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¿Qué es la inflación y cómo te afecta?

Inflación es un término que no suele gustar a la mayoría de las personas, dado que representa la subida de los precios. Sin embargo, ¿por qué existe la inflación? ¿Es verdaderamente mala para la economía?

La inflación está en los últimos tiempos en boca de todos los medios financieros y analistas debido a su repunte (en agosto de 2021, el IPC Armonizado de la eurozona se situó en una tasa interanual del 3%. Mientras que en Estados Unidos alcanzó el 5,3%). Sin embargo, ya en junio de este mismo año, desde Deutsche Bank afirmaban que la inflación podría sufrir repuntes importantes. Incluso puede llegar ser el dato macroeconómico clave en la década que vivimos.

¿Te gustaría descubrir el porqué de su importancia? En este artículo te mostramos todo lo que necesitas saber acerca de la inflación y como afecta a las empresas y particulares.

¿Qué es la inflación?

Entendemos como inflación el aumento sostenido y continuado de los precios durante un período de tiempo (el vocablo hace referencia al verbo “inflar”). Se trata de un concepto económico de gran importancia.

En definitiva, la inflación supone que los precios de los bienes y servicios que necesitamos en nuestro día a día suben, en términos generales (algunos subirán y otros bajarán, pero cuando el aumento es generalizado se dice que existe inflación). Puede traducirse en que el dinero vale menos y se produce una pérdida de poder adquisitivo.

El término contrario, es decir, si los precios bajasen, se denomina “deflación” y, como veremos posteriormente, tiene consecuencias negativas para la economía. Un determinado nivel de inflación, además de ser lo más natural, es saludable para la buena marcha económica.

El peligro surge cuando las subidas de precios se aceleran y se produce un descontrol, entrando en el terreno de la “hiperinflación”. La hiperinflación puede ser tan catastrófica como la deflación.

¿Por qué aumentan los precios de los bienes y servicios?

Existen varias causas que provocan el crecimiento de los precios. En otras palabras, existen varios tipos de inflación. Algunos de los más comunes son los siguientes:

  • Inflación de demanda: también puede llamarse inflación por consumo. Sencillamente, si la demanda crece y supera la capacidad de oferta, los precios tienden a aumentar.
  • Inflación de costes: en este caso, los precios de los bienes y servicios aumentan porque aumentan los costes de producirlos. Suele pasar cuando suben los precios de las materias primas (el precio de la energía es el ejemplo más claro).
  • Inflación de expectativas: las expectativas de que la inflación siga subiendo. Ante la previsión de futuras subidas, los agentes económicos intentan protegerse y generan más inflación. El ejemplo más claro son las subidas salariales que se negocian en épocas de inflación, provocando que las empresas deban subir los precios y crear un mayor nivel de inflación.
  • Inflación monetaria: son los propios bancos centrales los que crean inflación al aumentar la masa monetaria. La economía se inunda de liquidez y permite que se mantenga el consumo. Al tener más dinero, los agentes económicos (familias, empresas, etc.) tienen más capacidad de compra y los precios tienden a aumentar.

¿Y cómo se mide la inflación?

Al igual que cualquier otro dato económico, para medir la inflación se utilizan indicadores, entre ellos, el más común es el Índice de Precios al Consumo (IPC).

Se trata de un agregado de precios. Se agrupan y se ponderan los precios de diferentes bienes o servicios que conforman la llamada “cesta de la compra”.

Se trata de bienes y servicios de consumo. Es decir, lo que una familia suele comprar mensualmente (carburante, textil, calzado, aseo, etc.). Los artículos en los que se gasta más tienen un peso mayor en el cálculo del IPC.

En España, la composición de la cesta de la compra, las ponderaciones que se asignan a cada uno de los productos y el cálculo del IPC los realiza el Instituto Nacional de Estadística (INE).

Así pues, el IPC mide el cambio de los precios en la cesta de la compra durante un determinado tiempo. Se expresa en forma de porcentaje de variación y se publica de forma mensual (antes del dato definitivo sale a la luz el IPC adelantado a modo de estimación cercana).

