Realmente si tiene otra salida. Dolorosa pero salida al fin y al cabo.
La misma que han tenido que tomar otros muchos cuando su negocio dejó de producir beneficos: reconvertirse en otra cosa que si los produzca o bajar la persiana para siempre.
Añadamos que su producto se ha quedado completamente obsoleto, pues las noticias que se recogen en el quiosco tienen ocho horas de antigüedad, son del día anterior; soporta unos costes de producción, transporte y paga a intermediadios diversos que ya no aportan nada y que son completamente prescindibles.
La clientela se va porque conoce otras fuentes de información que ofrecen lo mismo completamente gratis e incluso mejor y los anunciantes son conscientes de ello y tambien se van buscando otros lugares más productivos en los que promocionarse.
Con todo esto al único lugar el que se puede llegar es la ruina total, salvo que se quiera resucitar a la prensa oficial del movimiento (todavía más), aunque no la lea nadie. Todo sea por reconvertirse en funcionario y quizá entones el Expansión ya no vea con tan malos ojos a esos peculiares personajes que tan dañinos han resultado para la economía española.
En definitiva: los falsos rojos y los liberales de pacotilla se parecen como dos gotas de agua. Quedan los rojos auténticos y los liberales de verdad pero que pocos son.