Acceder

La hipótesis del Portero de Invierno. Un resumen y algunas preguntas

He pasado los últimos meses trabajando en mi libro sobre el clima, que finalmente ha visto la luz el 20 de Septiembre. Junto con Andy May, un escritor norteamericano de libros sobre el clima, hemos escrito una serie de artículos de alto nivel científico publicados en algunos blogs especializados. Éste es el último de ellos, el más accesible para los no expertos en el clima, y en él presento un resumen de mi hipótesis sobre como cambia el clima de forma natural, que he denominado la hipótesis del Portero de Invierno.
   Mi libro está disponible en la barra derecha del blog. Gratuito en pdf para quien quiera verlo, y con enlace a Amazon para quien quiera comprarlo.  El libro también está disponible en otros distribuidores, tanto en tapa dura como en otros formatos digitales para todo tipo de lectores.

Artículo escrito por Javier Vinós y Andy May
 
"Por otra parte, creo que puedo decir con seguridad que nadie entiende el cambio climático". J. Vinós, parafraseando las palabras de Richard Feynman sobre la mecánica cuántica.

7.1 Introducción

Este resumen en lenguaje sencillo se ha escrito a petición de algunos lectores de nuestra serie de artículos sobre la hipótesis del Portero de Invierno (en inglés): 
             (I) La búsqueda de una señal solar 
             (III) Transporte meridional 
             (IV) El cambio climático de 1997 
             (VI) El transporte meridional como principal motor del cambio climático
   El clima es extremadamente complejo y las personas, incluidos los científicos, tienen una tendencia natural a buscar explicaciones sencillas. El principio de la navaja de Occam es una buena primera aproximación, pero el cambio climático no puede tener una respuesta sencilla. A lo largo de los últimos siete años, uno de los autores de esta serie (JV) ha leído laboriosamente muchos miles de artículos científicos y ha analizado cientos de conjuntos de datos sobre el clima para intentar comprender cómo cambia el clima de la Tierra de forma natural. Este es un primer paso para entender el impacto humano en el cambio climático. El resultado de este trabajo es el libro "Clima del pasado, presente y futuro". Se trata de un libro académico a nivel de estudiante universitario de Física del Clima que analiza muchas cuestiones controvertidas sobre el cambio climático natural en los últimos 800.000 años. En este libro se presenta una nueva hipótesis sobre el cambio climático natural. Relaciona los cambios en la intensidad del transporte meridional (hacia los polos) de energía con los cambios climáticos que han tenido lugar, tanto en el pasado como recientemente.
   Dado que el transporte meridional es más variable durante el invierno del hemisferio norte, y está modulado por la actividad solar, denomino a este concepto la hipótesis del Portero de Invierno. El otro autor de la serie (AM) es escritor de varios libros sobre el clima publicados, que son: "¡Catástrofe climática! ¿Ciencia o ciencia ficción? ", "Política y cambio climático: Una historia" y "El gran debate sobre el cambio climático: Karoly contra Happer". Hemos unido fuerzas para explicar esta nueva hipótesis a través de esta serie y de un nuevo libro que estamos co-escribiendo, tanto en inglés como en español, y que estará dirigido a un público más general. Un público interesado en el cambio climático pero no en sus complejos detalles científicos. La hipótesis surgió de una investigación sobre el efecto de la variabilidad solar en el clima. Pero la variabilidad solar resultó ser sólo una parte del cambio climático natural. Como las pruebas científicas de la hipótesis se presentaron en las seis primeras partes de la serie, en este resumen sólo se presentarán las conclusiones, algunas pruebas de apoyo adicionales y se responderá a algunas preguntas y comentarios interesantes de los lectores. 

