Tendencias a las que se enfrentan los inversores

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El Covid-19 está teniendo un importante efecto humano y económico. De hecho, las medidas de confinamiento y el cierre de la actividad económica global ha puesto fin a la más larga expansión económica registrada en los Estados Unidos y ha empujado a la economía mundial a la más profunda caída desde la Gran Depresión de los años 30.

Dudamos que la recuperación sea rápida, lo que tendrá consecuencias para la inversión en el corto y en el largo plazo que analizamos a continuación: 

Consecuencia #1. Los tipos de interés se mantendrán bajos en términos reales durante un período considerable

La combinación de unas tasas de ahorro más elevadas y una menor inversión de capital apuntaría a un crecimiento más lento y a un tipo de interés más bajo. Una inversión más débil también obstaculizará la recuperación de la productividad y favorecerá un crecimiento más lento del PIB. 

La largamente esperada normalización de los tipos de interés, que se logró brevemente en los EE.UU. a finales de 2018, se ha visto retrasada aún más.

Consecuencia #2: El aumento del gasto en salud

Antes de la pandemia ya apuntábamos a un aumento del gasto en salud debido al envejecimiento de la población. Esta temática se ha acentuado a raíz del Covid-19 y formará parte de una tendencia más amplia en la que es probable que los gobiernos desempeñen un papel permanente apoyando la demanda agregada en la economía a través de la política fiscal. Esperamos que el gasto en salud aumente a medida que los gobiernos incrementen la resistencia de sus sistemas de salud. En este sentido, el gasto en salud ya representa casi una quinta parte del gasto público de la OCDE. 

Sin duda, esto supondrá todo un reto, ya que el Fondo Monetario Internacional (FMI) prevé que la deuda pública total aumente hasta el 150% del PIB para el G20 a finales de 2021, en gran parte como resultado de Covid-19. Por tanto, los gobiernos se enfrentarán a la desagradable decisión de aumentar los impuestos o recortar el gasto público para contener los déficits presupuestarios.

En nuestra opinión, es cada vez más probable que los gobiernos recurran a la represión financiera (es decir, a mantener los tipos de interés muy por debajo del crecimiento del PIB nominal) para reducir la proporción de deuda sobre el total de ingresos. Esa política se aplicaría mediante una combinación de compras de bonos del Estado por parte del banco central, el control directo de la curva de rendimiento (como se ha visto en el Japón) y una reglamentación que obligue a los inversores a mantener los bonos del Estado.

Consecuencia #3: El Populismo sigue aumentando

La represión financiera como medio para reducir los ratios de deuda se ha utilizado antes, especialmente después de la Segunda Guerra Mundial y desde la Crisis Financiera Global. Sin embargo, lleva tiempo y puede dar lugar a movimientos populistas. De hecho, el populismo en este contexto se traduciría en una pérdida de la independencia de los banco centrales a favor de los gobiernos, alejándose de los objetivos de inflación fijados y adoptando políticas como la Teoría Monetaria Moderna (MMT) o imprimiendo dinero que se gasta directamente en la economía.

El resultado sería una mayor inflación y posiblemente una hiperinflación si se lleva lo suficientemente lejos. La relación entre deuda y PIB disminuiría, pero esas políticas no hacen que los gobiernos sean populares. 

De hecho, golpearía con más fuerza a una parte clave del electorado al erosionar el valor real de sus ahorros y pensiones. 

Consecuencia #4: Impulso de la transformación tecnológica

Teniendo en cuenta este contexto, es probable que la tecnología se vea impulsada tras la crisis. En primer lugar, está el efecto de la "crisis como madre de la invención", en el que el hecho de verse obligado a permanecer en casa ha beneficiado al e-commerce, a las videoconferencias y al teletrabajo. No es sorprendente que las empresas tecnológicas hayan liderado el repunte de los mercados bursátiles de Estados Unidos.

En segundo lugar, es un efecto a más largo plazo, ya que la experiencia de Covid-19 obliga a las empresas a replantearse sus cadenas de producción y a que aparezca una mayor diversidad de proveedores. En este sentido, es probable que la inteligencia artificial y la robótica sean las ganadoras, acelerando la cuarta revolución industrial.

Asimismo, el aumento de la producción nacional -en lugar de la internacional- es un golpe más a la globalización, que ya se ha visto afectada por las guerras comerciales entre los Estados Unidos y China. A corto plazo, la mayor amenaza es el deterioro de las relaciones entre las dos superpotencias, que actualmente se encuentran inmersas en una tensión por el origen y la propagación del virus. A largo plazo, esta transformación tecnológica probablemente aumentará la productividad, ya que reducirá muchos de los insumos asociados a los negocios, como los gastos de viaje y el mantenimiento del espacio de oficinas. Sin embargo, de manera más inmediata, significa la pérdida de puestos de trabajo en determinados  sectores de la economía como las empresas de viajes, las líneas aéreas y las empresas de gestión de oficinas. Esto sólo aumentará la sensación de insatisfacción y hará que las personas busquen soluciones populistas.

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