Marcos pasó las siguientes semanas en un ciclo de frustración y desesperación. Después de incontables correos, llamadas ignoradas y respuestas evasivas del broker, comprendió que recuperar su dinero sería prácticamente imposible. Cada vez que lograba hablar con alguien, la historia cambiaba: que si su solicitud estaba en revisión, que si había un problema con la documentación, que si debía esperar unos días más. Todo eran excusas.Una tarde, mientras revisaba por enésima vez su cuenta bancaria, recibió una llamada inesperada.—Señor Marcos, le hablamos del despacho legal FinRecov. Nos especializamos en la recuperación de fondos de clientes afectados por brokers fraudulentos. Hemos revisado su caso y creemos que podemos ayudarle a recuperar su inversión.El tono del abogado era seguro, profesional. Explicó que habían tenido éxito en casos similares y que contaban con un equipo especializado en litigios contra brokers deshonestos. Todo sonaba bien, demasiado bien. Marcos, todavía aferrado a la esperanza de recuperar algo de su capital, les pidió más detalles.—Hemos logrado recuperar fondos retenidos en casos como el suyo mediante un procedimiento de mediación con los organismos reguladores. Solo necesitamos que nos abone una pequeña tasa inicial de gestión, que será reembolsada cuando se recupere su dinero.Ahí saltaron las alarmas en la mente de Marcos. Le pedían adelantar dinero para una recuperación que no tenía garantías. Además, había escuchado de otras víctimas que, después de pagar estos supuestos honorarios, los falsos abogados desaparecían.—¿Con quién han trabajado antes? —preguntó con suspicacia.El abogado dudó un instante antes de mencionar nombres de clientes que, al buscar en Internet, no aparecían en ningún sitio. Marcos decidió investigar más. Buscó referencias sobre FinRecov y encontró numerosos reportes de usuarios que habían sido engañados de la misma manera. Eran parte de la misma red de estafadores que operaban bajo distintos nombres.Sintió una oleada de rabia y frustración. No solo le habían robado su dinero, sino que intentaban estafarlo de nuevo cuando estaba en su punto más vulnerable. Con el teléfono aún en la mano, miró su saldo bancario: 37 euros con 16 céntimos. Todo lo que le quedaba después de años de esfuerzo.Por primera vez desde que comenzó esta pesadilla, aceptó la derrota. El dinero se había ido, y nadie se lo devolvería.Respiró hondo y, en lugar de caer en la desesperación, algo cambió en su interior. Ya no estaba dispuesto a ser la presa. No permitiría que esto quedara así.La venganza aún no estaba escrita, pero la idea comenzaba a tomar forma en su mente.Continuará...