7.2 Sinopsis de la hipótesis del Portero de Invierno 

Los informes de evaluación del IPCC publicados desde 1990 reflejan un consenso científico según el cual las fuerzas naturales, incluida la actividad solar y las oscilaciones océano-atmosféricas, como las oscilaciones multidécada del Atlántico y del Pacífico, han tenido un efecto neto nulo en los cambios observados de la temperatura media global en superficie desde 1951. El consenso del IPCC no cree que los cambios en el transporte de energía hacia los polos (meridionales) hayan afectado significativamente al cambio de temperatura observado en los últimos 75 años.
   La hipótesis del Portero de Invierno propone que los cambios en el transporte meridional de energía y humedad son la principal forma en que el clima cambia ahora y en el pasado. La variabilidad del transporte meridional tiene muchas causas y fuerzas que actúan simultáneamente y en distintos plazos sobre el sistema climático. Se integran en un sistema de transporte de energía hacia los polos muy complejo. Entre ellas se encuentran las oscilaciones multidécada océano-atmosféricas, la variabilidad solar, el ozono, las erupciones volcánicas tropicales de alcance estratosférico, los cambios orbitales y la cambiante atracción gravitatoria luni-solar. El transporte meridional es, pues, un integrador de señales internas y externas. No es la única forma en que cambia el clima, pero las pruebas sugieren que es la principal.
   La hipótesis del Portero de Invierno no refuta el cambio climático inducido por el efecto de los gases de efecto invernadero -de origen humano o no-; de hecho, actúa a través de él. Pero no requiere cambios en el contenido atmosférico de los gases de efecto invernadero que no condensan para causar un cambio climático significativo. Por lo tanto, sí refuta la hipótesis de que el CO2 es el principal agente del cambio climático.
   El transporte meridional desplaza la energía que ya se encuentra en el sistema climático hacia su punto de salida en la parte superior de la atmósfera a una latitud más alta. Lo realiza principalmente la atmósfera, tanto en la estratosfera como en la troposfera, con una importante contribución oceánica. El efecto invernadero no es homogéneo en todo el planeta debido a la distribución desigual del vapor de agua, y es más fuerte en los trópicos húmedos, más débil sobre los desiertos y mucho más débil en los polos en invierno. Cuando el transporte meridional es más fuerte, llega más energía a los polos. Allí puede salir más eficazmente del sistema climático, sobre todo en invierno, cuando no luce el sol. La mayor parte de la humedad que llega a los polos en invierno se congela, emitiendo su calor latente. Las moléculas adicionales de CO2 aumentan la radiación hacia el espacio, ya que están más calientes que la superficie. El resultado neto es que toda la energía importada en las regiones polares en invierno sale del sistema climático por la parte superior de la atmósfera (Peixoto & Oort, 1992, p. 363), y el aumento de la energía transportada allí durante esa estación sólo puede aumentar la pérdida.
   Cuando el transporte meridional es más fuerte, el planeta pierde más energía y se enfría (o se calienta menos) de forma no homogénea, porque el incremento en la pérdida neta de energía es mayor en las regiones polares. Sin embargo, al dirigirse más energía hacia los polos, la región ártica se calienta, aunque el resto del mundo se enfríe o caliente más lentamente. Cuando el transporte meridional es más débil, menos energía llega a los polos y sale del sistema climático. Entonces el planeta pierde menos energía y se calienta, mientras que el Ártico se enfría, porque recibe menos energía de las latitudes inferiores.
   La mayor parte de la energía se transporta a través de la troposfera inferior y la vía oceánica. En consecuencia, los cambios en las oscilaciones oceánicas multidécada producen un mayor efecto en el clima en el marco temporal multidécada que los cambios en la actividad solar. Los cambios solares tienen un mayor efecto sobre el transporte de energía en la estratosfera. Aun así, existe un vínculo no bien definido entre los cambios en la actividad solar y los cambios en las oscilaciones multidécada que dan lugar a importantes giros climáticos cada dos o tres décadas, justo después de algunos mínimos del ciclo solar de 11 años (véase la Parte IV). No obstante, el calentamiento global moderno comenzó hacia 1850, cuando la Oscilación Multidécada del Atlántico aumentó su amplitud y su periodo (Moore et al. 2017). La oscilación multidécada global (también conocida como la onda del estadio) tiene actualmente un periodo de unos 65 años, y el siglo XX incluyó dos fases ascendentes de la oscilación, explicando sus dos fases de calentamiento (1915-1945, y 1976-1997; Fig. 7.1).
   El transporte meridional se redujo aún más durante el siglo XX por la coincidencia del máximo solar moderno (Fig. 7.1): Un largo periodo de actividad solar superior a la media entre 1935 y 2004. Es el período más largo de este tipo en al menos 600 años. La actividad solar actúa principalmente sobre el transporte de energía en la estratosfera, pero como afecta a la estabilidad del vórtice polar y a la frecuencia de El Niño/Oscilación del Sur (véase la Parte II), también influye en el transporte troposférico. 

Fig. 7.1. Los cambios en la Oscilación Multidécada del Atlántico y la actividad solar son coherentes con los cambios de temperatura. Arriba, una actividad solar superior a la media reduce el transporte hacia los polos provocando el calentamiento. Abajo, el semiperiodo ascendente de la Oscilación Multidécada del Atlántico provoca una reducción aún mayor del transporte y tiene un mayor efecto sobre la temperatura. En el centro, la evolución de la temperatura durante los últimos 120 años es coherente con el efecto de estos dos factores sobre el transporte. Los datos de las manchas solares son SILSO (arriba), la temperatura desestacionalizada de HadCRUT4 (centro) y la desestacionalizada de AMO (abajo), han sido suavizados con un filtro gaussiano.
Fig. 7.1. Los cambios en la Oscilación Multidécada del Atlántico y la actividad solar son coherentes con los cambios de temperatura. Arriba, una actividad solar superior a la media reduce el transporte hacia los polos provocando el calentamiento. Abajo, el semiperiodo ascendente de la Oscilación Multidécada del Atlántico provoca una reducción aún mayor del transporte y tiene un mayor efecto sobre la temperatura. En el centro, la evolución de la temperatura durante los últimos 120 años es coherente con el efecto de estos dos factores sobre el transporte. Los datos de las manchas solares son SILSO (arriba), la temperatura desestacionalizada de HadCRUT4 (centro) y la desestacionalizada de AMO (abajo), han sido suavizados con un filtro gaussiano.


   Como puede verse en la Fig. 7.1, la mayor parte del calentamiento durante el siglo XX puede achacarse al efecto combinado de las oscilaciones multidécada del océano y el máximo solar moderno sobre el transporte meridional. Ningún otro factor propuesto puede explicar satisfactoriamente el período de calentamiento de principios del siglo XX, el ligero enfriamiento de mediados del siglo XX y el fuerte período de calentamiento de finales del siglo XX, sin recurrir a explicaciones ad hoc. En un solo siglo coincidieron dos períodos de transporte reducido (calentamiento) debidos al ascenso de la Oscilación Multidécada del Atlántico y el efecto del máximo solar moderno. Esto dio lugar a 80 años de disminución del transporte que contribuyeron al mayor calentamiento de los últimos 600 años, desatando la alarma política y científica. 

