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La ventaja que tienes tú y que un fondo de 5.000 millones no puede comprar

Álvaro Guzmán y Alejandro Estebaranz han hablado en distintas ocasiones de un problema que afecta a los grandes gestores: cuando manejas muchísimo dinero, hay oportunidades que sencillamente dejan de estar a tu alcance.

Y aquí aparece una paradoja fascinante:

Puede que tú, con 100.000 euros, tengas una libertad que un fondo de 5.000 millones no tiene.

No tienes sus analistas.

No tienes sus bases de datos.

No tienes su equipo.

No tienes acceso directo a los mejores directivos.

No tienes décadas de experiencia.

Pero tienes algo que ellos no pueden comprar.

Puedes moverte.

Y quizá esa sea una de las ventajas más infravaloradas del inversor particular.

Imagínate que mañana encuentras la inversión perfecta


Descubres una empresa extraordinaria.

Está creciendo.

Tiene poca deuda.

El equipo directivo está alineado con los accionistas.

Genera mucho efectivo.

Tiene una posición competitiva difícil de replicar.

Y, por alguna razón, el mercado apenas le presta atención.

Capitaliza 300 millones de euros.

Tú analizas la compañía durante semanas.

Llegas a la conclusión de que vale bastante más.

¿Qué haces?

Si tienes 100.000 euros, puedes comprar 10.000.

O 20.000.

O 30.000.

La operación puede tener una importancia enorme para tu patrimonio.

Pero para un fondo que gestiona miles de millones…

puede ser prácticamente irrelevante.

Y aquí empieza la historia.

El problema de ser demasiado grande


Hay una frase que resume perfectamente esta situación:

“No todas las oportunidades son escalables.”

Una empresa puede ser extraordinaria y, sin embargo, no ser invertible para un fondo gigantesco.

¿Por qué?

Porque el fondo necesita poner cantidades enormes de dinero a trabajar.

Y cuando aumenta el tamaño aparecen restricciones:

  • liquidez;
  • volumen negociado;
  • impacto de mercado;
  • límites de concentración;
  • diversificación;
  • flujos de entrada y salida;
  • tamaño mínimo de las posiciones;
  • capacidad para comprar y vender sin mover demasiado el precio.

El particular puede comprar 20.000 euros de una compañía pequeña y olvidarse.

Un fondo enorme necesita preguntarse:

“¿Qué porcentaje de la cartera representa esto?”

Y de repente una compañía que puede ser una inversión excelente deja de ser suficientemente relevante.

El elefante y la ardilla


Aquí aparece una de las paradojas más bonitas de los mercados.

Un elefante tiene muchísima fuerza.

Pero no puede esconderse detrás de un árbol.

Una ardilla tiene mucha menos fuerza.

Pero puede meterse prácticamente en cualquier sitio.

Los grandes fondos son elefantes.

Los particulares somos ardillas.

Y el mercado está lleno de oportunidades demasiado pequeñas para los elefantes.

Ese es nuestro terreno.

Álvaro Guzmán lleva años hablando de este problema


Álvaro Guzmán de Lázaro ha explicado en diferentes intervenciones cómo el tamaño de los activos gestionados puede limitar el universo de inversión.

Y tiene toda la lógica del mundo.

Imagina descubrir una compañía de 200 millones de capitalización que cotiza con un descuento enorme.

Si gestionas 100.000 euros, puedes comprarla.

Si gestionas 5.000 millones, quizá ni siquiera merezca la pena dedicarle una posición significativa.

No porque sea mala.

Sino porque es demasiado pequeña para mover la aguja.

Esta distinción es fundamental.

El tamaño no solamente proporciona ventajas.

También crea restricciones.

Y aquí aparece Alejandro Estebaranz


Alejandro Estebaranz ha contado públicamente cómo, antes de comenzar a gestionar profesionalmente, llegó a manejar como inversor particular una cartera relativamente concentrada.

Después, al convertirse en gestor profesional, aparecen otras necesidades.

No puedes gestionar el dinero de miles de personas exactamente igual que gestionas tu patrimonio.