La cesta de la compra se revisa cada año, no es estática. Lógicamente, los hábitos de compra son susceptibles de cambiar (el IPC debe ser representativo y fiable del coste de la vida).

Por otra parte, para comparar el incremento de los precios entre diferentes países miembros de la UE se utiliza el IPC Armonizado (IPCA). Esto se debe a que cada país configura su propia cesta de la compra en función de los hábitos de consumo de sus ciudadanos. Con motivo de poder realizar comparaciones, el IPCA se calcula de forma homogénea entre todos los países miembros.

Ventajas e inconvenientes de la baja inflación

Como norma general, los consumidores ganan más si la inflación es baja. Si los precios son más bajos, su nivel de vida aumenta al poder comprar más cantidad de bienes y servicios con el mismo dinero. Es más, la inflación en altos niveles tiene capacidad para generar desigualdad social.

De cara a las empresas, una baja inflación promueve el uso de recursos para producir más. Pueden conseguir las materias primas más baratas. Los salarios también tienden a subir conforme sube la inflación, con lo cual, una baja inflación supone una mano de obra más barata y por consiguiente una mayor creación de empleo.

Una baja inflación también tiene otra consecuencia: los intereses también tienden a ser bajos (en breve te explicamos el por qué). De este modo, es más económico comprarse una casa, un coche o cualquier bien duradero que sea susceptible de ser financiado cuando la inflación es baja.

Sin embargo, en la otra cara de la moneda, cuando la inflación se mantiene muy baja, incluso si fuese nula o negativa (deflación), los salarios tampoco subirán. Además, paradójicamente, el consumo puede caer en picado.

Si los consumidores creen que los precios de los bienes y servicios no subirán o, peor aún, tienden a bajar, no consumirán porque esperarán a que estén más económicos. De este modo, las empresas tampoco venderán y el empleo se resentirá.

La inversión también puede verse frenada, puesto que la pérdida de poder adquisitivo que genera la inflación es una de las principales causas para que el dinero no se mantenga inactivo y sea necesario ponerlo a trabajar para que logre generar rendimientos.

Como anteriormente se ha comentado, la inflación es positiva siempre y cuando se sitúe en cotas bajas y se mantenga la estabilidad en los precios. Si no existiese inflación, la economía no tendría ese estímulo que mantiene activos el consumo y la inversión.

¿Qué se considera una tasa de inflación saludable y qué se hace para conseguirla?

En principio, debemos indicar que el objetivo del Banco Central Europeo (BCE) y de la Reserva Federal de Estados Unidos (FeD) es mantener unas cotas inflacionarias anuales cercanas al 2%. Además, mantener la estabilidad de precios es realizar una contribución a que se mantenga el crecimiento económico y la creación de empleo.

Para ello, los bancos centrales tienen en su poder varias herramientas y aplican la llamada “política monetaria”. La política monetaria no es otra cosa que las decisiones que toman los bancos centrales para cumplir con sus objetivos.

El recurso más utilizado en política monetaria es la alteración de los tipos de interés oficiales (lo cual repercute en los tipos de interés que los bancos comerciales aplican a empresas y consumidores). Al subir los tipos de interés, el crédito se reduce y la circulación del dinero no es tan fluida. De esta forma, cuando la economía se calienta en exceso y la inflación sube por encima de las cotas señaladas, los bancos centrales suben los tipos de interés para enfriarla.

Lo contrario sucede si se entra en una fase de recesión económica y se corre el riesgo de entrar en deflación. En este escenario, los bancos centrales suelen bajar los tipos de interés para aumentar el crédito, conseguir que el dinero fluya con mayor facilidad y, de este modo, estimular la economía provocando un aumento de la inflación.

En cualquier caso, como podemos observar, la inflación es el dato por el cual se guían los bancos centrales para aplicar las políticas monetarias. Una inflación saludable, según el Banco Central Europeo, es aquella que se mantienen cerca del 2% en el medio plazo.

¿Qué es la inflación subyacente?

