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No, este artículo no tiene como objeto analizar una de las entregas que forman parte del universo de Star Wars. Servidor, a quien no le duelen prendas en confesar sus extensas limitaciones, admite su incapacidad para visionar una historia, troceada en diferentes películas. Los diversos capítulos, al no guardar un orden cronológico, conforman un conjunto de sinsentidos, idas y venidas, personajes interpuestos, protagonistas rejuvenecidos y universos expandidos, en los que personalmente acabo más perdido que una nave Klingon, comandada por Paul Atreides, intentando escapar del Enterprise de Lucke Skywalker ante la atenta mirada de un asombrado General Mark Naid. En esta polémica, son del todo recomendables los episodios que ha dedicado el podcast Todopoderosos(1), factura del brillante Arturo González-Campos, en compañía de los no menos lucidos y lúcidos Rodrigo Cortés, Javier Cansado y Juan Gómez-Jurado. Entre usted y yo le reconozco que, al comprobar la información para redactar este prólogo, he descubierto con estupor que lo que toda la vida fue La Guerra de las Galaxias o, si lo prefieren, Star Wars, en realidad ha resultado llevar por título Star Wars: Episodio IV, Una nueva esperanza.
 
Como buen inversor que intento ser, uno tiene la obligación de otear el horizonte, de vez en cuando, aunque solo sea para ver si aparecen nubes en la lontananza. La experiencia enseña a no precipitarse en ninguna decisión, pero sí a ser consciente de lo que puede venir y, en consecuencia, trazar algún plan por si aquello que consideramos pudiera ser relevante para nuestras carteras. Doble contra sencillo a que usted toma mejores determinaciones tras una calmada reflexión que no desde una posición de estrés y precipitación. Y resulta que el próximo 5 de noviembre, se celebrarán las sexagésimas elecciones presidenciales en Estados Unidos. Siendo tal evento un factor que, por sí mismo, suele añadir volatilidad a los mercados, la más que probable candidatura del expresidente Trump en representación del partido republicano, amenaza con incrementar entre nosotros, los inversores, el consumo de analgésicos en cantidades industriales. A punto de entrar en Cuaresma, ando cavilando si es posible que Donald aspire a la presidencia y, cumpliéndose esta predicción, qué repercusión tendría para los mercados, una hipotética reelección -no consecutiva, pero reelección, al fin y al cabo-, del republicano.

Camino a la nominación 
Han bastado unas pocas semanas para que, como fruta madura, fueran cayendo todos los precandidatos rojos a excepción de Nikki Haley, exgobernadora de Carolina del Sur y exembajadora de los Estados Unidos ante Naciones Unidas. Tras pasar por el rodillo de los caucus y primarias de Idaho, New Hampshire, Nevada e Islas Vírgenes, Trump ha conseguido 63 delegados, a los que hay que sumar los 11 que obtuvieron Ron DeSantis y Vivek Ramaswamy y que, tras sus respectivas renuncias, han prometido ceder al expresidente. Estamos aún muy lejos de los 1.215 delegados necesarios para obtener la nominación, pero no es en absoluto descartable que Trump reciba in pectore la representación republicana, antes siquiera de finalizar el proceso.


Más allá del ticket electoral Biden-Harris, por el bando demócrata ha aparecido la figura de Robert F. Kennedy Jr. El conocido por su acrónimo RFK Jr., es hijo del senador Bob Kennedy, asesinado en 1968, a la sazón, hermano de JFK. El tal RFK Jr. abandonó el partido demócrata en octubre del año pasado para presentarse como independiente.  El susodicho rebelde cuenta con el apoyo del Comité de Acción Política American Values 2024(2), con un presupuesto de 17 millones de dólares y esperando recaudar otros 10 millones más. Su visión política intenta recoger el sentimiento de los más disconformes con el sistema bipartidista. Desde que tomó un rol activo, se ha posicionado contra las vacunas, ha exhibido comentarios polémicos sobre la resistencia de algunas razas humanas (¿?) respecto al coronavirus(3) y cuestionado la historia política estadounidense. Teniendo en cuenta que hace más de cien años que ningún candidato no alineado con alguno de los dos partidos mayoritarios logra acceder a la presidencia, su elección es altamente improbable. Así las cosas, todo apunta a una reedición de la confrontación electoral del 2020, cuando compitieron por ocupar la Casa Blanca, Trump por el bando republicano y Biden por el demócrata. Una de las incógnitas a despejar es si la continuidad de RKF Jr. en la carrera electoral acabará erosionando lo suficiente a la candidatura demócrata como para resultar decisiva.