7.3 Cambios solares, cambios de transporte y cambios climáticos 

La cantidad de energía transportada hacia los polos varía continuamente, con importantes cambios estacionales. Sin embargo, en ciertas épocas el transporte atmosférico medio anual en las latitudes altas cambia más rápidamente durante un período de unos pocos años y se asienta en una intensidad media diferente. Estos cambios bruscos en el transporte son principalmente un fenómeno invernal y provocan giros climáticos cada 25 años por término medio. Los giros climáticos se identificaron por primera vez en 1991 (Ebbesmeyer et al. 1991), pero en los informes del IPCC no se consideran una causa del cambio climático, a pesar de los numerosos estudios que lo sugieren. Después de cada giro, el clima se asienta en un nuevo régimen.
   Se sabe que uno de estos giros climáticos tuvo lugar en 1976 y que dio lugar a un calentamiento acelerado, y otro en 1997, que dio lugar a un calentamiento desacelerado (véase la Parte IV). Los cuatro giros conocidos que tuvieron lugar en el siglo XX ocurrieron poco después de mínimos en el ciclo solar. Los regímenes climáticos, o fases de transporte meridional, afectan desproporcionadamente al clima del Ártico en sentido contrario al de las latitudes medias del norte. El calentamiento acelerado de 1976-1997 se caracterizó por un clima ártico bastante estable, pero el calentamiento desacelerado desde 1997 ha coincidido con un fuerte calentamiento del Ártico. La figura 7.2 muestra cómo el repentino giro climático del Ártico de 1997 fue causado por un aumento del transporte meridional. La única energía que llega al Ártico en invierno es a través del transporte, y el giro fue acompañado por un aumento brusco de la cantidad de energía irradiada al espacio. 
   Según la teoría del IPCC, sin un cambio en la energía solar y/o un cambio en el albedo (energía solar reflejada por las nubes y el hielo), no podría producirse un cambio en la energía de onda larga saliente, porque la energía saliente debe coincidir con la energía entrante. Es el llamado balance energético. Sin embargo, sin un cambio significativo en la energía solar o en el albedo, se produjo un cambio significativo en la energía de onda larga saliente, como se muestra en la Fig. 7.2. 

Fig. 7.2. El cambio en el transporte meridional en el giro climático de 1997 dio lugar a un aumento brusco de la cantidad de energía irradiada al espacio, especialmente durante el invierno. Este aumento no se vio compensado por una disminución correspondiente en otros lugares.
Fig. 7.2. El cambio en el transporte meridional en el giro climático de 1997 dio lugar a un aumento brusco de la cantidad de energía irradiada al espacio, especialmente durante el invierno. Este aumento no se vio compensado por una disminución correspondiente en otros lugares.


   Los científicos del clima que contribuyen a los informes del IPCC no pueden culpar del giro climático de 1976 a los cambios en los gases atmosféricos de efecto invernadero, por lo que sugieren que fue causado por la coincidencia de una pequeña reducción de los aerosoles de sulfato emitidos por la industria. Fijan el efecto de enfriamiento de dichos aerosoles en un punto que permite que el aumento de los niveles de CO2 supere la tendencia anterior de enfriamiento en 1976. Como el giro climático de 1997 no puede explicarse en términos de factores antrópicos, se ignora cualquier dato que demuestre que el cambio se ha producido, y el foco de atención se desplaza al mayor calentamiento del Ártico.
   Los giros climáticos representan indudablemente cambios en el transporte meridional de energía. Ninguna teoría puede explicar con éxito el cambio climático sin dar cuenta de los cambios bruscos o graduales en el transporte de energía. La hipótesis del Portero de Invierno se ha desarrollado para explicar cómo ha cambiado el clima de forma natural durante los últimos 50 millones de años y cómo está cambiando ahora, integrando en una sola interpretación las causas tectónicas, orbitales, solares, oceánicas y atmosféricas del cambio climático. Tiene un enorme poder explicativo, y a través de ella se pueden relacionar muchos fenómenos aparentemente inconexos. A modo de ejemplo, más abajo se analizan los cambios en la velocidad del viento y la evaporación. Muchos climatólogos podrán reinterpretar sus resultados a la luz de esta nueva visión del cambio climático basada en el transporte de energía.
   Un reto particularmente difícil fue encontrar una explicación para todas las evidencias, hasta entonces inconexas, del fuerte efecto sobre el clima de pequeños cambios en la actividad solar. Este problema, con 220 años de antiguedad, constituyó la génesis de la hipótesis. Las pruebas de que los pequeños cambios en la actividad solar afectan al transporte meridional de energía son muy sólidas. Aquí se mencionan dos de ellas.
   La primera es la observación repetida durante las últimas seis décadas de que los cambios en la actividad solar han afectado a la velocidad de rotación de la Tierra (véase la Parte II). Esto sólo puede lograrse mediante cambios inducidos por el sol en el momento angular atmosférico que afectan a la circulación atmosférica global. No es una hazaña menor para cambios tan pequeños en la energía entrante, y se deriva de los cambios dinámicos causados por la absorción de radiación ultravioleta por el ozono en la estratosfera.
   La segunda prueba es que las temperaturas del Ártico muestran una correlación negativa con la actividad solar. Esto no es un hecho reciente, como se muestra para los últimos 60 años en la Fig. 5.5. Esta correlación negativa ha sido demostrada durante los últimos dos milenios por Kobashi et al. en su artículo de 2015 "Modern solar maximum forced late twentieth century Greenland cooling." Parte de su figura 3 se muestra como Fig. 7.3. 

