Empeoramiento conjunto de los mercados de deuda

Empeoramiento conjunto de los mercados de deuda

Durísimas caídas en las bolsas europeas, con el Ibex a la cabeza, en una sesión con cierta dosis de histeria,  más propia de la primavera del 2012.

El tensionamiento de los mercados tiene su origen en un factor único y a la vez múltiple: el empeoramiento de las cotizaciones de toda la deuda global. Resulta infrecuente que suban en paralelo la rentabilidad de la deuda americana, japonesa y europea, y dentro de esta  última, la periférica y la core.

Dentro del movimiento de lateralidad y consolidación que veníamos observando durante las últimas semanas en los índices bursátiles, el mercado de deuda venía creando cierta divergencia por distintos motivos. 

La rentabilidad de los bonos del Tesoro americanos lleva subiendo desde comienzos de mayo, descontando con mucha mayor intensidad que Wall Street la reducción anticipada de las inyecciones monetarias de la FED, que viene dedicando 40.000 millones de dólares mensuales a la compra de títulos de deuda del Tesoro. Los precios de la deuda alemana, muy elásticos al comportamiento de la deuda americana, también se encuentra en tendencia bajista desde hace cinco semanas.

Por su parte, la deuda periférica europea, en lugar de beneficiarse de la tradicional rotación refugio-riesgo, también se encuentra presionada (a comienzos de mayo la rentabilidad del bono español  a 10 años fue incapaz de perforar el nivel del 4%). En los últimos días, este empeoramiento se ha acelerado, fruto de la negativa del BCE a anunciar nuevas medidas el jueves pasado, y del discurso decepcionante de Mario Draghi, que no permitió presuponer el avance inexorable en el debate interno del BCE hacia un sesgo más acomodaticio de su política monetaria. 

Además, la deuda periférica se ha puesto más nerviosa ante la posibilidad de que  el Tribunal Constitucional alemán ponga problemas al programa OMT. Los líderes políticos alemanes, como Merkel o Schäuble, se han apresurado en hacer una defensa implícita del programa, tratando de influir en la decisión de la Corte Suprema. Por otro lado, Mario Draghi ha deslizado la idea de ortodoxia y control férreo en la ejecución del programa, y ha delegado en Asmussen la misión de defenderlo ante la Corte Suprema, frente a los postulados del presidente del Bundesbank, Weidmann, muy contrarios al espíritu del OMT.

La decisión del Tribunal Constitucional alemán probablemente no se conocerá hasta septiembre, y con gran probabilidad será favorable a las posiciones del Gobierno alemán.  Pero con un clima enrarecido, cualquier declaración durante las próximas horas, podría aumentar la tensión.

La deuda japonesa, por su parte, se ha visto castigada por la decisión del Banco de Japón de no anunciar nuevas medidas dentro de su agresivo plan de política monetaria. La volatilidad del mercado nipón, sembrada por una alta velocidad de movimiento de capitales,  con fuertes inversiones y desinversiones diarias, genera una elevada inestabilidad que provoca movimientos de amplio rango en el Yen, el Nikkei y en el mercado de deuda. 

Todas estas cuestiones están fuertemente correlacionadas,  son circunstanciales y fácilmente reversibles. Bastaría con que la FED envíe un claro mensaje en su reunión de la próxima semana sobre el calendario actualizado del QEIII, para que se invirtieran las tendencias actuales. Pero parece que en el seno de la Institución tampoco tienen clara la estrategia de salida, con declaraciones contradictorias y multidireccionales entre sus miembros.

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