En tiempos de crisis inflacionistas, las marcas blancas suelen cobrar protagonismo.
Y eso lo hemos estado viendo desde finales de la pandemia (COVID-19), cuando los precios comenzaron a sufrir fuertes subidas ocasionadas por diversos motivos. Inicialmente, debido al ahorro acumulado durante los meses de confinamiento que, tras el levantamiento de las restricciones domiciliarias, gran parte de ese ahorro volvió a circular en la economía en poco tiempo, ocasionando un incremento de los precios poco habitual. Pero a eso tenemos que sumar el conflicto bélico entre Rusia y Ucrania, que originó un aumento en los precios de la energía. Y cuando parecía que teníamos más o menos controlada la situación, ahora se presenta el conflicto en Oriente Medio, con un enfrentamiento armado que sigue encareciendo los precios de la energía.
Por una u otra razón, el precio de la cesta de la compra no ha parado de subir desde aquel entonces, y preocupa especialmente la subida del precio de los alimentos.
Fuente: INE Frente a esa subida de precios, los consumidores tienen que ajustar el cinturón y buscar alternativas más baratas para seguir alimentándose.
No es coincidencia que las marcas de distribuidor superen ya el 54% del volumen total en el gran consumo, en detrimento de aquellas marcas de productos con mayor calidad nutricional y proteica.
Por lo tanto, la inflación está siendo determinante a la hora de configurar los hábitos de consumo y la calidad nutricional, durante estos últimos años.
Pero… ¿qué entendemos por “calidad”?
Definiendo el término “Calidad”
Según la Real Academia Española, el término calidad refiere a “la propiedad o conjunto de propiedades inherentes a algo, que permiten juzgar su valor”. En otras palabras, la calidad son las características que tiene una cosa y que nos permiten decir si es buena, mala, mejor o peor que otras similares. La calidad es aquello que hace que consideremos que algo vale más, vale menos, funciona mejor o funciona peor que otra cosa parecida.
Por eso cuando alguien dice «este vino es de calidad», en realidad está diciendo que las características de ese vino le hacen parecer mejor que otros vinos similares.
Llevada esta definición al terreno de las inversiones financieras, se podría decir que la calidad en una empresa es el conjunto de características inherentes a su modelo de negocio, gestión y posición competitiva, que permiten juzgar su capacidad de generar valor de forma consistente y sostenible en el tiempo. Por lo tanto, invertir en calidad es identificar aquellas empresas cuyas características estructurales —ventajas competitivas, rentabilidad, crecimiento y solidez financiera— permiten anticipar la creación de valor a largo plazo.
Y al contrario de lo que sucede en otros ámbitos cuando hay crisis de inflación e inestabilidad, donde los consumidores prefieren dejar la calidad a un lado para centrar sus compras en productos económicos aunque eso suponga reducir esa calidad, en el ámbito de las inversiones deberíamos hacer justo lo contrario: incrementar la calidad de nuestra cartera.
Inversiones de calidad
Invertir en calidad implica construir una cartera centrada en compañías que presentan ventajas competitivas sostenibles, alta rentabilidad y gran solidez financiera, con el objetivo de generar valor de forma consistente a largo plazo, independientemente del ciclo económico.
De forma más concreta, este enfoque se basa en buscar empresas que:
Generen retornos elevados sobre el capital (ROIC/ROE), lo que indica que utilizan sus recursos de forma eficiente.
Tengan barreras de entrada claras (marca, tecnología, red de distribución, costes de cambio), que les permitan mantener su posición frente a la competencia.
Presenten balances sólidos, con niveles de endeudamiento controlados y buena capacidad de generación de caja.
Dispongan de ingresos recurrentes y predecibles, lo que aporta estabilidad incluso en entornos adversos.
Sean gestionadas con disciplina y visión de largo plazo, evitando decisiones oportunistas o riesgos excesivos.
Además, invertir en calidad no consiste únicamente en comprar buenas empresas, sino en hacerlo con una mentalidad de largo plazo, evitando la tentación de rotar constantemente la cartera y confiando en la capacidad de esas compañías para capitalizar el crecimiento compuesto a lo largo de los años. En esencia, es una filosofía que prioriza la resiliencia y la consistencia sobre el crecimiento explosivo, buscando negocios que no solo crezcan, sino que lo hagan de forma sostenible y con menor riesgo estructural.
Y dada la actual situación de incertidumbre que vivimos estos días —con un horizonte económico poco claro y muchos frentes abiertos—, me he propuesto encontrar ese fondo de inversión que invierta en empresas de calidad, pensado para quienes desean invertir a largo plazo, y que sepa pasar de puntillas por los entornos más adversos, manteniendo una generación de valor consistente. Y créeme; estoy convencido de haberlo encontrado.
Altex Quality
El fondo de inversión de renta variable global en empresas de gran capitalización Altex Quality, se constituyó en septiembre de 2018 bajo el nombre Sigma Fund Quality Stock, el cual mantuvo hasta diciembre de 2023, año en que cambió su denominación. A día de hoy ostenta cinco estrellas Morningstar.
Según Altex Asset Management, Sociedad gestora del fondo, éste combina dos estrategias de inversión: una selección concentrada de valores de alta calidad, y una estrategia de protección ante caídas de mercado que opera sobre índices. Este fondo pone el foco en compañías de gran tamaño, crecimiento superior a la media en fase madura de expansión y con excepcional robustez financiera.
La selección de acciones se hace siguiendo un criterio «bottom-up» (de abajo hacia arriba): la decisión de incorporar o no un valor a la cartera va precedido de un análisis más general para pasar a una segunda fase de análisis en detalle. Este proceso de selección tiene en cuenta factores como análisis fundamental, estabilidad en los retornos, transparencia, evaluación de riesgos y momentum.
Altex Qualityestá diseñado para capturar los retornos de un crecimiento de negocio sostenido, así como las tendencias alcistas de precio. Las posiciones del fondo permanecerán dentro del mismo, siempre y cuando sus características de crecimiento y calidad se mantengan estables. Junto a este proceso de selección de acciones, trabaja en paralelo un sistema de protección dinámica de beta y divisa que ayuda a controlar las correcciones.
El nivel de riesgo del fondo es de 5 en la escala del 1 al 7.
Este fondo presenta dos clases en euros, las cuales te detallo a continuación:
Como índice de referencia para medir su desempeño, utiliza el MSCI World Eur.
Concretamente, las rentabilidades alcanzadas por el fondo en comparación con las del índice de referencia, son las que se observan en la siguiente tabla:
La cartera concentra entre 40 y 50 acciones de calidad, de los principales líderes mundiales. A continuación, puedes ver las principales posiciones en las que estaba invertida la cartera, al 30 de abril de 2026:
La distribución de la cartera es la que puedes ver en los gráficos:
A pesar de la solvencia de las empresas en las que invierte el fondo, y del buen comportamiento que mantiene en diversos escenarios, mi recomendación antes de que tomes cualquier decisión de inversión, es que consultes con tu asesor financiero de confianza para que juntos puedan valorar la idoneidad de este vehículo de inversión, teniendo en cuenta tu situación.
Y ahora sí, te dejo porque me toca hacer la compra de la semana en el super… ¡Qué responsabilidad la que tengo a mis espaldas! Veré si soy capaz de predicar con el ejemplo… o si acabo invirtiendo en “marca blanca” por pura supervivencia inflacionaria.