Fig. 7.3. Anomalía de la temperatura de Groenlandia y actividad solar en los últimos 2100 años. (B) Anomalía de la temperatura de Groenlandia. Temperatura media de cuatro registros del hemisferio norte y temperaturas combinadas de Groenlandia. Los períodos de anomalías cálidas (frías) en Groenlandia están en rojo (azul). (C) Dos reconstrucciones de la irradiación solar total de Steinhilber et al., 2012 y Roth y Joos, 2013 en puntuación z (desviación estándar). Las zonas azules (rojas) son los periodos de mayor (menor) actividad solar correspondientes a (B) con posibles desfases de varias décadas. (E) Descomposición de las temperaturas de Groenlandia en cambios inducidos por el sol (azul) e influencias hemisféricas (naranja) con una constante de regresión (-31,2°C; puntos), restringida por las regresiones lineales múltiples. Los límites de error son los intervalos de confianza del 95%. La zona sombreada en verde es el periodo (finales del siglo XX) en el que el máximo solar moderno tuvo una fuerte influencia negativa (círculo rojo) en la temperatura de Groenlandia. Figura de Kobashi et al. 2015.
Fig. 7.3. Anomalía de la temperatura de Groenlandia y actividad solar en los últimos 2100 años. (B) Anomalía de la temperatura de Groenlandia. Temperatura media de cuatro registros del hemisferio norte y temperaturas combinadas de Groenlandia. Los períodos de anomalías cálidas (frías) en Groenlandia están en rojo (azul). (C) Dos reconstrucciones de la irradiación solar total de Steinhilber et al., 2012 y Roth y Joos, 2013 en puntuación z (desviación estándar). Las zonas azules (rojas) son los periodos de mayor (menor) actividad solar correspondientes a (B) con posibles desfases de varias décadas. (E) Descomposición de las temperaturas de Groenlandia en cambios inducidos por el sol (azul) e influencias hemisféricas (naranja) con una constante de regresión (-31,2°C; puntos), restringida por las regresiones lineales múltiples. Los límites de error son los intervalos de confianza del 95%. La zona sombreada en verde es el periodo (finales del siglo XX) en el que el máximo solar moderno tuvo una fuerte influencia negativa (círculo rojo) en la temperatura de Groenlandia. Figura de Kobashi et al. 2015.


   La explicación más plausible de que la temperatura del Ártico muestre una correlación negativa con la actividad solar es que los cambios en el sol regulan el transporte meridional. Un aumento de la actividad solar reduce el transporte, enfriando el Ártico, y una disminución de la actividad solar aumenta el transporte, calentando el Ártico. El efecto sobre la temperatura en las latitudes medias es el contrario.
   La relación entre la actividad solar y la estabilidad del vórtice polar (véase la Fig. 5.4) aporta más pruebas. Si bien esta relación permite explicar la correlación entre la temperatura ártica y la solar, los datos del vórtice polar no se retrotraen en el tiempo tanto como los datos de la temperatura de Groenlandia. 

7.4 El poder explicativo de la hipótesis del Portero de Invierno 

La investigación sobre el clima ha aumentado enormemente en las últimas décadas, y con frecuencia se descubren cambios en los fenómenos climáticos. Cuando estos cambios no encajan en la hipótesis del CO2 patrocinada por el IPCC, y no son reproducidos adecuadamente por los modelos que utilizan la teoría de los gases de efecto invernadero, se consideran rarezas climáticas y son ignorados por la comunidad científica del clima, que se centra casi exclusivamente en los cambios de origen antrópico. Hay muchos de estos fenómenos. Ya hemos mencionado la expansión de las células de Hadley (véase  la Fig. 4.5f). Mencionamos aquí otro ejemplo.
   A principios de siglo, se observó que la velocidad del viento sobre tierra firme había disminuido durante más de dos décadas. El fenómeno se denominó "aplacamiento terrestre global" (McVicar & Roderick 2010). Era preocupante porque la generación de energía por parte de los aerogeneradores está relacionada con la velocidad del viento elevada al cubo, por lo que la reducción del 15% de la velocidad del viento observada sobre Estados Unidos se tradujo en una reducción de casi el 40% de la energía eólica disponible. El aplacamiento del viento en tierra es desconcertante, ya que los modelos no lo muestran. Además, iba acompañado de un aumento de la velocidad del viento sobre el océano, por lo que la explicación propuesta en su momento fue que la rugosidad de la superficie terrestre aumentaba debido al incremento de la biomasa y a los cambios en el uso del suelo (Vautard et al. 2010), en otro ejemplo de explicación ad hoc.
   Luego, inesperadamente, la tendencia a la calma del viento comenzó a invertirse entre 1997 y 2010, y desde 2010 todas las regiones terrestres del hemisferio norte están experimentando un aumento de la velocidad del viento (Zeng et al. 2019). La explicación se ha dirigido a las oscilaciones océano-atmosféricas multidécada, que parecen estar correlacionadas.
   Muchos no lo saben, pero la evaporación sobre los océanos depende mucho más de la velocidad del viento que de la temperatura de la superficie del mar. Se ha demostrado que la evaporación global de la superficie del mar ha seguido de cerca los cambios en la velocidad del viento (Yu 2007; Fig. 7.4). 

