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El Nobel que explica por qué lo que esperas del dinero también lo mueve

El contador del surtidor corre y ya calculamos el mes que viene. De eso trata el Nobel de Economía 2026: Woodford, uno de los premiados, explicó por qué lo que esperamos mueve precios y tasas, y cómo un anuncio de la Fed llega hasta nuestra tarjeta. ¿Qué esperas tú de tu dinero?
Hay un instante que este año se repite en las estaciones de servicio de toda la región. El contador del surtidor sigue corriendo y, antes de que se detenga, ya estamos haciendo otra cuenta en la cabeza. No la de hoy, sino la del mes que viene. ¿Y si sigue subiendo?

La pregunta tiene fundamento. Según el informe regional que el Fondo Monetario Internacional publicó este octubre, el petróleo subió alrededor de un 40 % en marzo frente al promedio de enero y febrero, tras el estallido del conflicto en Medio Oriente, y eso interrumpió la bajada de la inflación que la región venía logrando. La mayoría de los gobiernos amortiguó el golpe con subsidios o rebajas de impuestos a los combustibles, así que en el surtidor vimos solo una parte del choque. Pero la cuenta que hacemos mientras corre el contador no depende tanto del precio de hoy, sino de lo que esperamos.

Justamente de eso trata el Nobel de Economía de este año.

Lo que premiaron


El 12 de octubre, la Real Academia Sueca de Ciencias otorgó el premio a Robert Hall y Michael Woodford "por los fundamentos microeconómicos de la estabilización macroeconómica". Detrás de esa frase de manual hay una idea simple: lo que pasa en una economía es el resultado de millones de decisiones de hogares y empresas, y esas decisiones se toman mirando hacia adelante.

Hall mostró que los hogares deciden cuánto gastar según lo que esperan ganar en el futuro, no solo según lo que ganan hoy. Woodford llevó esa intuición al corazón de la política monetaria: las empresas fijan sus precios pensando en dónde creen que estarán las tasas de interés mañana. Un banco central, entonces, no mueve la economía solo con la tasa que decide hoy, sino con lo que consigue que la gente espere.

De ahí nace el forward guidance, la práctica de que el banco central anuncie hacia dónde piensa llevar las tasas. Woodford le dio su fundamento académico y, tras la crisis de 2008, con las tasas cerca de cero, esa palabra pública se volvió una herramienta en sí misma.

En Washington nadie sabe que existe nuestra tarjeta. Aun así, lo que allí se anuncia puede terminar rozando su tasa.

La credibilidad


Una promesa solo funciona si alguien la cree. El informe del FMI trae una buena noticia para nosotros: bancos centrales más independientes y con mejores marcos han anclado con más firmeza las expectativas de inflación en buena parte de la región. Cuando las expectativas están ancladas, un choque como el del petróleo tiene menos probabilidades de volverse inflación persistente. Con el crudo disparado, las expectativas de inflación a dos y tres años se han mantenido estables. Vemos funcionando en nuestras monedas la teoría de Woodford.

Del anuncio a la tarjeta


La misma lógica explica un viaje que casi nunca vemos completo. El FMI señala que la guerra elevó las expectativas de que la Reserva Federal endurecería su política, y que una trayectoria más alta de la tasa estadounidense puede encarecer el endeudamiento y reducir los capitales que llegan a la región. Nuestros bancos centrales lo leen: en la mayoría de los países, los mercados ya revisaron al alza la trayectoria esperada de las tasas locales. Y la tasa del banco central es la referencia desde la que se va moviendo el resto del crédito, incluido el de consumo. Así, una frase pronunciada en Washington termina rozando, con el tiempo y en distinta medida según el país, la tasa de una tarjeta en Bogotá, Lima o Ciudad de México. No hizo falta que cambiara nada hoy, bastó con que cambiara lo que todos esperaban.

En Washington nadie sabe de nuestra tarjeta. Aun así, lo que allí se anuncia puede terminar rozando su tasa.

El giro de este año


En junio, en su primera reunión como presidente de la Fed, Kevin Warsh eliminó el forward guidance del comunicado oficial y no presentó su propia proyección de tasas. La Fed dejó de anunciar hacia dónde cree que irán las tasas justo el año en que el Nobel premia al economista que explicó por qué importa que lo haga.

Los economistas seguirán discutiendo quién tiene razón. A nosotros nos deja una pregunta más cercana: si quien más sabe de tasas decide no orientarnos, ¿de dónde sacamos nuestras propias expectativas?

La escala de una casa


Woodford estudió cómo las expectativas de millones de personas mueven una economía entera. Pero su idea también cabe en una casa particular. Nuestras decisiones de dinero responden a lo que esperamos, y pocas veces nos detenemos a revisar qué es exactamente eso que esperamos, ni de dónde salió.

¿Esperamos que el ingreso de este año se repita el próximo? ¿Que la tasa de la tarjeta baje sola? ¿Que algún día haya tiempo para ordenar todo esto? Cada una de esas expectativas ya está decidiendo por nosotros, aunque nunca la hayamos dicho en voz alta. Y a ningún hogar le llega un comunicado con su propio forward guidance. Si alguien va a anclar nuestras expectativas, tendremos que ser nosotros: con información, con un plan escrito y, cuando haga falta, con alguien cuyo oficio sea justamente ese.

El número que corre en el surtidor es el precio de hoy, y ese no lo controlamos. La cuenta que hacemos mientras corre es la expectativa, y esa sí es nuestra. La próxima vez que llenemos el tanque, quizá valga la pena preguntarse de dónde sale esa cuenta: ¿de un dato, de un plan o de un miedo?

¿Y tú? ¿Qué esperas de tu dinero para el próximo año, y en qué se apoya esa expectativa? Te leo en los comentarios.
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