"Si no puedes con tu enemigo, uneté a él".
Aún así, yo creo, que lo positivo de esa situación que reflejas, es que los bancos están purgando los excesos de los espeCULAdores del ladrillo.
Promotores inmobiliarios se llaman.
Se Ha acabado con casi todos, y a los que quedan con pisos, les hacen la vida imposible, de lo que nos alegramos TODOS.
La bajada del precio de los pisos ha venido del hundimiento del sector de la construcción, que no tiene nada que ver con el financiero, aunque los bancos y algunos se empeñen en unirlos tanto. (los bancos no quieren pisos,no son promotores, quieren dinero, al que se dedican).
Tu comentario no pude venir sino, de alguien que no tiene piso en propiedad y espera comprarselo.Lógico y loable interés de que bajen y en tu derecho estás.
La inmensa mayoría del resto de propietarios, no tenemos el piso para venderlo y espeCULAr, sino para vivir.
Los pocos que se aventuraron a espeCULAr, lo pagan con la competencia tan brutal, pero lo que no me gustaría es que el efecto pobreza de que amorticemos deuda la mayoría (los solventes somos los que AMORTIZAMOS principalmente y no los bancos) se utilice como arma arrojadiza de los que no tienen piso, contra los que lo tienen y contra el que pierde el trabajo por la recesión consiguiente.
No hay ningún interés público en perjudicar a la inmensa mayoría, en beneficio de la pequeña minoría, que pueda comprar, porque necesite vivienda, pudiendo seguir de alquiler.
El artículo es un copia y pega y yo te pongo uno de elaboración propia.
Para salir de la crisis en España, te podrán contar verdaderas y RADICALES reformas, que si hubiera verdadera voluntad política, se llevarían a cabo para ganar TODOS, los que tienen y los que van a comprar, pero prefiero ser realista y ver como el principal partido de la oposición vuelve con la desgravación de vivienda, con lo que no podemos esperar, sino más de lo mismo y sobretodo más reducción de sueldos y salarios.
----------------------------------------------
A los grandes capitales que las promueven no les preocupa que no se
recupere el empleo o que bajen los ingresos de la población porque saben
que cuando esto ocurre es cuando hay menos capacidad de respuesta
social. Buscan lo que han conseguido: que los gobiernos que teóricamente
representan la voluntad popular y los intereses de la ciudadanía se pongan
de rodillas y se dobleguen ante los poderes financieros.
Como ocurrió antes en otros países empobrecidos cuando se fueron
aplicando una tras otra las políticas de ajuste estructural, primero dirán
que es necesario garantizar el pago de la deuda, luego que hay que seguir
reduciendo los derechos laborales para que pueda crearse más empleo,
más tarde que hay que ir privatizando el sistema de pensiones para asegurar
su futuro, luego pondrán en cuestión la actividad de los sindicatos e
incluso finalmente de los partidos porque lo fundamental para ellos no es
que los niveles de deuda bajen (todo lo contrario mientras sean ellos quienes
la financien porque ese es justamente el negocio que los hace obtener
ganancias y poder) sino concentrar en sus manos el máximo poder de
decisión. Dicen que van a sanear la economía pero lo que quieren es sal var a los bancos y a los ricos, es decir, mantener su poder de decisión por
encima de cualquier otro, y para ello no les importa hundirlas una vez
más.
Concretamente, en esta crisis ha ocurrido lo que Martín Serrano (2008)
ha analizado con profundidad en alguno de sus trabajos sobre la mediación
social, que las contradicciones que se manifiestan en un momento
dado (como las que han producido la crisis entre la búsqueda del beneficio
y el riesgo, o entre la concentración del capital y el deterioro de la
demanda efectiva, entre los intereses de la banca y los del capital productivo,
en términos más estructurales, entre el gran capital y el pequeño o
mediano, o entre el capital y el trabajo) tienen la propiedad de reproducir
el orden contradictorio que las provocan. Es decir, que en lugar de hacer
saltar el sistema en el que se producen −como se había deducido desde
interpretaciones bastante simples basadas en la dialéctica más mecanicista−
en el desarrollo de estas contradicciones se FORTALECE el sistema.
La manifestación de contradicciones como estas de la actual crisis en el
terreno económico, por muy evidentes que sean, como las que se dan
entre las prácticas que vienen realizando los bancos internacionales y los
intereses sociales, o las que se sintetizan en el daño producido a las
empresas y a las personas, en los fallos flagrantes de la regulación financiera,
en la apropiación inmoral de los recursos por parte de la banca, etc.
no es suficiente (como hemos podido comprobar de forma fehaciente en
estos dos últimos años de crisis) para que el sistema se debilite a sí mismo
o para que sea puesto en cuestión de forma generalizada y efectiva. Y eso
no tiene que ver con la naturaleza de esos factores económicos, es decir,
con el hecho de que sean más o menos graves o produzcan daños más o
menos generalizados o grandes en el conjunto de la economía. Estas contradicciones
terminan fortaleciendo el sistema, o al menos no debilitándolo,
gracias a la existencia de otros procesos de ajuste social (que forman
el llamado sistema de mediación social al que ya nos referimos anteriormente) que logran que los sujetos sociales, como dice Martín Serrano
(2008:16), "se adapten a vivir en estado de crisis permanente, sin cuestionar
al sistema global". Gracias a ello se consigue que no perciban los
problemas que sufren como asuntos sociales, colectivos, como problemas
de más sujetos con los que, en consecuencia, comparten destino y a los
que tendrían que unirse para resolverlos, sino como asuntos personales y
frente a los cuales, por tanto, no caben otras soluciones que las que pueden
surgir del ámbito individual. Así, los individuos se terminan por
desentender de la sociedad, de su entorno y de las demás personas (convencidos
de que no le hacen falta para dar solución a los problemas que
les afectan), y es imposible, por tanto, que puedan compenetrarse y coaligarse
con los demás para generar las respuestas que en realidad serían
las que podrían ser verdaderamente efectivas para hacer frente a los asuntos
sociales, sencillamente, porque éstos ya no se perciben como tales. O
dicho de otro modo, se consigue de esa forma que no pueda nacer de esos
sujetos poder alguno, es decir, que ya no sean capaces de imponer su
voluntad a los demás (salvo, lógicamente en terrenos interpersonales limitados),
que pierdan su capacidad real de decisión sobre los asuntos generales
porque la capacidad de decisión solo la conciben como una expresión
de la voluntad individual y no como algo que para ser efectivo deba
construirse mancomunadamente con otros sujetos.
Del libro ¿Porqué se ha caído todo y no se ha hundido nada?
Torres Lopez.
Un saludo