Fig. 7.4. Cambios en la velocidad del viento y la evaporación durante los regímenes climáticos. En el periodo 1976-97 de bajo transporte/alto calentamiento, la velocidad global del viento oceánico (negro continuo) aumentó en paralelo a la evaporación oceánica (azul discontinuo), mientras que el viento terrestre (rojo punteado) entró en un periodo de aquietamiento. Con el giro climático de 1997 las tendencias cambiaron. Datos de Yu 2007 y Zeng et al. 2019. Se ha elegido Europa porque recibe el viento de la principal ruta de transporte hacia el Ártico en el Atlántico Norte y responde antes a sus cambios. Desde 2010 la tendencia es compartida por el viento en todas las regiones terrestres del hemisferio norte.
Fig. 7.4. Cambios en la velocidad del viento y la evaporación durante los regímenes climáticos. En el periodo 1976-97 de bajo transporte/alto calentamiento, la velocidad global del viento oceánico (negro continuo) aumentó en paralelo a la evaporación oceánica (azul discontinuo), mientras que el viento terrestre (rojo punteado) entró en un periodo de aquietamiento. Con el giro climático de 1997 las tendencias cambiaron. Datos de Yu 2007 y Zeng et al. 2019. Se ha elegido Europa porque recibe el viento de la principal ruta de transporte hacia el Ártico en el Atlántico Norte y responde antes a sus cambios. Desde 2010 la tendencia es compartida por el viento en todas las regiones terrestres del hemisferio norte.


   Lisan Yu muestra que entre los años 70 y 90, "el aumento de la Evp [evaporación] se produjo principalmente en el invierno hemisférico", mientras que "los vientos del oeste asociados a los sistemas de bajas presiones [de las Aleutianas y de Islandia] se fortalecieron y se expandieron hacia el sur" (Yu 2007). 
   La hipótesis del Portero de Invierno puede explicar esta evidencia, que, a su vez, apoya la hipótesis. El cambio de 1976 redujo el transporte meridional debido a que la circulación atmosférica se volvió más zonal (eje Oeste-Este), lo que aumentó la velocidad del viento y la evaporación sobre los océanos, mientras que disminuyó la velocidad del viento sobre la tierra, porque la mayor parte del transporte meridional tiene lugar sobre las cuencas oceánicas. Los cambios fueron más intensos durante la estación invernal, cuando más energía debe ser transportada hacia los polos, y dieron lugar a un régimen climático global de bajo transporte y alto calentamiento (Fig. 7.1). En el cambio de 1997, el aumento del transporte meridional se debió a una circulación atmosférica más meridional (eje Sur-Norte), que disminuyó la velocidad del viento y la evaporación sobre los océanos y aumentó la velocidad del viento sobre la tierra. El régimen climático pasó a ser de alto transporte y bajo calentamiento. 
   Es obvio que los cambios en los gases de efecto invernadero y los aerosoles antrópicos no han podido ser la fuerza motriz de estos cambios en el transporte meridional. Esto sugiere que se les ha atribuido demasiada importancia en la teoría y los modelos del cambio climático. Sin embargo, los cambios en el transporte y la circulación atmosférica están claramente asociados a cambios en la evaporación y la humedad del aire que, sin duda, deben afectar a los cambios en la formación y el transporte de nubes, sin olvidar los cambios en la salinidad del agua del mar. Las hipótesis que tratan de explicar el cambio climático reciente en términos de cambios en el vapor de agua y las nubes podrían estar supeditadas a la hipótesis del Portero de Invierno. La integración de los cambios solares, astronómicos y de las oscilaciones atmosférico-oceánicas hace que esta hipótesis sea más amplia. Es más probable que sea correcta que las hipótesis parciales. 

