Desplomes difíciles de justificar.

Desplomes difíciles de justificar.

Sesión extremadamente bajista en las Bolsas europeas, y con implicaciones muy negativas en el corto plazo.

El cierre de los principales índices,  prácticamente en los mínimos de la jornada, y por debajo del cierre del pasado 24 de agosto (el mínimo relativo con más valor), supone dar por concluido el intento de rebote abierto desde finales de agosto hasta mediados de septiembre. La consolidación que veníamos viendo en las últimas semanas se ha quebrado por la parte de abajo, aumentando la volatilidad y confirmando la entrada en tendencia bajista a corto plazo, enlazando con la de medio plazo.

No existe una explicación única ni demasiado sencilla. Las cuestiones corporativas han tomado una especial relevancia en dos sectores: el automovilístico, con la crisis generada por VW, y en el de recursos básicos.

Sin embargo, el fortísimo aumento de la volatilidad y del sesgo bajista desde que la FED anunció que dejaba los tipos de interés en el nivel previo sigue siendo algo misterioso.

Desde que se anunció dicha decisión, las Bolsas europeas pierden más de un 6%.

Estas caídas parecen excesivas, y ajenas a otros catalizadores tradicionales, como el comportamiento de los mercados chinos, los datos macroeconómicos, o el movimiento del petróleo o del Dólar.

Parece claro que existen pautas estacionales originadas tras el vencimiento de derivados de la semana pasada que están teniendo mucho que ver con lo que está sucediendo. Estadísticamente, las dos semanas posteriores al vencimiento de derivados del tercer trimestre se encuentran entre las más bajistas del año.

La ruptura técnica de las figuras triangulares que se estaban formando en los principales índices, rompiéndose a la baja la directriz que unía una serie de mínimos crecientes desde el 24 de agosto, ha podido tener también cierta influencia.

En esencia, el hecho de que el mantenimiento de los tipos de interés estuviera descontado, o que haya alertado de los peligros que la economía china y otras emergentes pueden representar para el futuro de la economía americana, junto con las noticias corporativas conocidas en valores concretos, no parecen argumentos que por sí solos puedan provocar desplomes superiores al 6%. La parte racional y explicable de esta nueva tormenta financiera es probablemente inferior a la que no resulta tan plausible, y que responde más a la lógica de las manos fuertes del mercado.

 

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