptual pronosticando el colapso del gigante asiático). 

Puede sorprender todo mucho; pero la realidad es la que es. Un 18 de febrero de 2016 tengo que convencer a dos personas (que creo que se definen como liberales) que la corrupción y los robos son un juego que destroza todo el sistema. Eso lo hago en un país (también cargado hasta arriba de personas que defienden el libre mercado) destrozado,  que nada en la corrupción (y el mercadeo) y en el que la novedad es que surgen temores a un conflicto diplomático por la detención de la cúpula de un banco que es propiedad de un país comunista que hace lo que puede por no colapsar. Y el resto del mundo mientras tanto, totalmente entregado también a unos criterios new age del libre mercado, reza para que el país comunista funcione y para que unos cuantos países (nada o poco democráticos en su más amplia definición) lleguen a un acuerdo oligopolístico para que nos suban el precio de las materias primas que necesitamos.

Todo ello para crear riqueza; y mientras hemos de creer que lo importante son los valores y fundamentos económicos, en lugar de los mercados financieros que sólo mejoran porque mejoramos todos.

Se aprovecha el comentario para criticar mi gazpacho mental y ampliar criticas de días anteriores en las que se manifiesta que no entiendo nada. Pues hay días que creo que no entiendo a nadie.

Para acabar el post me gustaría pedir algo para que la ironía me quede redonda. ¿Alguien podría hacerme el favor de dejar un comentario diciendo que todo es falso, salvo alguna cosa? Lo agradecería mucho y… ya tal.

Lecturas relacionadas
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  1. #7
    Pelos sr

    Lo de sumar cero o no... me temo que es irrelevante. Al final sí puede que sume cero,pues se travasa, al igual que el robo que comenta el post anterior, un capital de muchos a una mano. Malo, pero suma cero.

    Lo que no puedo entender,,, es ...que alguien ( basado en teorías filosóficas o en lo que sea) pueda argumentar un lado positivo en la corrupción. ¿cómo va a crear riqueza esquilmar el erario público a favor de 4 políticos que se lo meten al bolsillo???
    Los argumentos de que una cotizada va a hacer una obra (con sobrecoste)y así genera riqueza son infumables : Vamos a ver...
    Si una obra hay que hacerla, porque es un bien público (no un aeropuerto en Ciudad Real)... pues hay que hacerla igualmente... pero en tu ejemplo, en vez de costarnos 103 millones a los contribuyentes, nos costaría 100 . ¿cual es la diferencia en la creación de riqueza para todos??? NINGUNA..todos nos beneficiamos por igual... excepto que hay que sumarle "UN solo señor" que tiene en su bolsillo 3 kilos. Y esos 3 kilos... ¿dónde genrarán más riqueza, en manos de uno o en los 3 millones de contribuyentes que han puesto un euro.. y algún día igual no compran el pan.

    Me explico mal... pero es que me la repanfinfla que en teoría sume cero o no... No hay que ser muy listo para saber que si del dinero que todos pagamos, hay alguien que se lo enfunda en su bolsillo... es un ROBO al contribuyente. Algo más sencillo (mi mente simplista no me permite arguemtar mejor) : si no hubiera políticos (y empresas) corruptos... con el MISMO (igual cantidad) dinero que pagamos en impuestos.... tendríamos para mejores servicios y más obras necesarias. Así de simple.
    Sólo un corrupto puede defender el robo.
    Weno Tomas... un saludo

  2. #6
    Chino69

    Que una persona robe x dinero y se lo lleve a suiza nunca puede sumar 0.
    Primero por el 0'00000001 % que me a robado a mi por lo que si pudiese lo ahorcaria yo mismo.
    Segundo cada policia, funcionario del juzgado etc etc que tiene que trabajar en el caso desde que se descubra la trama, hasta que que se pronuncie sentencia esta cobrando un sueldo que a el le aprta riqueza si pero que al estado y en definitiva a mi me cuesta otro 0'000000x a sumar a lo robado y cuando todo termina yo he perdido dinero, el estado ha perdido dinero, los mismos trabajadores han perdido su parte y han dedicado triempo laboral a un caso sin saloda donde el dinero no volvera, el culpable en el mejor de los casos se ira 2 años y tres meses a prision ocasionando mas gasto con lo que me quitaran otro 0'000000x

    Robar puede ser un suma cero....... individuos, yo te robo 100€ yo tengo 100 mas y tu cara de tonto y 100 menos, con tus cien euros me tomo unos jintonic y me voy a un burdel, me quedo como estaba pero mas feliz y tu con cara de lelo puedes consolarte pensando que el camarero y mi amiga de media hora son mas ricos. No sere analista ni economista ni vivire de la bolsa o las inversiones pero no me considero tonto y desde luego, yo no tengo obligacion de pagarle los burdeles ni a grandes empresarios ni a politicos corruptos o demas escoria que vive a cuerpo de rei riendose y controlando el sistema que nos ha tocado vivir

  3. en respuesta a Siames
    - Ver mensaje
    #5
    Yo mismo

    Pd. Un juego suma cero es aquel en el que los perjuicios generados coinciden exactamente con los beneficios en el conjunto de los participantes.

    en un robo el conjunto de perjuicios supera MUY AMPLIAMENTE al conjunto de beneficios,... por lo que nunca es juego suma cero.

  4. en respuesta a Siames
    - Ver mensaje
    #4
    Yo mismo

    robar no es un juego de suma cero.

    Y cuando nadie pierde.....

    estamos en lo mismo...

    "lo que no se ve"... o "lo que no se quiere ver"

  5. #3
    Siames

    Como mezclas churras con merinas siempre en un batiburrillo de ideas. Confunde y Vencerás. Es que tu articulo original hablabas de lo que comentaba Rallo sobre que muchos desde la izquierda achacaban que la riqueza era un juego de suma 0, cuando en realidad es un proceso en el que se genera y por lo que, que suba la bolsa no implica que pierdan los pobres (como por otra parte acabas tu queriendo sostener de alguna manera). Tu comentario alli sobre la corrupción como que no era de suma 0 para ir al final en contra del comentario de Rallo era algo extraño.
    Si, efectivamente la corrupción tienen efectos indirectos negativos (aunque a niveles bajos hay más controversia sobre el tema). De todas formas robar es estrictamente hablando un juego de suma 0: es una transferencia de riqueza entre individuos, que haya efectos indirectos es otra cosa y mezclarlo con el comentario de Rallo daba más pie todavía a la confusion. Si sube la bolsa hay un efecto directo de creación de riqueza, nadie la pierde, del mismo modo que cuando cae se destruye y los pobres como bien dice Rallo no se hacen más ricos por ello. Además que puede haber efectos indirectos, pero no es un juego de suma 0 estrictamente hablando como si lo es la corrupción. Conviene entender lo que es un juego de suma 0 estrictamente hablando y lo que no, sobre todo a alguien que se hace pasar por economista. Pero vamos feliz de darte pie a que escribas mas y mas articulos donde mezclar obviedades, confusiones y mas batiburrillos

  6. #1
    W. Petersen

    Lo único que es falso, es que suma cero !!!!!

Autor del blog
  • Yo mismo

    Mi nombre es Tomás Iglesias, y como todo el mundo sabe, no es fácil describirse a uno mismo. En mi caso es muy sencillo. Soy una persona que ha tenido la oportunidad y la suerte de estudiar Económicas y acabar apasionandome por una disciplina que entiendo como algo que ha de servir para que mejoremos todos.

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