7.5 Algunas preguntas y comentarios sobre la hipótesis 

Dada la complejidad del sistema climático, no tengo respuestas a todas las preguntas, ni es necesario que las tenga para que en lo esencial la hipótesis sea correcta. En las discusiones de los artículos surgieron algunos comentarios interesantes y vale la pena traerlos a colación, para aquellos lectores que se los perdieron. Aquí repasamos algunas de las preguntas y comentarios más interesantes:
   (1) P: ¿Es necesario que haya una tendencia al aumento de la actividad solar desde la Pequeña Edad de Hielo?
   R: Aunque la tendencia al aumento de la actividad solar desde 1700 es defendible, no es necesaria para que la parte solar de la hipótesis sea correcta. Como muestra la Fig. 7.1, basta con que una actividad superior a la media haya reducido el transporte meridional contribuyendo al calentamiento. El máximo solar moderno mostrado tuvo ese efecto. La Fig. 7.3 proporciona un fuerte apoyo a la relación entre el transporte y la actividad solar durante los últimos dos milenios.
   (2) P: ¿Es necesario el efecto invernadero para la hipótesis del Portero de Invierno?
   R: Sí. En un ejercicio mental, se propuso que el lector imaginara que las regiones polares son otro planeta (B) que está conectado a un planeta A formado por los trópicos y las latitudes medias. La conexión permite la transferencia de calor. El efecto invernadero en el planeta B es más débil ya que su atmósfera tiene un bajo contenido de vapor de agua. Durante 6 meses del año el planeta B está en la oscuridad. Si se permite que pase más energía a ese planeta, ésta se irradia con más eficacia al espacio y la temperatura media del sistema binario disminuye, a pesar de que el planeta B se calienta. Lo contrario ocurre si se deja pasar menos energía.
   (3) P: ¿Por qué no hay correlación entre la temperatura de la superficie y la actividad solar si la hipótesis es cierta?
   R: Porque no debería haber dicha correlación. A escala multidécada, el transporte meridional responde principalmente a la oscilación multidécada océano-atmosférica. A escala interanual, la Oscilación Cuasi-Bienal y El Niño/Oscilación del Sur tienen un fuerte efecto. El sol no es dominante en estas escalas de tiempo. El papel del sol aumenta a medida que se alarga la escala temporal debido a sus ciclos seculares de mayor duración y a su efecto acumulativo a largo plazo.
   (4) P: ¿Qué importancia tiene en su hipótesis el papel del transporte oceánico en el cambio climático?
   R: Los océanos almacenan la mayor parte de la energía del sistema climático, y la mayor parte de la energía solar fluye a través del océano antes de llegar a la atmósfera. Por lo tanto, tiene un papel crucial en el clima. Sin embargo, el papel del océano en el transporte meridional es secundario con respecto al papel de la atmósfera y, por tanto, lo es su papel en el cambio climático. En la actualidad se considera que el transporte oceánico está impulsado mecánicamente, y que los vientos y las mareas proporcionan la energía necesaria. La atmósfera transforma el calor en energía mecánica, mientras que el océano no lo hace. Esto no disminuye el efecto del calor que transporta el océano, que es aproximadamente un tercio del calor meridional total transportado. También transporta todo el calor transferido del hemisferio sur al norte. Pero la importancia del transporte oceánico disminuye con el aumento de la latitud, por lo que la hipótesis del Portero de Invierno no puede basarse en el transporte oceánico más que en un papel secundario.
   (5) P: ¿Los cambios en la actividad solar afectan a las corrientes oceánicas?
   R: Los cambios en la actividad solar no deberían afectar directamente a las corrientes oceánicas porque para ello se necesita energía mecánica. Los cambios en la actividad solar deben afectar necesariamente primero a la atmósfera. Esto es importante porque descarta esencialmente las hipótesis solares que proponen un efecto solar inicial sobre el océano.
   (6) P: ¿Excluye su hipótesis el calentamiento provocado por el forzamiento antrópico, como las emisiones de gases de efecto invernadero, los aerosoles industriales y los cambios en el uso del suelo?
   R: No. Simplemente deja mucho menos espacio para ellos. Si la hipótesis es correcta, es poco probable que el efecto antrópico sobre el clima pueda explicar más de la mitad del calentamiento observado, y probablemente mucho menos.
   (7) P: ¿Qué pasa con la hipótesis del efecto de los rayos cósmicos sobre las nubes de Svensmark?
   R: No he encontrado ninguna prueba de dicha hipótesis.
   (8) P: ¿El cambio de irradiación durante el ciclo solar no es demasiado pequeño para afectar al clima?
   R: La variación de la irradiancia con el ciclo solar es sólo del 0,1%, demasiado pequeña para cambiar el presupuesto energético del sistema de forma significativa e impulsar el cambio climático. La parte de la radiación ultravioleta de 200-320 nm del espectro es sólo el 1% de la energía total de la irradiación solar, y varía un 1% con el ciclo solar (10 veces la variación de la energía total). Así pues, la variación de la radiación ultravioleta responsable del efecto del ciclo solar sobre el clima es sólo el 0,01% de la energía total suministrada por el Sol. El otro 0,09% del cambio de energía es irrelevante en términos de cambio climático y no tiene ningún efecto detectable. El efecto solar sobre el clima no se refiere a la cantidad de energía solar ultravioleta, sino a sus efectos dinámicos en la atmósfera terrestre. El 99,99% de la energía responsable del efecto solar ya está en el sistema climático. Un aumento del transporte meridional reduce su tiempo de tránsito por el sistema, mientras que una disminución del transporte aumenta su tiempo de permanencia provocando los cambios de temperatura.
   (9) P: Su hipótesis no puede ser correcta porque la parte superior de la atmósfera debería estar en equilibrio radiativo y devolver la misma cantidad de energía que recibe.
   R: Esta afirmación es incorrecta. El flujo radiativo en la parte superior de la atmósfera nunca está en equilibrio y el planeta se está calentando o enfriando todo el tiempo en cualquier marco temporal considerado. Nadie ha identificado nunca un periodo en el que la cantidad de energía que entra en el sistema climático sea la misma que la que sale de él. La Tierra no tiene forma de devolver la misma cantidad de energía que recibe. Muchos mecanismos de retroalimentación no bien delimitados son los responsables de la homeostasis térmica de la que es capaz el planeta.
   (10) P: La temperatura estratosférica también muestra un cambio en 1997 de una tendencia decreciente a una tendencia plana.
   R: Sí, es una prueba del giro climático de 1997 y de la pausa que se está produciendo a pesar de El Niño de 2016. La tendencia de la temperatura estratosférica tiene el perfil inverso a la tendencia de la temperatura de la superficie. Los modelos creen que esto se debe a los cambios en el CO2 estratosférico y el ozono, pero los modelos y las observaciones discrepan significativamente (Thompson et al. 2012). La tendencia de la temperatura de la estratosfera es coherente con lo que se espera si la hipótesis del Portero de Invierno es correcta.
   (11) P: Los científicos ya saben que los cambios en el transporte meridional son una posible causa del calentamiento. Véase Herweijer et al. 2005.
