Ingeniería y Sociedad
Las personas más valiosas para la sociedad son quienes producen más consumiendo menos, quienes más hacen y menos necesitan.
Consecuentemente, cuando las relaciones laborales remuneran sólo en la medida de la necesidad, es decir en función del costo y no del valor producto, resulta que las personas más valiosas son quienes más aportan a la sociedad.
Dicho en otras palabras, las personas menos valiosas son privilegiadas por la sociedad pues tienen menos responsabilidades.
Ello no sería tan peligroso si la justificación para dicha paradoja no fuera una indefinida y voluntarista alusión a “los derechos del hombre” o a “la solidaridad social”.
No es aconsejable que la injusticia sea un derecho humano.
Así, no debe sorprendernos que la degradación social vaya en aumento, pues hasta los bienintencionados insisten con más “derechos” y más “solidaridad”, profundizando aún más esas equivocadas relaciones laborales.
Ahora bien, ¿cuál es el valor producto de lo que hace un asalariado?
Es sabido que la frontera inferior para la tasación de un bien es su costo de fabricación, pero cuando se ofrece al mercado, la demanda nos hace encontrar el precio real.
Si logramos un método para calcular el precio real del trabajo humano, podría ser usado como herramienta de la doctrina social.
Haciendo un análisis pormenorizado de la doctrina social vigente en la mayoría de los países, si bien tiene aspectos positivos relacionados con la discriminación y las dictaduras, se puede descubrir que esconde 4 aspectos que la transforman en un veneno más que en un remedio. Especialmente en lo que hace a la legislación laboral
1. Exige que previamente a que un sistema económico social funcione, sea imprescindible “mejorar” al ser humano, cosa que inmoviliza profundamente, porque habría que esperar décadas, si es que fuera posible “mejorar” a todos las personas que intervienen en la economía.
2. Mientras tanto, impulsa la “solidaridad obligatoria por ley” Los emprendedores y asalariados más esforzados, son obligados a ser solidarios con los emprendedores y asalariados menos esforzados. Produce abatimiento y haraganería.
3. Además instala la falsa convicción de que la economía suma cero, es decir que lo que se dé a uno, se le debe quitar a otro. No es cierto. La economía es el arte de hacer que todos y cada uno de los integrantes de la sociedad produzca más que lo que consuma.
4. Y especialmente aconseja cubrir “todas” las necesidades de los asalariados. Traducido esto significa que se le pague sólo por lo que necesite y no por lo que haga. Es lo más negativo de la actual doctrina social, dado que en lugar de incentivar, abate.
EL PLUSVALÍMETRO
Hoy es posible conocer exactamente el valor del trabajo de cada uno mediante una especie de plusvalímetro. Y también es posible conocer el valor del “trabajo” del capital.
Podría ser comparable a la brújula para los navegantes medievales.
Para salir de una tormenta, necesitamos un instrumento que nos oriente hacia buen puerto, o navegaremos sin rumbo hasta el fin.
El instrumento se vale de las siguientes premisas para determinar el valor del trabajo de ambos generadores de excedentes:
1- Producción de equilibrio
Un emprendimiento que no logra ganancias pero que tampoco sufre pérdidas, consigue pagar exactamente los costos, que son tres:
* materias primas
* sueldos del personal propio y de terceros, y
*”sueldo” del capital: Interés, amortización mantenimiento, seguros e impuestos inherentes.
2- Producción de excedentes
Pero si el mismo capital y el mismo personal de la empresa lograsen producir por ejemplo, el doble, el emprendedor facturaría el doble, y entonces podría pagar el doble de materias primas (como necesitará) pero con el sobrante podría pagar el doble al personal y al capital.
Estos dos últimos montos excedentes son “la ganancia de la empresa”, no sólo de su dueño. Podríamos decir que son las plusvalías del capital y del personal de la empresa.
Además, si el capital y el personal produjeron el doble, deviene justo que cobren el doble de lo que les costó producir la producción de equilibrio, es decir el doble de sus propios costos.
Cuando la empresa logra ganancias, éstas corresponden a un rendimiento mayor que lo esperado, tanto para el capital, como para el personal.
3- Plusvalías de capital y trabajo
El plus de rendimiento es entonces el mismo para ambos congéneres. Es decir que los beneficios empresarios deben adjudicarse proporcionalmente a la potencialidad de ambos, las cuales, a su vez, están determinadas por sus costos.
Sabiendo que la relación de costos es igual a la relación de potencialidades entre capital y trabajo, podemos relacionar el costo del personal respecto del “sueldo” total de la empresa (personal más capital) y de allí surge una alícuota asimilable a la del Impuesto al Beneficio Empresario, pero interna, distinta, especial para cada empresa y menor que la actual.