 
Camino a la presidencia
Las incipientes encuestas apenas pueden más que apuntar lo que se presume será un resultado reñido. El muestreo actual no expresa ninguna ventaja significativa de uno sobre el otro. La CNN cita una intención de voto del 49% para el republicano y un 45%. NBC News lleva este equilibrio hasta un 47% a 42% en un enfrentamiento directo entre los dos principales opositores al cargo. La misma fuente segmenta la ventaja de Biden entre los votantes negros, las mujeres y los blancos con título universitario. Por su parte, Trump se impondría entre los blancos sin título universitario, los hombres y los independientes. Ambos estarían empatados en el colectivo latino y los votantes entre 18 y 34 años. 



En cualquier caso, cabe considerar como un riesgo la posibilidad de una victoria de Donald John Trump. Un riesgo que nace, no de ninguna valoración política -que eso lo dejo en manos de su saber y entender-, sino a partir de los antecedentes que conforman las decisiones tomadas por el neoyorkino, en materia económica, durante su mandato y las propuestas que presenta para los próximos cuatro años. El mensaje sintonizará con el descontento de una parte de los norteamericanos quienes, a pesar de que la economía no ha dejado de crecer durante la última década y media, ven cómo su capacidad adquisitiva -y, por tanto, su nivel de vida-, está en franca regresión. Son los mismos ciudadanos que, en mayor o menor medida, tienen serias dificultades incluso para acceder a bienes y servicios básicos, tales como sanidad o educación. Como es lógico, el programa electoral del republicano será continuación de la política que implementó en su día, solo que corregida y aumentada.

Un segundo mandato
De entre las múltiples aristas que podríamos abordar, resulta especialmente llamativa, a la vez que preocupante, su intención de imponer una política comercial que incremente los aranceles a todo bien importado a Estados Unidos. En una entrevista del pasado agosto, Trump le anticipó a Larry Kudlow de Fox Business que “cuando las empresas llegan y venden sus productos en Estados Unidos, deberían pagar automáticamente, digamos, un 10%”. Estas sanciones aumentarían si los socios comerciales manipularan sus monedas o incurrieran en otras prácticas comerciales desleales. En la misma línea, se propone establecer una “Ley Trump de Comercio Recíproco” por la que le será otorgada la autoridad para fijar un arancel recíproco a cualquier país que imponga uno a Estados Unidos. 
 
A este respecto, Michael Every -estratega global de Rabobank-, cree que tal medida “sacudiría todas las clases de activos (acciones, divisas, bonos, lo que sea); todo se pone en una caja y se sacude, así que eso es en lo que los mercados deberían empezar a pensar”. El informe de noviembre del American Action Forum concluía que tal medida provocaría simplemente lo que ya presenciamos en el anterior mandato, es decir, una respuesta de igual medida en todos aquellos países afectados. El problema es que no vivimos en el mundo del 2018, sino en el 2024. Allí donde la única preocupación residía en el proceso de normalización de tipos de interés que inició Jerome Powell y que se vio obligado a revertir tras alcanzar el 2,25%, hoy nos encontramos luchando contra una elevada inflación, con el precio del dinero en el 5,25%, un riesgo sistémico en la banca regional y bajo el redoble de unos tambores que anuncian recesión.  
 