   R: El IPCC no cree que los cambios en el transporte hayan contribuido significativamente al calentamiento observado desde 1951. Si lo hiciera, se incluirían en la variabilidad natural (interna) a la que han asignado un efecto neto nulo (véase la Fig. 5.1). Los modelos de ordenador no reproducen correctamente el transporte, y Herweijer et al. 2005 es un ejemplo. Los modelos asumen que la suma del transporte oceánico y atmosférico es casi constante. Esto se denomina la hipótesis de compensación de Bjerknes (véase la Parte IV). En su experimento con modelo, aumentan el transporte oceánico en un 50% y observan un calentamiento debido a los cambios en la redistribución del vapor de agua (cambios en el efecto invernadero) y una reducción del albedo de las nubes bajas y del albedo del hielo marino. El problema es que no mencionan que el mecanismo que proponen en su modelo debería funcionar como una retroalimentación negativa al calentamiento. En un planeta que se calienta con amplificación polar y disminución del gradiente de temperatura latitudinal, se debe producir y se observa una reducción del transporte oceánico (lo reconocen, citando a McPhaden & Zhang 2002). Según el experimento de su modelo, esto debería provocar un enfriamiento debido a los cambios en el transporte, y no un calentamiento. El hecho de que no lo mencionen es, como mínimo, engañoso. En un serio desafío a la hipótesis de compensación de Bjerknes basada en modelos, los investigadores han encontrado un fortalecimiento de la corriente del Atlántico Norte desde 1997 (Oziel et al. 2020) simultáneamente con el fortalecimiento del transporte atmosférico mostrado, y referido, en nuestros artículos y de acuerdo con la hipótesis del Portero de Invierno.
   (12) P: ¿No deberían ser las zonas de convección tropicales los principales radiadores del planeta, responsables del enfriamiento? Dirigir el calor fuera de los trópicos húmedos debería calentar el planeta.
   R: Eso es incorrecto. Se pierde más energía en los trópicos que en los polos, pero la pérdida de energía en los trópicos está esencialmente limitada por la convección profunda. Hay un punto en el que la energía descendente adicional no aumenta la temperatura de la superficie porque se utiliza para aumentar la convección. La propuesta de que la convección profunda actúa como un termostato en los trópicos tiene más de 20 años (Sud et al. 1999). La convección profunda transfiere el exceso de energía a la atmósfera pero reduce la radiación de onda larga saliente mediante la formación de nubes. La mayor parte de la energía permanece dentro del sistema climático. La correlación negativa entre la temperatura de la superficie del mar y la radiación de onda larga saliente, una vez que la temperatura supera los 27°C, es una característica bien conocida del clima tropical (Lau et al. 1997). La opinión estándar es que el transporte de más energía hacia los polos calienta el planeta. Mi hipótesis y las pruebas que he presentado apoyan la opinión contraria.
   (13) P: La esencia de la amplificación del Ártico en invierno no es lo que usted dice, sino el impacto del aumento de las temperaturas del mar, la disminución del hielo marino y el aumento de las nubes en invierno, que están cambiando el Ártico a un régimen más cálido.
   R: Esa es la posición de la mayoría de los científicos del clima. Yo no estoy de acuerdo. Ese es el efecto. La causa es un cambio en la cantidad de calor transportado por la atmósfera hacia el Ártico que tuvo lugar de forma bastante brusca en unos pocos años tras el giro climático de 1997, como se muestra en la Fig. 7.2. Este aumento del transporte de calor y humedad produjo la rápida disminución del hielo marino y el aumento de la nubosidad que son características del nuevo régimen ártico. Todas las predicciones de consenso sobre el Ártico fallan porque la situación se estabilizó en el nuevo régimen de transporte en lugar de provocar una retroalimentación positiva, la conclusión lógica si la posición de consenso fuera correcta.
   (14) P: Su visión de El Niño/Oscilación del Sur es incorrecta. La Niña y El Niño son los estados alternativos de un oscilador.
   R: Esa interpretación no se ve apoyada por un análisis de la frecuencia de El Niño/Oscilación del Sur. El Niño y La Niña son desviaciones opuestas del estado neutro. Mi análisis demuestra que la frecuencia de los años de La Niña muestra una fuerte correlación negativa con la frecuencia de los años neutros (véase la Fig. 2.4), no los años de El Niño. Y la frecuencia de los años neutros sigue el ciclo solar. Sólo hay una manera de interpretar esta evidencia. La Niña y el estado neutro son los estados alternativos de un oscilador que responde a la actividad solar. Como las condiciones neutras no son opuestas a las de La Niña, el oscilador tiende a acumular demasiado calor bajo la superficie oceánica. El Niño restablece el equilibrio del oscilador distribuyendo dicho exceso de calor. La frecuencia de El Niño depende de la cantidad de calor extra que acumule el oscilador, lo que, a su vez, depende de si el planeta, en general, se está calentando o enfriando. Este es un punto de vista muy poco ortodoxo, pero está respaldado por la evidencia.
   (15) P: Usted muestra en la Fig. 6.9 que más del 85% del calentamiento de la superficie mostrado en la base de datos de temperatura HadCRUT5 para el periodo 1997-2014 es producto de los cambios realizados en dicha base de datos desde HadCRUT3. ¿Es esto correcto?
   R: Sí. El calentamiento medio anual de la superficie del planeta no sólo es una mala medida del cambio climático, sino que, dado que se calcula como una anomalía con respecto a una media, es también una cifra muy pequeña en relación con la precisión de las mediciones y con los cambios de temperatura estacionales, mucho mayores, de los que se sustrae. El planeta se está calentando, pero las cifras utilizadas para demostrarlo no son tan significativas como nos hacen creer. Una parte importante del calentamiento que se afirma se debe a la forma de calcularlo, como se muestra en la figura.
   (16) P: ¿Cree realmente que usted tiene razón y que el IPCC está equivocado?
   R: Parafraseando a Einstein, si el IPCC está equivocado no es necesario que cien autores lo demuestren. Uno es suficiente.
   (17) P: Según su teoría, ¿qué debemos esperar del cambio climático en los próximos años y el resto del siglo?
   R: La actual actividad solar por debajo de la media y una fase de enfriamiento prevista en la Oscilación Multidécada del Atlántico indican una probable continuación, o incluso acentuación, del reducido ritmo de calentamiento durante el primer tercio del siglo XXI. Es posible que se produzca un modesto enfriamiento durante este periodo. A diferencia del siglo XX, este siglo debería contener dos fases de enfriamiento de la Oscilación Multidécada del Atlántico. Incluso si se produce otro máximo solar prolongado durante la mayor parte del siglo, el siglo XXI debería registrar un calentamiento significativamente menor que el anterior, independientemente de las emisiones de CO2. Según mi interpretación de los ciclos solares, es muy improbable que se produzca un gran mínimo solar, lo cual es un alivio. Según la evidencia del pasado, un gran mínimo solar hace que el planeta entre en una grave tendencia al enfriamiento.
   (18) P: ¿Cuál sería una buena prueba de su hipótesis?
   R: El cambio climático previsto para los próximos 30 años, tal y como se ha descrito, es coherente con varias teorías alternativas a la del IPCC, basadas en el efecto de las oscilaciones multidécada. El Portero de Invierno explica mejor por qué el cambio tuvo lugar en 1997, y predice el próximo cambio para cerca de 2032, es decir, tres ciclos solares. La mejor prueba será cuando se produzca un ciclo solar muy activo, si la amplificación del Ártico se convierte en enfriamiento y el hielo marino del Ártico crece, apoyará mi hipótesis. Si esto sucede, las explicaciones alternativas a mi hipótesis que se propongan serán entretenidas.