Dentro de los productos y servicios que integran la cesta de la compra se encuentran ciertos artículos que sufren de una gran inestabilidad de precios y pueden alterar los datos de IPC.

Por ejemplo, los cereales y las frutas dependen de las cosechas y, como consecuencia, de las condiciones meteorológicas. De esta forma, una mala cosecha será motivo de una reducción en la oferta y en última instancia puede provocar aumento de precios.

Imaginemos que, por ejemplo, ante una sequía, aumentan los precios de estos productos alimenticios, provocando una distorsión en los datos de IPC. Del mismo modo, los productos energéticos están supeditados a la cotización del petróleo en los mercados financieros. El petróleo crudo suele marcar la tendencia en los precios de la energía.

Así las cosas, podemos ver como los niveles inflacionarios quedan a merced de factores que no pueden controlarse. Además, los bancos centrales pueden tomar decisiones erróneas al tener en consideración el IPC general. Es posible que los datos se encuentren desvirtuados debido a alguno de estos determinantes.

Para solventar esta cuestión, se utiliza la inflación subyacente (IPC subyacente). Únicamente se trata de suprimir en la cesta de la compra a los productos alimenticios no elaborados y energéticos, por su fuerte volatilidad en los precios.

El dato de inflación subyacente es más preciso que aquel de inflación general, normalmente, los analistas comparan este con aquel para determinar si los precios realmente están subiendo o se debe a un factor puntual, pasajero, atípico, etc.

Conclusiones

No obstante, los banqueros centrales (tanto el BCE como la Reserva Federal) no muestran inquietud y afirman que los precios volverán a situarse en cotas cercanas al 2% para el año siguiente.

Esta seguridad de los bancos centrales contrasta con el sentimiento de las instituciones financieras.

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  1. en respuesta a Ladrilloman
    -
    #2
    04/10/21 18:08
    Muy buena aportación. Muchas gracias. 

    Es cierto, la inflación es necesaria para empujar el consumo y la inversión. Unas cotas anuales cercanas al 2% son asumibles: estimulan sin llegar a ser destructivas.

    Sin inflación, la economía no tendría un motor para moverse, puesto que la gente retrasaría su consumo hasta ver precios más bajos (o por lo menos sin pensar que subirán) y algo similar pasaría con el ahorro. De esta forma, el sistema económico se vería estancado. 

    Kostolany lo expresó muy bien cuando dijo que la inflación es como el café. Un poco es estimulante, pero mucho es perjudicial.

    Muchas gracias de nuevo por tu apreciación.
  2. #1
    01/10/21 11:46
    Muy buen artículo, pero añadiría una breve explicación de por qué una inflación de entorno al 2% se considera saludable de cara a las familias, y no solo de cara a las empresas. Muchas veces, algunos amigos me preguntan que por qué diablos es bueno que año tras año, los precios vayan subiendo.

    Estaría bien citar, a su vez, por qué la deflación destruye las economías.

    Bien, una inflación del 2%, moderada, sana, se considera "buena" porque permite ahorrar sin destruir demasiado poder adquisitivo, y a su vez, estimula el consumo y la inversión -y por tanto, el empleo y los sueldos-, ya que es posible obtener más beneficios invirtiendo que dejando el dinero parado; y, por supuesto, es mejor consumir hoy que dejarlo para el año que viene.

    Una inflación disparada, además de impedir el ahorro, impide que las empresas asignen eficientemente los recursos, generando ineficiencias, y en muchas ocasiones pérdidas (aunque teóricamente lo que importa es lo real y no lo nominal, la verdad es que, como su nombre indica, las organizaciones, si no tienen todo organizado -y esto no es posible con precios tan cambiantes-, cosa mala). Basta con mirar a Venezuela para ver su efecto en las familias (por no remontarnos a tiempos de entreguerras).

    La deflación creo que a nadie se le escapa. La gente acapararía capital, no consumiría, porque claro, mañana siempre sería más barato que hoy, y la economía colapsaría.


    Saludos y gracias por el artículo.

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