Ése es el porcentaje sobre los beneficios empresarios que le corresponde al personal.
Como es imposible que el beneficio empresario pueda ser cargado con dos “participaciones”, encontramos que el impuesto al beneficio empresario termina siendo una confiscación al personal de la empresa y no a su dueño. La participación del Estado en los beneficios de todos los emprendimientos es inconveniente para la economía.
El software que se presenta en este trabajo, el Plusvalímetro, realiza primero la valuación del capital de la empresa, de todos sus bienes de uso, y calcula el costo anual del mismo, como resultado de la suma de amortización, interés, mantenimiento, seguros e impuestos inherentes.
Luego calcula el costo del personal propio y de terceros, el cual comparado con el costo del capital determina las potencialidades relativas del emprendimiento.
Calcula el punto de equilibrio, y determina qué parte del Impuesto al Beneficio Empresario es plusvalía del personal
El Estado podría entonces redireccionar una parte de su “tercio” en los beneficios empresarios hacia el personal propio y de terceros del emprendimiento, para modificar las relaciones laborales sin costo para el emprendedor.
CONFLICTO O ARMONÍA
La economía (y por ende en la sociedad) podría dejar de ser un constante conflicto
Simplemente hay otros que producen algo que uno necesita; quien a su vez produce algo que otros necesitan.
De manera que partiendo del costo, pero en la medida de la necesidad, se puede determinar el precio justo, lo cual podría ser la base de la armonía social.
Cualquier elemento que afecte esa ecuación genera inexorablemente un conflicto que termina en política.
Si no hubiera conflictos, no habría funcionarios redistribuyendo.
Si a los asalariados se les pagara por el valor de lo que producen (cosa que no sucede desde la revolución industrial), la sociedad sería armónica.
Este trabajo permite conocer cuál es el valor de lo que produce un asalariado. Y eso es todo lo que necesita la sociedad para resolver esta crisis terminal.
El proyecto consiste en esencia en que el personal de todos los emprendimientos comience a participar en los beneficios del mismo.
Más precisamente, que la participación que el Estado tiene en los beneficios de todos los emprendimientos (que es la tercera parte de los mismos), sea transferida al personal propio y de terceros de cada emprendimiento, con algunas especificidades.
Aunque a primera vista no lo parece, esa leve modificación de las relaciones laborales acabará con el desempleo, pues con el cambio de actitud de los asalariados, la inversión más rentable serán los emprendimientos con más carga de personal. Y el Estado se ahorrará el asistencialismo, que es mucho mayor que el impuesto a los beneficios empresarios que redireccionará.
Se trata de buscar caminos más naturales.
Si una persona sola en el campo puede generar excedentes como para alimentar a su familia y progresar, cuánto más podrían hacer muchas personas si el sistema respetara esos naturales incentivos a la acción.
Los asalariados no lograron todavía cobrar por lo que hicieron sino sólo por lo que necesitaron para continuar trabajando, y eso ha extirpado su incentivo humano.
Los ha transformado en personas en letargo que ni sospechan que su trabajo sea la columna vertebral de la marcha económica de la sociedad.
Los aumentos salariales por productividad podrían ser pagados por el Estado, con el dinero que tributó cada empresa como impuesto al beneficio empresario.
Será la manera más justa de remunerar al asalariado, y así cada uno podrá administrar los excedentes que genere y se sentirá parte de la sociedad, lo cual lo librará de depresión y adicciones.
El ser humano está preparado para actuar por incentivos.
Tanto Cuestas, Tanto se Espera de Ti
A pesar de que no se advierte aún, la rentabilidad de todos los emprendimientos está disminuyendo peligrosamente si se lo considera a valores constantes. Ello significa que la parálisis se está consolidando cada vez más.
Sabemos que al emprendedor “le corresponden” como mínimo los intereses, amortización, mantenimiento, seguros e impuestos inherentes a su capital inmovilizado, (pues para eso puso el emprendimiento) y sabemos que al asalariado “le corresponden” análogamente su remuneración y accesorios de ley, (pues para eso se levanta a trabajar cotidianamente).
Entonces, si después de haber pagado esos costos, quedan ganancias en el emprendimiento es porque sus participantes hicieron más que lo que se esperaba de ellos. Por ello es que las ganancias deben adjudicarse proporcionalmente a los costos respectivos. Porque son esos costos lo único que puede llevarnos a determinar la potencialidad relativa de ambos: Tanto cuestas, tanto de espera de ti.
La compatibilización de objetivos entre emprendedores y asalariados en una economía libre siempre es preferible a la coerción ejercida por el Estado.
El rol del Estado no es perseguir fines en nombre de la comunidad, tales como distribuir la riqueza, “promover” la cultura, “apoyar” al sector agrícola, o “ayudar” a pequeñas empresas, sino el limitarse a sí mismo a la protección de los derechos individuales y dejar que los ciudadanos persigan sus propios fines de un modo pacífico.