Hay que tener en cuenta liquidez.

Diversificación.

Riesgo.

Flujos.

Tamaño de las posiciones.

Y muchas otras restricciones.

Es decir:

convertirte en profesional te da herramientas.

Pero también puede quitarte libertad.

Y esto es algo que muchos inversores particulares no valoramos suficientemente.

El particular puede hacer algo que un fondo no puede hacer


Puede decir:

“No compro nada.”

Parece una tontería.

No lo es.

Un inversor particular puede pasar seis meses estudiando empresas y no invertir un solo euro.

Puede esperar.

Puede mantener liquidez.

Puede dejar que el mercado haga lo que quiera.

Puede esperar a que aparezca una oportunidad.

Un fondo, en cambio, tiene un mandato, una estructura y unos inversores detrás.

Y gestionar dinero ajeno significa convivir con una realidad inevitable:

los inversores también toman decisiones.

Si los mercados caen, algunos partícipes venden.

Si un fondo queda por debajo de su índice durante un periodo prolongado, aparecen preguntas.

Si una posición tarda años en funcionar, hay que explicarla.

El particular puede mirar su cartera y decir:

“Mi horizonte son diez años.”

Y cerrar la aplicación.

La ventaja brutal del particular: nadie te obliga a rendir cuentas cada trimestre


Este punto es mucho más importante de lo que parece.

Imagina que compras una empresa porque crees que vale 100.

El mercado dice 50.

Durante los siguientes tres años cae a:


La empresa sigue generando caja.

La deuda sigue controlada.

El negocio continúa creciendo.

Tu tesis no ha cambiado.

Pero tu cartera está sufriendo.

Un fondo tiene que soportar esa situación mientras responde preguntas.

Tú puedes simplemente decir:

“Si mi tesis sigue intacta, esperaré.”

Eso no significa que tengas razón.

Y aquí hay que ser extremadamente cuidadoso.

Porque “soy paciente” puede ser una frase muy inteligente…

o la excusa perfecta para no reconocer un error.

Pero la posibilidad de esperar sin tener que responder ante nadie es, en sí misma, una libertad enorme.

Y hay otra bomba: puedes concentrarte


Un fondo tiene que pensar en la cartera.

Tú puedes pensar en tus oportunidades.

Si encuentras cinco empresas que conoces profundamente, puedes decidir que cinco empresas son suficientes.

¿Es necesariamente mejor?

No.

¿Es más arriesgado?

Puede serlo.

¿Puedes hacerlo?

Sí.

Y esa diferencia importa.

El particular puede decidir qué porcentaje de su patrimonio quiere poner en cada idea.

Puede tener una cartera de 8 compañías.

Puede tener 20.

Puede tener 50.

Puede diversificar enormemente.

Puede concentrar.

La decisión es suya.

El fondo tiene muchas más restricciones.

Pero espera: aquí está la parte incómoda


Si estás leyendo esto pensando:

“Entonces los fondos están en desventaja y los particulares vamos a ganarles.”

No.

No es eso.

Sería una conclusión absurda.

Porque el particular tiene también desventajas gigantescas.

Un gestor profesional puede tener:

  • décadas de experiencia;
  • equipos de analistas;
  • acceso a información y expertos;
  • mejores herramientas;
  • procesos de inversión estructurados;
  • controles de riesgo;
  • capacidad para analizar cientos de compañías.

El particular puede tener…

un Excel.

Y YouTube.

Y un grupo de WhatsApp.

Por eso esta tesis no significa que el particular sea mejor inversor.

Significa algo mucho más interesante:

El particular juega a un juego diferente.

Tu ventaja no es saber más


Este es probablemente el punto más importante de todo el artículo.

No necesitas saber más que un gestor profesional.

Necesitas explotar las características que tienes y que él no puede replicar fácilmente.

Tu ventaja puede estar en:

1. El tamaño


Puedes invertir en compañías pequeñas.

2. El horizonte


Puedes esperar muchos años.

3. La flexibilidad


Puedes cambiar de posición sin tener que mover miles de millones.

