Bueno, podrían respetarse los Parlamentos nacionales y otras instituciones comunes (aunque a lo mejor Juan Carlos I tendría que irse... ja, ja); pero a nivel internacional, podríamos compartir las embajadas, el mismo ministro de Exteriores, etc. Estoy seguro que se producirían sinergias positivas para ambos países (ganaríamos presencia en Europa, en Latinoamérica y en África); pero, como dices, antes deberíamos superar la mentalidad de reino de taifas de nuestros políticos, perdidos en la política más localista. No por tener una Unión Ibérica, dejaríamos de ser españoles como temen algunos; eso es una tontería...
Saludos!!