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Recuperar la confianza

5 respuestas
Recuperar la confianza
Recuperar la confianza
#1

Recuperar la confianza

Todos estamos de acuerdo,la confianza es vital para la recuperación economica.
Copio artículo de Anton Costas,catedratico de la Universidad de Barcelona,reproducido en el diario El país,en el mes de Octubre pasado:

"Recuerdo que hace unos años mi padre, jubilado, me llamó para decirme que el director de su oficina bancaria le aconsejaba que pasara sus ahorros de toda una vida de trabajo de la tradicional cuenta de ahorro, que le daba un interés bajo pero era segura, a un producto financiero que, aunque en teoría tenía más riesgo, en la práctica era "igual de seguro". Era un consejo irresponsable. Por suerte, mi padre no lo siguió. Pero otros sí lo hicieron. ¿Quién es el responsable de haberlo hecho, el banco que aconsejó o el cliente que compró? ¿Qué confianza se les puede pedir a personas que, mal aconsejadas, han metido todos sus ahorros en un "producto muy seguro" que luego resultó insolvente?
Dentro del capitalismo ha crecido un nueva casta de altos directivos y ejecutivos excepcionalmente bien retribuidos que, sin embargo, no se consideran responsables de las consecuencias de sus decisiones. Esa nueva élite anida especialmente en los despachos de los bancos de inversión, en los fondos de alto riesgo, en las agencias de calificación de riesgo, en las grandes consultoras y despachos de abogados. Justifican sus elevadísimas retribuciones por el valor que añaden a los negocios. Pero, en muchos casos, más que añadir valor, actúan como verdaderos depredadores de la riqueza de sus clientes.Esta nueva casta ha desarrollado un nuevo capitalismo cuyo rasgo cultural es la irresponsabilidad. A pesar de sus elevadísimas retribuciones y de haber hecho circular productos fraudulentos, no se sienten responsables, aunque las consecuencias sean devastadoras para las empresas que dirigen o para los clientes a los que asesoran. Posiblemente porque practican la autoexclusión de los ricos y han dejado de sentirse parte de la sociedad en la que viven.
Curiosamente, después de arruinar a los demás, algunos se presentan como víctimas del sistema. Hace unos días participé en una jornada para ex alumnos de una escuela de negocios. Hablé de esa nueva élite. Desde la sala se me objetó que no era adecuado hablar de depredadores, sino de un fallo sistémico. Sin dejar de tener algo de razón, el argumento me recuerda el cinismo de aquel escocés que después de haber asesinado a sus padres pedía al juez ser tratado con benignidad por el hecho de ser huérfano.

Sin embargo, de la misma forma que conviene no confundir la religión con lo que hacen los ministros de la Iglesia, tampoco debemos confundir el capitalismo con esta casta de capitalistas. Por eso hay que "salvar al capitalismo de los capitalistas", como argumentan en un libro reciente dos profesores de la Universidad de Chicago, Luigi Zingales y Raghuram Rajam, defensores a ultranza de la economía de mercado, pero que, a la vez, señalan de forma convincente que el mercado no puede funcionar sin la "mano visible" del Estado.
Eso es lo que ha hecho el primer ministro británico, Gordon Brown, un laborista socialdemócrata a la antigua que no ha dudado en utilizar la mano visible del Estado para suministrar un bien público básico en una economía moderna, la seguridad financiera. Tanto la seguridad de los mercados, mediante la capitalización pública de los bancos privados en situación de riesgo de quiebra, como la seguridad de las personas, mediante la protección de sus ahorros.
La historia financiera nos enseña que el capitalismo es como el colesterol: lo hay del bueno y del malo. El buen capitalismo es como el colesterol bueno, no hace daño; al contrario, fortalece mediante la creación de riqueza. Pero en las últimas décadas el colesterol malo del capitalismo se ha expandido como un virus que ha intoxicado al conjunto de la economía, la depreda y amenaza con destruirla.
Hay que recuperar los valores básicos del capitalismo primitivo, aquellos que le dan legitimidad social. Por una parte, la cultura del esfuerzo y del trabajo responsable y bien hecho, premiado con un salario adecuado y una jubilación digna. Por otra, el principio fundamental de que quien recibe los beneficios también ha de correr con las pérdidas. Para ambas tareas, la mano visible del Estado, la regulación y el control público, es insustituible y urgente."

