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Después de la devastación – Por Conrado Flores

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Después de la devastación – Por Conrado Flores
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Después de la devastación – Por Conrado Flores

Después de la devastación – Por Conrado Flores
27 diciembre, 2013 | Archivado en: Opinión
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En mayo de este año ya moribundo un devastador tornado pasó por el estado norteamericano de Oklahoma arrasando todo lo que encontró a su paso. Su trayectoria era predecible y el gobierno se apresuró a advertir a la población del acercamiento del terrible fenómeno. Como cabría esperar, el tornado pasó y después llegó una calma que sonaba a réquiem.

Cuando los habitantes que habían abandonado la ciudad de Moore regresaron a sus casas ya no había casas. Y cuando los que permanecieron escondidos en sus refugios bajo el suelo, escuchando sobre sus cabezas la fuerza de vientos de más de 300 kilómetros por hora, subieron a la primera planta ya no había techo. Para los supervivientes lo peor había pasado.

En 40 minutos, la violencia de la naturaleza se llevó la vida de 23 personas y causó pérdidas multimillonarias. La gente no podía creer que en tan poco tiempo se pudiera perder tanto. ¿Cómo es la vida después de la devastación? Eso me viene a la cabeza cuando oigo a nuestros políticos decir eso de que estamos saliendo de la crisis. Con el nuevo año oirás que los datos macroeconómicos mejoran, que la destrucción de empleo se va desacelerando (como si hubiera margen para que no lo hiciera), que vamos por el buen camino para cumplir con los objetivos de reducción de déficit y que la previsión de deuda pública también ha mejorado un par de ridículas décimas.

Será para entonces cuando podamos salir del refugio y ver si aún tenemos techo sobre nuestras cabezas.

Es probable que cuando el Gobierno nos diga que este tornado se ha acabado, aún no lo habrá hecho para nosotros.

Cuando asomemos la cabeza nos encontraremos -entre otras cosas- con salarios más bajos, con despidos más baratos, con menos hospitales, con menos profesionales sanitarios y más listas de espera, sin ayudas a la dependencia a mayores y personas con discapacidad, con una educación pública en situación ruinosa y con menos ayudas para el estudio, con la ley del aborto más restrictiva de nuestra democracia y con el proyecto de una ley de seguridad ciudadana que atenta contra varios de nuestros derechos básicos.

Nos dirán que lo peor ya ha pasado y que estamos vivos pero la gente no podrá creer que en tan poco tiempo se pudiera perder tanto.

Porque la vida después de la devastación siempre es muy difícil, sobre todo para los de siempre: los más débiles.