'Quiero invertir... y ahora ¿qué?', por Alejandro Varela

 

Las decisiones de inversión se caracterizan porque generan rendimientos recurrentemente o porque tienden a conservar su valor a medio y largo plazo

Por Alejandro Varela Sobreira 



Casi desde que somos unos niños, las personas nos acostumbramos a tomar decisiones constantemente. Muchas de estas decisiones acaban pareciéndonos rutinarias o las tomamos de manera inconsciente, de forma natural, porque entendemos que casi forman parte de la vida misma. Solo por poner algunos ejemplos, elegimos qué estudiar, en qué universidad, dónde pasar las vacaciones, qué coche comprar para conducir, qué casa comprar para vivir, o si aceptamos o no determinada oferta de trabajo, etc.


Prácticamente todas nos afectan financieramente, y bastantes nos asustan. Sin embargo, nos acostumbramos a enfrentarnos a ellas con relativa seguridad, actuando de manera bien informada y serena, buscando asesoramiento o ayuda familiar y finalmente tomándolas con determinación con el fin de obtener resultados con las máximas garantías.

Cuando algo incumbe a nuestras finanzas personales, podríamos dividir nuestras decisiones en dos grandes grupos atendiendo a su finalidad: decisiones de gasto y decisiones de inversión. Ambas categorías son claramente fáciles de discernir porque, a pesar de que las personas no reflexionen sobre ello suficientemente, el resultado económico de dichas decisiones es muy distinto según cada grupo y lo vamos a comprobar inexorablemente con el paso del tiempo.

Las decisiones de gasto se distinguen porque terminan por consumir valor económico a corto medio-plazo. Viene acompañadas de cierta utilidad temporal o valor de uso, pero pasado un tiempo, aunque lo hayamos disfrutado, recuperar el mismo dinero que nos costaron resultará prácticamente imposible.

Las decisiones de inversión, por el contrario, se caracterizan porque generan rendimientos recurrentemente o porque tienden a conservar su valor a medio y largo plazo, y esto es lo que las hace indudablemente atractivas para todo aquel que tenga aprecio por el fruto de su esfuerzo y por su dinero ahorrado.

La situación económica actual propiciada por la crisis sanitaria, donde los bancos centrales han implementado políticas que han desembocado en una represión financiera severa, están poniendo en apuros a los ahorradores tradicionales, muchos de los cuales se enfrentan por primera vez a nuevas decisiones de inversión consideradas de mayor riesgo. Además, afortunadamente, cada vez es mayor el número de personas que muestran cierta inquietud por optimizar su presupuesto doméstico y sacar partido a sus finanzas.

La situación económica actual propiciada por la crisis sanitaria, están poniendo en apuros a los ahorradores tradicionales

Invertir, debería resultarnos una decisión tan natural como elegir unos buenos estudios o decantarnos por una vivienda. Son actuaciones esenciales en nuestra vida y de las que en mayor o menor medida va a depender nuestro bienestar futuro. Por eso, es importante enfrentarse a ellas con cierto conocimiento o en su defecto el asesoramiento posible.

El miedo invertir se supera invirtiendo. Y es importante que aprendamos esto a una edad temprana para aplicar a nuestras finanzas esa forma correcta de pensar que beneficiará la construcción de nuestro patrimonio. Invertir no es difícil, cada vez es más accesible gracias a las nuevas tecnologías, y entramos en una nueva era de la Inteligencia Artificial donde vamos a poder encontrar herramientas muy útiles que nos ayudarán a elegir el producto de inversión que mejor se adapta a nuestras necesidades.

Cuando alguien se acerca a preguntarme “¿en qué invierto? Dime en qué debo invertir” a menudo creo que está esperando el nombre de una acción o de tal o cual producto mágico que proporcione ganancias inmediatas, sin posibilidad de error en un plazo razonable.

Aunque este sea un deseo muy legítimo, el de obtener beneficios inmediatos o el de evitar la posibilidad de equivocarnos con nuestra inversión en el corto plazo, no creo que sea la actitud correcta de enfrentarnos a una decisión que requiere buenas dosis de consistencia y durabilidad.

Como para invertir lo idóneo es hacer un planteamiento serio, global y con vistas a largo plazo, conviene recordar algunas cuestiones muy básicas:

  1. Invertir sólo aquellas cantidades de las que podamos prescindir en un plazo suficientemente razonable de tiempo. Debemos siempre dar prioridad a nuestras necesidades de gasto vitales, como es lógico, aunque podríamos considerar nuestras inversiones como parte de nuestro “fondo para imprevistos” siempre que reúnan los requisitos de liquidez y riesgo adecuados. Si invertimos mezclada renta fija con renta variable y de forma bien diversificada, los riesgos se reducen notablemente. Personalmente, me gusta invertir estrictamente en acciones o fondos de renta variable sólo aquello que estaría dispuesto a perder literalmente por entero, aunque sé que la probabilidad de que esto ocurra en plazos largos haciendo bien las cosas es despreciable. Hacernos las preguntas adecuadas antes de invertir añade una capa de seguridad crítica para evitar disgustos no deseados.
  2. La fiscalidad importa. El resultado de nuestras inversiones no es sólo aquello que recibimos cuando vendemos, sino lo que nos queda después de ajustar cuentas con Hacienda. Por fortuna existen los fondos de inversión, que atesoran no sólo la mejor fiscalidad, sino también gran liquidez y diversificación. Hoy por hoy, son un producto imbatible para un inversor medio en términos de seguridad y rentabilidad.
  3. Asesorarse o informarse es una gran idea. Dedicar algo de tiempo a conocer aquello en lo que invertiremos o buscar una mínima ayuda profesional es un gasto de tiempo que sale a cuenta y que en la actualidad es bastante fácil de conseguir. El conocimiento nos permitirá sentirnos más confiados en nuestra inversión y a adecuar mejor los objetivos de rentabilidad y riesgo que requerimos a nuestra cartera de inversión.
  4. Las inversiones mágicas donde sólo se gana no existen. Pero lo normal es ganar cuando se establece un planteamiento razonado, diversificado y equilibrado, con buenos productos de inversión, y con un horizonte temporal suficientemente amplio. Es bueno tener amplitud de miras, hacernos preguntas sobre qué es lo que más va a crecer en el futuro o comprobar la trayectoria reciente de aquello que vamos a comprar y compararlo con su rendimiento potencial. Comprar barato y vender caro es un objetivo simplista excesivamente, pero tampoco conviene perderlo de vista.
  5. Dejemos trabajar al tiempo. El paso del tiempo es nuestro amigo invisible cuando se trata de invertir. La tecnología ha traído enormes ventajas a la hora de invertir, pero el acceso en tiempo real al valor de nuestra inversión que nos proporciona puede resultar inquietante para los inversores noveles. Desde Renta 4 impulsamos el “slow finance”, una filosofía de inversión que promueve los objetivos a largo plazo y trata de apartarnos de actuaciones especulativas, de los movimientos constantes en nuestra cartera y de comprobar su valor a diario.

Porque las cosas importantes y de valor, como en la vida, se construyen a lo largo del tiempo.


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