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Participaciones del usuario Nibla - Política

Nibla 23/05/25 10:24
Ha respondido al tema Viña Rock, el fondo KKR y el activismo selectivo: ¿boicot con coherencia o gesto sin sustancia?
Interesante reflexión respecto a la polémica suscitada en torno a la compra de Superstruct por parte de KKR. Mi opinión difiere bastante de lo expuesto. En este caso, me centraré también en el festival Sónar, envuelto en la misma polémica. Según su artículo, la orientación de los grupos musicales y del público del Viña Rock es "antifascista y pro-palestina". En el caso de Sónar, se trata de un público multicultural, orientados a los adelantos tecnológicos, LGBTI+ friendly, moderno, etc... Nada que ver con el del Viña Rock. Entonces, ¿cómo se explica que una buena parte del público "Sónar" y artistas que participan en el Sónar también hayan declinado participar en el festival? ¿Qué les une si, a priori, no tienen nada que ver unos con los otros? ¿No será simplemente un gesto humanitario, más que un motivo político?En su artículo hablan de "postureo político" por parte de los que llaman al boycot. Vistos los comunicados de los festivales, que se desvinculan de sus propietarios, me pregunto ¿quien es el que adopta un postureo político? ¿El denunciante o el denunciado? Casi todos los festivales adquiridos por Superstruct (no son pocos), se desmarcan de su nuevo propietario diciendo que mantienen su esencia y se desvinculan de los otros negocios de KKR. ¿No es una postura cínica? Quiero decir... ¿se puede desvincular una supuesta "ética" y a la vez trabajar para engrosar las cuentas de KKR? Aquí el impacto sí es real. La ética será la que sea, pero lo que es el flujo del dinero, no hay duda en que dirección va. Para utilizar también un término en inglés, se llama simplemente follow the money.La existencia de los festivales tiene dos razones de ser - la parte cultural y la económica. Sobre la parte cultural - nada que objetar. Cada festival tiene su propia idiosincracia, buscan su nicho de mercado para satisfacer los intereses/curiosidades de su público. A unos les va el rock, a otros la música clásica, a otros el regeton, a otros la música electrónica, etc etc. Esta vertiente cultural es la razón de ser, el "ethos" (tal como manifiesta Boiler Room) de cada festival. En otra época, algunos festivales surgían de la nada, casi "por amor al arte", como fue el caso de Sónar, cuando unos chavales allá por los años 90 contrataron a unos pocos DJ's (con ayuda de subvenciones del ayuntamiento de Barcelona) y organizaron alguna charla y exposición en torno a la música electrónica. Por poner otro ejemplo, también la primera edición de Monegros no fue más que una fiesta con los clientes habituales de Florida 135 fuera de los recintos de la discoteca.El tema se "complica" cuando pasamos a la parte económica. Mientras la cultura no busca "crecer" per se, la parte económica sí. Y ahí - en mi opinión - es cuando empieza a torcerse todo. Entran intereses de todo tipo - más escenarios, más infraestructura, más comunicación, más patrocinadores, más subvenciones, más merchandising, más ventas, más impacto económico, más puestos de trabajo, más ahorros de costes, más de todo. Con esta excusa de crecer, los festivales se convierten en gigantes financieros que al final, utilizan la cultura como medio para ganar dinero. Lo que al principio era "vocación" (el "ethos"), se convierte en un simple negocio que, como todos los negocios en el mundo, no tiene otro objetivo que ganar dinero. En general eso parece un interés legítimo y "natural", pero recuerdo que hay algún festival (p.ej. el Vida Festival) en el que se decidió dejar de crecer y limitar el aforo a las 10mil personas en cada edición. Pongo este ejemplo más que nada para demostrar que hay viabilidad también sin el tan ansiado "crecimiento". Vuelvo a la tesis del artículo. ¿Y el público? Sin público se acaban los festivales. Hablamos del "público" como un ente independiente, como un "todo", como un elemento más de la cadena de negocio, pero el "público" lo forman personas. Y cada persona que asiste a un festival invierte una parte de su tiempo y de su dinero para asistir. O sea que no subestimaría la importancia de esas personas que se gastan su sueldo en unas entradas y abonos cada vez más caros y en unas cervezas también cada vez más caras y peor servidas. Yo creo que desde el punto de vista del "usuario" del festival, es del todo legítimo preguntarse a donde va a parar el dinero que se está gastando. Porque la música que suena y que tanto te gusta y te hace bailar, puede empezar a chirriar si piensas que de los 100 euros del abono que has pagado, 5 (o los que sean), van a parar a una hoja de Excel de una oficina en Manhattan. Una hoja de Excel, por cierto, con muchas otras pestañas....A eso, más que "activismo simbólico", yo lo llamaría "consumo responsable". Y vuelvo a decir, políticamente, dudo mucho que el público del Viña Rock ("rebelde y reivindicativo"), tenga nada que ver con los que van al Boiler Room o al Sónar. Así que las llamadas al "boycot" no me parece que respondan a razones políticas, sino humanitarias. Sobre la "coherencia", está claro que en un mundo globalizado es difícil (por no decir imposible) ser uno coherente con según que ideas. Pero al menos creo que mejor morir en el intento, ¿no? Está muy bien "denunciar" que el público no es "coherente". Pero...  ¿y a los organizadores de los festivales? Casi todos dicen defender unos valores (el caso de los comunicados de Sónar), y dicen desvincularse de su propietario... pero, ¿que hacen para defender esos valores concretamente, más allá de postearlo en un comunicado de instagram? Y ya que estamos con los organizadores de los festivales... El relato es que un fondo de inversión KKR compró Superstruct. Sin embargo, poco se habla de la parte vendedora. Porque los organizadores - otrora dueños de sus festivales -, no estaban obligados a vender sus participaciones. Si lo hicieron fue por pura codicia. No vendieron sus participaciones por motivos culturales ni políticos. Vendieron para enriquecerse personalmente. Y recalco personalmente, porque normalmente las plantillas de trabajadores que organizan los festivales no se ven correspondidos económicamente en la misma proporción. Es más, a esas plantillas la venta, el cambio de dueño, les ha supuesto un esfuerzo adicional que muchas veces no ha sido remunerado. "Too big too fail". Si hay algo que realmente salva a estos festivales, es su envergadura. El impacto económico, la influencia de los patrocinadores, los puestos de trabajo etc, lleva a que en realidad, a casi nadie le interesa que se cancelen o los suspendan. No querría saber qué reacción tendría el gremio de hoteleros de Barcelona si de repente les cancelan cientos de habitaciones del público que iba a ir a Sónar. Y los medios de comunicación, tampoco hace falta decir de qué lado están. Cada festival tiene sus auditorias y sacan a la luz sus famosos "impactos económicos" para seducir a las administraciones de turno y obtener subvenciones públicas. O sea que ni al tan "progresista" gobierno, ni a ningún alcalde le interesa que los festivales desaparezcan del mapa. Más bien es al revés. ¿Qué alcalde de Barcelona de los últimos 30 años no ha ido al Sónar para hacerse la foto?La última frase de que "el sistema que combatimos no se derrumba con cancelaciones individuales" me parece un tanto desafortunada... ¿Quiere decir que el individuo no es soberano? ¿O que sólo puede actuar de manera colectiva?En fin, hasta aquí, más elementos de reflexión. Parece ser que al final, the show must go on.