4. La liquidez


Puedes mantener efectivo durante largos periodos.

5. La concentración


Puedes construir una cartera adaptada exclusivamente a tu convicción y tolerancia al riesgo.

6. La ausencia de obligaciones


No tienes que estar permanentemente justificando tu rentabilidad frente a un índice.

7. La posibilidad de hacer cosas aburridas


Y esto quizá sea lo más importante.

Porque el mercado está obsesionado con hacer algo


Noticias.

Resultados.

Tipos de interés.

Inflación.

Elecciones.

Geopolítica.

IA.

Petróleo.

Bitcoin.

Trump.

Europa.

China.

Cada día hay una nueva razón para comprar o vender.

Pero tu mayor ventaja puede consistir precisamente en decir:

“No hago nada.”

Los fondos compiten.

Los analistas publican informes.

Los medios necesitan titulares.

Los inversores comparan rentabilidades.

Tú no.

Puedes esperar a que aparezca una oportunidad extraordinaria.

El pequeño inversor no necesita ganar todas las batallas


Esta es otra diferencia fundamental.

Si tienes una cartera de 10 empresas y encuentras una que multiplica por 5, esa inversión puede tener un impacto enorme en tu patrimonio.

Un fondo gigantesco necesita encontrar oportunidades capaces de mover miles de millones.

Tú no.

Tu problema es mucho más pequeño.

Y eso puede ser una ventaja.

El pequeño inversor no necesita encontrar 100 ideas.

Puede necesitar encontrar unas pocas buenas oportunidades durante décadas.

Y evitar cometer errores catastróficos.

Entonces, ¿cuál es realmente nuestra ventaja?


No son los datos.

No es la velocidad.

No es la inteligencia artificial.

No es tener Bloomberg.

No es saber más que los profesionales.

Es algo mucho más sencillo:

somos pequeños.

Y ser pequeño significa que podemos ir donde otros no pueden.

Podemos esperar cuando otros tienen que actuar.

Podemos ignorar el ruido.

Podemos mantener liquidez.

Podemos concentrarnos si entendemos lo que estamos haciendo.

Podemos comprar empresas demasiado pequeñas para los grandes fondos.

Y podemos construir una estrategia alrededor de nuestra vida, en lugar de construir nuestra vida alrededor de una estrategia de inversión.

La pregunta que deberías hacerte hoy


La próxima vez que escuches a alguien decir:

“¿Cómo puedo invertir como un fondo?”

quizá deberías hacerte otra pregunta.

¿Por qué quiero invertir como un fondo?

Ellos tienen ventajas que tú no tienes.

Pero tú tienes ventajas que ellos tampoco tienen.

Y quizá el mayor error del inversor particular sea intentar competir con los profesionales en el terreno donde ellos son más fuertes.

¿Analistas?

Te ganan.

¿Datos?

Te ganan.

¿Información?

Probablemente también.

¿Recursos?

No hay discusión.

Entonces cambia de terreno.

Busca el lugar donde tu tamaño sea una ventaja y no un inconveniente.

Porque quizá la mejor manera de competir contra un gigante…

no sea convertirse en gigante.

Sea aprovechar que eres pequeño.

Y ahora viene la pregunta incómoda


Si mañana te dieran 5 millones de euros para invertir, ¿crees que invertirías mejor…

o empezarías inmediatamente a perder algunas de las ventajas que tienes hoy?

Porque quizá la verdadera ventaja del inversor particular no sea cuánto dinero tiene.

Quizá sea cuánto dinero NO necesita gestionar.

👇

¿Qué opinas?

¿Crees que el pequeño inversor tiene realmente ventajas estructurales frente a los grandes fondos?

¿O pensamos que tenemos una ventaja simplemente porque sobreestimamos nuestras capacidades?

Te leo en los comentarios.

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También habría que tener en cuenta la ventaja fiscal de los fondos, puedes combinar ambos, de hecho yo es lo que hago, utilizo, planes de pensiones value, fondos ( por los traspasos libres) y micro o nanocaps que considero infravaloradas.


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