Antón Costas es catedrático de Política Económica de la UB.

#2

Re: Recuperar la confianza

http://buscon.rae.es/draeI/SrvltConsulta?TIPO_BUS=3&LEMA=confianza

Le faltan unas cuantas acepciones (cuestión de confianza, perder o ganar la confianza, hacerse valedor de la confianza, etc. etc...)
Será acaso que el término ha estado en desuso durante un tiempecito

#3

Re: Recuperar la confianza

Obviamente, para los bancos, me viene a la mente nuestro mayor banco español, la culpa de equivocarse no la tiene el asesor, sino el inversor. Seguro que el 5 de febrero, cuando publique dicho banco sus ganancias de 2008, alguno se acordará del director de su oficina que le aconsejó invertir en cierto fondo americano que era muy seguro y daba muy buen interés, pero que ahora, cuando vas a pedir explicaciones de porqué has perdido tu seguro dinero, ya nunca te atiende. Eso si, el banco ha perdido sólo una ínfima parte del dinero que propició invertir. Por tanto, y a lo que iba el hilo, confianza con las inversiones que propongan los asesores del sistema financiero, de momento, CERO. Y a leer muy bien la letra pequeña. Y si no, a depósitos o a letras del tesoro. No te harás rico, pero tampoco te arruinarás.

Un saludo.

#4

Re: Recuperar la confianza

"¿Quién es el responsable de haberlo hecho, el banco que aconsejó o el cliente que compró?" Interesante reflexión,que hay que tener,muy en cuenta.He leído muchas veces en en este foro,que hay que leer la letra pequeña,saber el producto que se está inviertiendo,no hacer caso del "crecepelos" que te lo quiere endosar,y siempre,todo por escrito,firmado por el banco,por que las palabras,se las lleva el viento. S2

#5

Re: Recuperar la confianza

Hace unas semanas, unos familiares me confiaron para su lectura un contrato de plan de ahorro asegurado, de "los que no tienen riesgo y aseguran un interés". Pues bien, leyendolo detenidamente, en el condicionado, escondido entre múltiples artículos y recovecos, ( que gran escena la de la parte contratante de la primera parte de los hermanos Marx, y que verdad sigue siendo setenta años despues...), indicaba que el plan se invertía en fondos de inversión, de categoría crediticia de "máxima solvencia", pero la entidad gestora no podía garantizar la evolución de los mismos. Es decir, que un plan de ahorro asegurado, si todo va bien, perfecto, pero si uno de los fondos donde está invertido se va a hacer gárgaras, y desaparece el valor liquidativo que corresponde al x% de la inversión realizada, el banco te dirá: "haberte leído el condicionado..."

Al día siguiente, el fondo se rescató y fué íntegro a un depósito remunerado, de los protegidos por el F.G.D.

¡¡TOMA CONFIANZA!! y un saludo.

#6

Re: Recuperar la confianza

Para entender porque pasa eso hay que conocer la forma actual de funcionamiento de las entidades financieras, tanto cajas como bancos.
Los directores de oficina o asesores "especializados" de las grandes oficinas han acabado por ser simples "vendedores", la entidad tiene unos productos, fondos, planes, seguros, y toda la gama, y asigna a cada oficina en función de su cartera de clientes unas cuotas de cada producto.
El resultado es que hay que colocarlo entre los clientes, tanto si es adecuado para ellos como si no, por tanto lo que se busca es dinero para cubrir los lanzamientos y productos de la entidad, no clientes adecuados a cada producto.

Recuerdo perfectamente el "desmadre" que se desató a finales de los 90, hasta los "dependientes de mostrador bancario" se atrevian a recomendar a los clientes la inversión en renta variable, incluso a las abuelitas les decian que debian poner el dinero en fondos de R.V.
Pero, pero, luego pasó lo que pasó y esos mismos tipos tenian que esconderse bajo el mostrador o pedir el traslado de oficina, la de desastres económicos que causaron. (Y que siguen causando, JaJa.)