Mi hipótesis puede ser cierta o no. Lo que ya sabemos es que la hipótesis del IPCC no lo es, porque no explica bien los cambios climáticos del pasado y presente, y porque sus predicciones no se cumplen.

No somos responsables de la mayor parte del calentamiento que ha tenido lugar desde 1850. Calentamiento que, por otra parte, ha sido beneficioso para la humanidad y los ecosistemas. Sí lo somos de haber destruído por motivos políticos nuestras posibilidades de disfrutar de más energía más asequible, y con ello de dañar gravemente nuestra economía y bienestar.
43
¿Te ha gustado el artículo?

Si quieres saber más y estar al día de mis reflexiones, suscríbete a mi blog y sé el primero en recibir las nuevas publicaciones en tu correo electrónico.

  1. en respuesta a Knownuthing
    -
    #43
    27/04/23 20:09
    Hola de nuevo, he vuelto a retomar el hilo por la anómalas temperaturas que estamos sufriendo en el sur en abril de 2023. En que año crees que se dará el cambio de ciclo y comenzará un enfriamiento?  Cuánto durará está sequía? Un saludo.
  2. #42
    30/03/23 12:22
    Buenas, Know. Por sacarte tema, ¿qué te parece Wegener como paleoclimatólogo? ¿Hizo un buen trabajo, o tuvo algún fallo notable?
  3. en respuesta a Ignatiuso
    -
    Top 100
    #41
    30/12/22 14:57
    Sí, la curva negra es una mezcla de 72 indicadores climáticos por todo el globo, que aunque tiene bastante incertidumbre reproduce bien muchas características climáticas conocidas. La reconstrucción llega hasta 1950, así que le falta algo de enfriamiento hasta 1975 y más calentamiento desde entonces. Los modelos no son capaces de reproducir el clima del pasado, a pesar de lo cual los utilizamos para cambiar las políticas energéticas en base a sus proyecciones futuras.

    La cuestión de si el presente es el periodo más caliente del Holoceno es controvertida y política. El último informe del Panel Intergubernamental del Cambio Climático que se publica este año defiende que el presente es el periodo más caliente en 125.000 años. Yo he escrito un capítulo para un libro a publicar por https://clintel.org en el que defiendo lo que creo es la opinión mayoritaria entre los paleoclimatólogos de que el Óptimo Climático del Holoceno fue significativamente más cálido. Es lo que dicen los glaciares de todo el mundo, y es lo que dice la biología. En prácticamente todo el mundo la línea de árboles en altitud en las montañas está entre 100 y 400 metros más abajo que durante el Óptimo Climático del Holoceno, y ello a pesar de que los niveles de CO2 son ahora casi el doble, lo que hace que los árboles crezcan mejor y más deprisa. Lamentablemente se está reescribiendo la historia climática para que los datos encajen con la hipótesis dominante, lo que es una vergüenza.

    Sobre si estamos ahora a mayor temperatura que durante los óptimos climáticos romano y medieval, no se puede estar seguro. Probablemente hayamos superado el medieval. El romano podría haber sido más cálido, pero es difícil de saber porque fue muy largo, y 500 años a una temperatura inferior podrían tener más efecto que 100 a una temperatura más alta. Está claro que los romanos cultivaban la vid en Gran Bretaña, algo que aún no se puede hacer con las cepas de las que ellos disponían. También la distribución del avellano y de la tortuga de agua dulce europea están mucho más al sur, pero no se puede extrapolar una región a todo el mundo.