La FED considera que, a finales del presente año, la inflación se situará entre el 2,7 a 2,5%. Sin embargo, Bank of America señala al 3,7%, Goldman Sachs apunta al 4,1% y la Oficina Presupuestaria del Congreso (CBO) estima que no bajará del 3,3%. En cualquier caso, si se lleva a término la imposición de estas tasas, es obvio que se encarecerán los costes para un sinfín de empresas. Ello conllevará que los ciudadanos deberán de pagar más, lo que reducirá el consumo y, en consecuencia, los beneficios y la competitividad de las empresas. En esa situación y con la estabilidad económica colgando de alfileres, el riesgo no será ya la evolución de los mercados financieros, que sin duda sufrirán un duro castigo, sino el incremento de las posibilidades de crisis económica. 
 
Ni que decir tiene que ello supondrá una nueva guerra comercial con China, país al que Trump acostumbra a dedicar especial atención. Tanto es así que, por si no fuera poco lo descrito, el candidato republicano plantea, en un periodo máximo de cuatro años, la eliminación gradual de las importaciones chinas de bienes esenciales (productos electrónicos, acero y productos farmacéuticos). De igual forma, se impediría que empresas chinas sean propietarias de infraestructuras estadounidenses vitales en sectores como el energético, la tecnología y la agricultura. Es extremadamente complicado, aunque sea con una visión de largo plazo -que no es el caso-, minimizar un volumen de importaciones equivalente a los 450 mil millones de dólares que China transfirió a Estados Unidos durante el pasado año; más si se plantea de forma frentista y radical. De cómo dicha guerra afectó negativamente a todo el país, le recomendaría que leyera el informe que a este respecto publicaron Ryan Hass y Abraham Dinamarca en Brookings, aunque solo fuera para descubrir que, a raíz de este enfrentamiento, las pérdidas en el bando norteamericano fueron múltiples y profundas; desde la pérdida de más de 300.000 empleos hasta sus efectos en la evolución del PIB.
 
Es necesario comprender que todo ello, además de encajar con una política aislacionista -si lo prefieren, autárquica-, que supuestamente debe de reindustrializar aquella parte de Estados Unidos que ha visto como, con el pasar de las décadas, cerraban sus fábricas debido a la deslocalización, se integra dentro de la necesidad que tiene Trump de obtener ingresos adicionales con los que equilibrar su presupuesto y, en la medida de lo posible, plantear nuevos recortes impositivos. Unas bajadas de impuestos que, si bien beneficiaron al norteamericano medio, tuvieron una amplia repercusión entre las grandes empresas (del 35 al 21%) ; una curiosa actitud para un líder que se presenta para combatir el poder oculto y corrupto de Wall Street pero, a su vez, revoca algunas de las regulaciones financieras implementadas tras la crisis financiera del 2008. Recordemos que el mandato del expresidente republicano finalizó, en contra de sus previsiones, con un déficit que pasó de los 666.000 mil millones de dólares a los 984.000 mil millones de dólares, lo que supuso un incremento de más del 45%.
 
Expuestos estos motivos solo cabe aguardar los próximos meses con cautela. Esto va a dar muchas vueltas y el clima político va a enrarecerse, embrutecerse, diría yo. Trump no es solo un presidente con un programa electoral, sino alguien que retorna con una voluntad absoluta de tensionar la estabilidad social norteamericana (inmigración, seguridad, medio ambiente, colectivo LGTBI+, racismo, uso de la fuerza, armas, educación, funcionariado). En el plano internacional y teniendo en cuenta que, a menudo, trata con mayor respeto a los enemigos que a sus amigos y aliados, la aplicación efectiva de sus promesas puede implicar el debilitamiento de la OTAN y el agravamiento de otros focos de tensión global. Un segundo mandato de Donald, elevará los riesgos de inversión, más de lo que ya soportamos, convirtiéndose en la auténtica amenaza fantasma de nuestros tiempos.
 
 
 
 
(1)    Todopoderosos. Disponible en Ivoox, Apple Podcast o YouTube https://www.youtube.com/playlist?list=PLgMP8Zkx8Jp8qunLii0voTtD7ZVQ8_ZdJ
(2)    American Values 2024: https://av24.org
 
 
 
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