El mejor modo de combatir la pobreza es garantizar un sistema en el que cada uno, inclusive el asalariado, administre los excedentes que genere.
Que a cada uno se le pague al valor de su producto y no sólo al valor de lo que necesite para estar disponible para trabajar al día siguiente.
Que todos puedan experimentar el “siembra, y cosecharás”, desterrando el “Siembra, nosotros cosechamos y cubrimos tus gastos para que mañana puedas seguir sembrando”
ANTECEDENTES
Existen antecedentes del tipo de organización aquí propuesta aunque no alcanzaron a determinar exactamente la forma de distribuir los excedentes entre el capital y el trabajador. Según describe el profesor W. Stanley Jevons de la Universidad de Londres, otro inglés, el matemático Charles Babbage, propuso en el año 1832 que una parte de los salarios del trabajador dependiese de las utilidades del dueño.
Con ese criterio se lograron más adelante hacer arreglos en algunas empresas, según los cuales los capitalistas tomarían primeramente de las utilidades lo bastante a pagar 10 % de interés sobre el capital, además de una suma para contrarrestar la depreciación de la maquinaria. (Véase aquí la semejanza entre el concepto de utilidad distribuible que salva la renta mínima y la descapitalización por el uso del capital con el que en este escrito hemos denominado ‘recursos excedentes’, justamente para diferenciarlo de aquella utilidad que caracteriza la participación en las ganancias de las empresas).
El provecho restante se dividía entonces en dos partes iguales, una para los dueños y la otra para repartirse entre los trabajadores, proporcionalmente a los totales de salarios que durante el año hubiera recibido cada uno. A esta clase de cooperación se le llamó en su momento Sociedad Industrial, y es parecida a la aquí propuesta, salvo en que ahora la distribución de los excedentes se realizaría teniendo en cuenta la justa responsabilidad relativa que en los mismos hayan tenido los trabajadores y el capital. Pudo ser ésa una de las razones por las que como cuenta el profesor Jevons ni los empleadores ni los gremios lo quisieron, aunque reconoció que el sistema estaba de acuerdo con los principios de la economía política y sería probablemente adoptado por alguna futura generación.
Aquí se intenta aprovechar el máximo de la potencialidad de las personas, de las máquinas y de las tierras. Se trata de aprovechar las motivaciones naturales de la sociedad en su conjunto haciendo que los excedentes dejen de ser transferidos injustamente desde zonas productoras a zonas consumidoras.
Tanto la filosofía liberal como la socialista han utilizado esas motivaciones en forma magistral, debido a lo cual han logrado prósperos imperios, pero en su vorágine, subestimaron las motivaciones de sus ocasionales adversarios.
Ello quedó en evidencia cuando comenzaron a generar resentimientos en los demás sectores de la economía.
Esta propuesta considera que cada uno debería administrar el excedente que genera.
IMPACTO
Éste es un proyecto de amplio impacto.
Cuando el Estado logre que las relaciones laborales viabilicen este objetivo trascendente en los asalariados, no sólo que acabará con el desempleo y la consecuente pobreza sino que el progreso de la sociedad en su conjunto, será constantemente creciente.
Cuando el impuesto al beneficio empresario sea redireccionado hacia el personal propio y de terceros de todos los emprendimientos, los asalariados podrán lograr su objetivo (físico, psíquico y espiritual) de producir mucho más que lo que vayan a consumir.
Y los capitales invertidos en producción serán altamente rentables, acabando así con el desempleo y la pobreza.
A las virtudes de estas nuevas relaciones laborales las denominamos “teoría del arrastre” porque el trabajo arrastrará al capital a mayores rentabilidades, en contraposición a la actual “teoría del derrame” que supone ilusoriamente que es el capital que derrama sobre los asalariados.
El impacto principal de este proyecto será entonces, que todos los participantes de la economía producirán en armonía, en sinergia.
El crecimiento del producto bruto será sostenidamente creciente.
Iniciará una fuerte demanda de personal en todos los niveles, a medida que se vayan abriendo nuevos frentes de ataque, es decir a medida que se vayan conquistando mayores áreas para explotar con creciente rentabilidad.
Contratar personal ya no será “un peligro” sino “una bendición”.
Doblegará la parálisis, el miedo y el pesimismo, el cual actualmente nos inmoviliza.
Desterrará esa falacia de achacar los problemas sociales a la falta de educación o al egoísmo o al “imperialismo”.
Se podrá observar casi inmediatamente un resultado notorio y explosivo, recomponiendo nuestra autoestima, principal recurso para el crecimiento.
El único impacto negativo es que habrá que trabajar dur